Los cuatro minutos del partido de Araujo en la final de la Supercopa con los que culmina su recuperación
El central reapareció en el último tramo de la final de la Supercopa de España tras un parón por salud mental, arropado por Flick, sus compañeros y el Barça


En Yeda, Arabia Saudí, todo era emoción y celebración para el Barcelona tras ganar la Supercopa de España ante el Real Madrid. En el centro de ella, un nombre propio, un regreso cargado de simbolismo, y también recompensa: el de Ronald Araujo. El central uruguayo, segundo capitán, tras 47 días sin jugar tras el parón que pidió al Barça para cuidar de su salud mental, volvió a vestirse de corto, volvió a sentirse futbolista. Hansi Flick confió en él para cerrar la final cuando el grupo se quedó con un jugador menos, y el equipo recuperó así a un central. Araujo, por su parte, protagonizó un emotivo y motivador discurso en el vestuario en el que agradeció el apoyo recibido durante su ausencia. Tras la final, sus compañeros le devolvieron ese cariño con un manteo y con un gesto cargado de significado: le brindaron el honor de levantar el trofeo con el brazalete de capitán en el brazo.
“Esos dos apoyos son clave. El entrenador lo recupera emocionalmente y lo pone a jugar en un momento muy complicado. Y los jugadores hicieron que culminase su proceso de sanación yendo a recibir la copa. Es como decirle: ‘ya estás otra vez con nosotros”, explica Xesco Espar, experto en alto rendimiento y exentrenador del Barça de balonmano. En la misma línea se expresa María Cabrera, psicóloga deportiva: “Momentos como levantar la Supercopa tras una experiencia difícil tienen un impacto emocional enorme: le devuelve al jugador la sensación de competencia y pertenencia”. Álvaro González, psicólogo clínico y deportivo que también ha trabajado con jugadores y jugadoras de Primera División, opina igual, y destaca el parón de Araujo: “Es muy fácil acogerse a una baja cuando tienes una pierna rota, es algo que se ve. Pero una baja por ansiedad, depresión o salud mental es muy difícil”. Los tres especialistas coinciden con EL PAÍS en una idea central: lo mental y lo físico van de la mano.
Araujo entró en el minuto 93 tras la expulsión de Frenkie de Jong, cuando el Barcelona se quedó con 10 y luchaba por quedarse con el trofeo con el 3-2 en el marcador. Flick le dio la confianza, jugó cuatro minutos y el resultado no se movió. Tras el pitido final, Araujo charló con Vinicius y Carvajal, y se fundió en un abrazo con Joan Laporta durante la entrega de medallas. Pero no fue el único momento en el que recibió el respaldo del club y de sus compañeros.
El uruguayo había pedido tiempo al Barcelona para recuperarse anímicamente. Fue tras su expulsión en Stamford Bridge, en la derrota ante el Chelsea, cuando recibió una segunda amarilla tras una falta sobre Cucurella en el tramo final de la primera parte, con el marcador ya en contra. “El deportista convive con el error. Pero hay momento en los que siente que tiene más repercusión. Y ahí es muy importante el entorno”, explica Espar. El Barcelona terminó perdiendo aquel encuentro de Champions, y Araujo, que salió señalado, no volvió a entrenar.
“La crítica externa tiene el problema de que le da la sensación al jugador de que amplifica el error a la vista de todo el mundo si no se sabe bloquear. Y sobre todo cuando la externa se convierte en interna. Esta está todo el día con el jugador, y si no se gestiona, es cuando se genera la ansiedad, preocupación y afecta al alto rendimiento”, añade Espar. “Es necesario aislarse y centrarse en la parte que te enriquece. Si te guías por lo que dicen prensa, otros compañeros, o el público… eso te ensucia y realmente pierdes la concentración y la energía”, apunta González. “Y en el caso de un capitán, además, aparece la carga de la responsabilidad colectiva, lo que intensifica el desgaste emocional”, señala Cabrera.
Tras el partido ante el Chelsea, Araujo fue a hablar con la dirección deportiva, que lo derivó a los servicios médicos. “No era un problema de confianza, sino de salud. Una vez resuelto el tratamiento, ya estaba listo para jugar”, explican desde la dirección deportiva. “Físicamente se encuentra bien, pero anímicamente lleva un tiempo que no consigue estar al 100%”, explicaron entonces fuentes conocedoras de la situación del uruguayo.
En su proceso de recuperación, encontró refugio en un viaje espiritual que emprendió a Jerusalén, apoyándose en su fe. Después, también viajó a Uruguay con el permiso del club azulgrana, que le apoyó y le dio el tiempo necesario para recuperarse. “El apoyo del club es imprescindible. Cuando le dicen que se tome todo el tiempo que necesite, el jugador percibe que el importante es él, no su rendimiento: le quieren a él de vuelta”, subraya Espar. “Ese respaldo reduce la ansiedad, protege la autoestima y facilita una recuperación emocional más sólida”, añade Cabrera. Desde su experiencia, González destaca la importancia de “recuperar el sentido”: “¿Para qué juegas al fútbol? Cuando pasas por un periodo de este tipo es porque ya no disfrutas del deporte, ya no lo vives como en el patio del colegio. Hay que recuperar eso”.
Araujo sonríe; Flick también. En un momento en el que el Barcelona necesita defensas y espera la llegada de João Cancelo —que será presentado este martes—, con un perfil más ofensivo, el equipo celebra algo más que un título: recupera a un compañero fundamental en el vestuario y a un central. Para González, además, es fundamental seguir luchando contra el estigma que rodea la salud mental: “La gente está más concienciada, afortunadamente estamos venciendo poco a poco ese estigma. Pero todavía no es suficiente”. Y casos como los de Araujo siguen abriendo puertas a que el tema se trate con naturalidad.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma































































