Los ‘sprinters’, los últimos surferos del pelotón en la Vuelta a España
Philipsen gana en Zaragoza su segunda etapa en esta edición y reivindica a la figura del velocista, ahora que no se hacen los equipos a su medida


No hace tanto, cuando el equipo Sky se hizo amo y señor del pelotón porque eran los mejores, había un siseo que Mark Cavendish, 55 triunfos de etapa entre las tres grandes, verbalizó un día en el autobús de su equipo, entonces el Columbia: “No podemos hacer nada. Ellos van a poner el ritmo, así que lo único que nos queda es hacer bien la táctica del sprint”. Y sus palabras, aunque ya no tengan el mismo sujeto, siguen vigentes porque UAE y Visma son los que marcan el paso, brújula del pelotón. Por lo que quedan los sprints como refugio de laboratorio, aunque cada vez menos porque el ciclismo ha evolucionado hacia plantillas globales y mixtas, ya ni tan jerárquicos ni tan acompañados los sprinters por sus equipos como antaño. Y en las grandes vueltas, donde cada vez hay menos etapas que se resuelvan por la velocidad —en esta Vuelta solo hay cinco jornadas subrayadas—, también brillan por su ausencia y apenas unos pocos levantan el dedo. Caso de Philipsen, Pedersen, Aular, Turner y Coquard, pocos más. Y fue Philipsen quien, de Monzón a Zaragoza, etapa llana al fin, el que se llevó su segundo laurel en la ronda tras pedalear más rápido que nadie.
Antes de cualquier carrera, los directores deportivos se empapan de los últimos kilómetros para descifrar cuál es el mejor camino para sus corredores, el trazado a tomar. Y, ya antes de cualquier salida, en el meeting que hacen en el autobús, se repasa. “Lo más importante es saber con los motores que trabajas y así preparar el trazado, saber por dónde coges las curvas, las isletas y, sobre todo, dónde y cuándo te quieres mover”, explica Zak Dempster, director deportivo del Ineos. “Hay mucho trabajo detrás. ¿Quién tira? ¿Qué rotonda coges? ¿Por qué la coges por la izquierda? ¿Por dónde viene el viento? ¿Dónde te colocas?”, se suma Bingen Fernández, del Cofidis. “El problema es que ahora todos los equipos intentan poner a su sprinter en la mejor posición y se da una lucha entre todos, lo que es muy complicado”, agrega Adriano Baffi, exsprinter y ahora director deportivo del Lidl-Trek. “Y al final gana el que coge la mejor ola”, resuelven los tres.
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— La Vuelta (@lavuelta) August 30, 2025
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Ocurre que no todos juegan a lo mismo. “Alpecin y Lidl-Trek piensan más en el sprint porque tienen corredores como Philipsen y Pedersen. Ellos quieren esperar lo máximo a saltar porque tienen motores más potentes. Y nosotros preferimos que sea un poco más largo para que no puedan sacar toda su explosividad”, señala Dempser. Son tácticas y todo está estudiado, también ensayado. “No tenemos mucho tiempo en el que el equipo esté junto, pero en las concentraciones de 10 días, cogemos dos o tres para preparar los sprints”, revela Baffi. Ahí es cuando aparecen los trenos [trenes], argot italiano porque fueron ellos los que pusieron de moda la táctica, casi hasta ocho corredores alrededor del sprinter para llevarle hasta la meta. Como ocurrió con Saeco y Cipollini. O con Fassa Bortolo y Petacchi. Ellos, además de McEwan, Zabel, Freire y, claro, Cavendish, ejemplifican la época dorada de los sprinters.
“Ahora también hacemos carreras entre nosotros con dos trenos. Cada uno con una táctica diferente para que se desestabilicen un poco”, explica Baffi. “Lo hacemos en diciembre, en enero y luego se intenta mantener al mismo tren para que cojan automatismos”, agrega Fernández. “Sí, intentamos que esos equipos compitan siempre juntos”, se suma Dempster. Pero ya no hay trenos a la vieja usanza, pues se limitan a una o dos catapultas. “Se corre muy al límite y, si no tienes un tren de sprinters que lo lance y estire al pelotón, vas a la guerra”, conviene Baffi. “Por eso se necesita un sprinter con piernas, inteligencia y huevos. Porque tienen un cerebro capaz de poner el switch off y tomar los riesgos necesarios”, apunta Dempster. “Y son decisiones en décimas de segundo, no es como en la montaña cuando tienes minutos para solucionar los problemas”, resalta Fernández. “Así que hay que ser loco e inteligente”, remata Baffi.
Pero en las grandes vueltas cada vez tienen menos presencia. “Les vas quitando importancia si no hay etapas al sprint. Hay muchos que nos dicen que para qué sufrir 21 días si solo van a correr tres. La esencia de ese sprinter se está matando”, lamenta Baffi. “Pero son las audiencias, que quieren un ciclismo activo”, interviene Dempster. “Aunque si la gente entendiera todos los movimientos y el trabajo que hay en los últimos 20 kilómetros...”, sugiere Fernández. Pero, mientras tanto, los sprinters seguirán buscando su ola, esa que le lleve al triunfo. Como Philipsen en Zaragoza.
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