Otra medalla para España: bronce en el relevo mixto de esquí de montaña para Ana Alonso y Oriol Cardona
La esquiadora de Granada, prácticamente hundida en su segunda posta, sufrió una penalización inesperada que obligó al de Banyoles a un final épico

España cierra su participación en los Juegos de invierno de Milán-Cortina con tres medallas, todas de la mano del esquí de montaña, la mejor cosecha en las nueve décadas de historia olímpica. Con todo, el bronce logrado este sábado en el relevo mixto por Ana Alonso y Oriol Cardona, ambos de 31 años, casi supo a poco. La pareja, subcampeona del mundo, soñó con el oro y acabó pidiendo la hora asustada por la sanción de tres segundos impuesta a Ana Alonso por rebasar el límite fijado balizado para realizar su última transición. Se llegó a temer incluso la eliminación del combinado español mientras las cámaras recogían el tremendo disgusto de la granadina y el llanto de Cardona. No fue así. El skimo es una disciplina tan joven que sus normas y sus sanciones en carrera, en su estreno olímpico, no están claras ni siquiera para los competidores.
Para Ana Alonso, la prueba fue demasiado, un cóctel explosivo de ambición, errores y nervios. Inteligentemente, dejó escapar a Emily Harrop y su estrategia suicida, que consiste en salir como si disputase un sprint para aguantar al límite en su segunda posta. La francesa llegó a acumular un mundo de distancia con sus rivales, 36 segundos. Después, agonizó con la suiza Marianne Fatton en su chepa, dispuesta a robarle el oro igual que lo hizo el pasado jueves en la prueba corta.
Ana Alonso, siempre modélica en las transiciones, eficacia robótica, cometió varios errores inesperados: cuando estaba a punto de entregar el primer relevo en segunda posición, se atascó al quitarse las tablas, al recolocar las pieles, y perdió 11 eternos segundos. Esto obligaba a Oriol Cardona a una remontada de tintes épicos. Recortó un tiempo precioso, pero en su segunda posta, Ana Alonso estuvo cerca de reventar, destrozada por el ritmo salvaje de Marianne Fatton, nerviosa en los cambios, aflorando el peso de cuatro meses de incertidumbre, miedo, rehabilitación a marchas forzadas, esperanza y una cantidad ingente de trabajo para llegar a competir sin operarse del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda, roto. Con todo, Alonso acertó a no hundirse, nunca se abandonó, empujada por su deseo de ser la mejor ayuda posible para Cardona. Siempre reconoce la andaluza que su capacidad de agonía es mucho mayor en el relevo que en el sprint: el deseo de ayudar a Cardona le permite llegar un poco más lejos en el sufrimiento.
Pero al llegar al punto donde debía colocarse las pieles y entregar el relevo, Alonso se salió del límite marcado en la nieve para operar la transición. Un error de bulto que dice a las claras el estado físico y psicológico de la andaluza en ese momento de la prueba. Se llegó a temer la eliminación del equipo español. En el rótulo de la transmisión se pudo apreciar una tarjeta amarilla, pero faltaba por saber cuántos segundos de penalización acarreaba. Finalmente, fueron tres, tal y como gritó en éxtasis Alonso, con la cámaras recogiendo el momento y Oriol estallando en un llanto desconsolado.
En su posta final, el de Banyoles recortó distancias con el francés Thibaut Anselmet y el suizo Jon Kistler, algo de lo que solo él es capaz hoy en día. Uno de sus entrenadores, Víctor López, se niega a compartir el VO2 Max del esquiador catalán pero asegura que es el de un deportista privilegiado: “Responde bien a esfuerzos cortos y largos, combina potencia y capacidad enorme de tolerancia al esfuerzo. Pero destaca también por su impresionante control de las emociones. Solo la víspera de la final de sprint le vi un poco nervioso, nada hasta entonces”.
El compromiso de este equipo ha sido modélico y siempre han colocado sus ambiciones individuales a la misma altura que su reto por parejas. Cardona siempre ha estado al lado de Alonso en los momentos de incertidumbre, sabedor de que la mentalidad combativa de la granadina le permitiría competir en los Juegos.
El suyo ha sido un viaje en una montaña rusa de emociones. Todo pintaba de forma inmejorable cuando el curso pasado alcanzaron la plata en el Mundial, escenario que giró hacia la pesadilla tras el atropello de Ana Alonso. Nadie hubiese apostado a favor de la pareja cuando ambos apostaron por seguir juntos y llegar a Milán-Cortina, donde el jueves ella consiguió el bronce y él el oro en la modalidad individual, a los que hay que sumar el metal de hoy en la prueba mixta. Toti Martín, seleccionador del combinado español, reconoció que “la pareja no había hecho su mejor carrera, sobre todo porque la gestión emocional ha sido complicada después de los éxitos, pero finalmente podemos felicitarnos por el desenlace”.
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