El Baskonia reclama su estatus
Su inesperado triunfo en una Copa difícilmente superable es una reivindicación de un club histórico que llevaba demasiado tiempo estancado en un papel secundario


Empujados por un entrenador peculiar y sostenidos por una afición inquebrantable, el Baskonia ha dado la campanada. Su inesperado triunfo en una edición copera difícilmente superable es toda una reivindicación de un club histórico que llevaba demasiado tiempo estancado en un papel secundario cercano a la irrelevancia en cuanto a grandes objetivos o peleas por los trofeos. Lo que hace años parecía impensable, como el no clasificarse para la Copa o los playoffs, ya no resultaba noticiable. A veces incluso daba la impresión de cierto desapego hacia lo doméstico y que su interés competitivo no iba más allá de pelear con más o menos dignidad en la competición europea.
Este título vuelve a situar en las portadas a un club sin duda peculiar, inquieto, presidencialista, orgulloso y poco paciente en sus proyectos deportivos, donde el futuro nunca está garantizado más allá de unos pocos meses. Se ficha sin descanso, se cambia de entrenadores más que de sponsors, se reinician proyectos en cuanto los anteriores dan sus primeras señas de agotamiento. Si hay algo evidente en el devenir histórico de este Baskonia es que a Josean Querejeta nunca le ha temblado el pulso cuando no le cuadraba lo que veía. Pero tanto movimiento tiene sus riesgos. El mayor, la falta de consolidación de los diversos colectivos creados, sometido a excesivos vaivenes, algunos de ellos inevitables, como la marcha de sus mejores jugadores a equipos más poderosos económicamente hablando.
No estaría mal que este presente deportivo echase raíces, pues por lo visto este fin de semana lo tiene casi todo para poder recuperar su estatus. Empezando por un entrenador, Paolo Galbiati, que ha pasado del anonimato al estrellato en tres partidos. El italiano, además de ser un entrenador competente como bien ha demostrado en Valencia, es una bomba emocional, posiblemente algo que el Baskonia necesitaba, pues tanto cambio de cromos en el banquillo, tanto jornalero de ida y vuelta, tanto jugador que no nos daba tiempo ni para aprendernos su nombre, suele traer consigo equipos muy profesionales, pero sin la pasión y temperatura adecuada. Espoleados por el calor y la sapiencia de su entrenador, los jugadores del Baskonia han desplegado sobre la pista talento, estrategia y corazón en dosis masivas, necesario todo ello para aguantar los problemas derivados del juego y las enormes exigencias físicas que obliga un formato como el copero. A todo atendió ejemplarmente el equipo vitoriano liderado en la pista por Luwawu-Cabarrot, una fantasía de jugador, y Forrest, merecidísimo MVP que se quedó a un rebote de lograr un triple doble, lo nunca visto en una final.
La final puso el adecuado colofón a una Copa que comenzó con unos cuartos cortos de grandes emociones pero que deparó un fin de semana que sin duda ha entrado a formar parte de los dos o tres más espectaculares de siempre. En el sinuoso camino que llega hasta el pódium cayó primero el Valencia, tan orgulloso de su atractivo estilo de juego como de su pabellón, todo un lujazo. Su base Jean Montero demostró que la diferencia entre el éxtasis y el infierno a veces se puede limitar a un saque de fondo mal ejecutado. Luego le tocó el turno al Barça, al que parece habérsele pasado el efecto Pascual y sigue padeciendo defectos estructurales como en su poderío interior, de complicada solución a corto plazo. El último damnificado fue el Real Madrid, que ya se salvó de milagro en semifinales gracias a Hezonja y dos triples majestuosos. Precisamente el croata ejemplifica uno de los más graves defectos del Madrid actual. De la misma forma que al jugador le cuesta un mundo mantener una estabilidad en su acierto, prestaciones y ánimo, el equipo sufre unas desconexiones desconcertantes que terminan arruinando otros momentos más Felices. Veremos el efecto que este varapalo produce, dado que, en el Madrid, cualquier título perdido escuece.
Mientras el Baskonia celebra con Vitoria su exitazo, la Copa nos deja un regusto muy agradable. Pasará el tiempo hasta que podamos olvidar tres partidos extraordinarios que depararon grandes emociones, actuaciones individuales deslumbrantes, giros de guion inesperados y finales taquicárdicos. Baloncesto con mayúsculas.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































