Ir al contenido
_
_
_
_

El espíritu deportivo de Banyoles y la tradición familiar de montaña que impulsó a Oriol Cardona al histórico oro olímpico

La presea dorada en esquí de montaña en los Juegos Olímpicos de Invierno desata el orgullo de una localidad catalana donde el deporte forma parte de su identidad: 8.000 de sus 20.000 habitantes son socios del Club Natació Banyoles

Oriol Cardona posa con la medalla de oro conseguido en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026.AFP7 vía Europa Press (AFP7 vía Europa Press)

“Has vist que ha guanyat l’Oriol?” (¿Has visto que ha ganado Oriol?) se escucha por los bares de Banyoles (Girona). La pregunta salta de mesa en mesa, atraviesa la plaza y llega hasta la orilla del Estany, donde corredores, ciclistas y piragüistas pintan su habitual paisaje. No hace falta añadir su apellido.

La localidad catalana respira deporte. La bicicleta se ha establecido como principal medio de transporte, y alrededor del lago, protegido por montañas, no faltan atletas entrenando. Como si vivir en Banyoles llevase implícito practicar deporte. Los vecinos lo confirman con naturalidad, más aún desde que en 1992 acogiera la modalidad de remo de los Juegos Olímpicos.

Pero el viernes, justo un día después, hay un runrún especial. “¡Es el tema del día!”, asegura una señora. No es otro que el histórico oro olímpico conseguido por su vecino Oriol Cardona en skimo —o esquí de montaña—, la primera presea dorada para España en unos Juegos de Invierno en 54 años. La segunda española, la primera catalana. “Es un orgullo”, repiten y resumen los habitantes con una sonrisa.

Casi todo en esta historia conduce y gira alrededor del Club Natació Banyoles, el gran eje social y deportivo del municipio, a la orilla del Estany. Allí se inició Oriol de pequeño en atletismo. Allí, en una ciudad de unos 20.000 habitantes, el club suma 10.500 socios —8.000 de Banyoles— y 700 licencias federativas. “Estamos muy felices y orgullosos, muy satisfechos de haber podido formar a Oriol. Pero más allá de eso, es una alegría para todo Banyoles”, explica a EL PAÍS el presidente del club, Jordi Casanova, que admite que la localidad es un “pozo de deporte” y que se ha vivido con “mucha intensidad” esta medalla. Este jueves, de hecho, el club fue un punto de encuentro: amigos, familiares y vecinos se reunieron para ver la medalla de Oriol en un acto impulsado por la atleta olímpica Esther Guerrero, también de Banyoles, y amiga del campeón.

En la cafetería del club, su tía Roser Coll, acompañada de su marido Rafel Romero y de su primo Lluc Coll —también vinculado al deporte, como casi toda la familia—, atienden, aún en “shock” y “flotando” a EL PAÍS. “Aquí hacemos deporte desde pequeños: viene por inercia”, explica Lluc. De fondo, dibujando la fotografía, los Pirineos, ahora nevados, asentados como una presencia que atrapa y llama. Como le sucedió a Oriol.

“Nos hizo sufrir hasta el final”, asegura Rafel. “¡Y encima se giró al final!”, añade Roser. La familia pasó la mañana pendiente de la prueba, esperando una victoria, pero conocedores de que un mínimo error podía terminar con cualquier esperanza, y quienes salían del club se paraban a preguntar cómo iba Oriol. Al principio la familia no era del todo consciente de lo que significaba: habían llegado a normalizar el éxito de Oriol, campeón y dominador del mundo y Europa en skimo en los últimos años. Ahora, ni 24 horas después, la conversación con este medio se interrumpe de vez en cuanto para ser felicitados por el oro.

Oriol nunca escogió el agua, tampoco los deportes de balón. Estudió en el colegio de La Vila y en el instituto Josep Brugulat, y desde pequeño la montaña estaba en su casa. Aunque también le encantaba el Lego. “Yo siempre pensé que, además de deportista, sería arquitecto”, recuerda su tía Roser. Pero su familia le llevó a correr y esquiar.

Su padre, Joan, de Sant Hilari, fue campeón de España de skimo en 1995 y pionero de la disciplina, además de destacar en atletismo, trail y alpinismo. “Siempre ha vivido la montaña”, recuerda Lluc. También por su hermano Nil, y por su familia materna, por parte de su madre, Dolors Coll, quien se encargaba de llevar arriba y abajo a Oriol cuando su padre estaba de competición. Ya con los esquís en los pies desde los cuatro años, invierno y verano se sucedían entre montaña y nieve: de lunes a viernes corriendo, el fin de semana esquiando. El skimo llegó más tarde, con unos esquís modificados por su padre, ya que, a su edad, en aquel momento, no había categorías ni material, explica Lluc.

Pero sus primeros entrenamientos fueron en el atletismo. En el Club Natación Banyoles no hay pista de atletismo; el Estany hace de circuito. Allí se le recuerda de pequeño como disciplinado y discreto. No era el que más destacaba en la modalidad, pero sí dedicado. Ahora, su vínculo con el club no ha desaparecido: cuando regresa a Banyoles —vive en Font-Romeu desde los 18 años, más cerca de la nieve—, se suma al grupo de atletismo. “Esta es su casa”, recuerda Lluc.

Cuando se enteró de que el skimo sería olímpico, no dejó de prepararse. Su familia explica que estos años no ha bajado tanto a Banyoles, y que viaja con frecuencia al País Vasco, de donde es su pareja, la actriz Amaia Aberasturi, que habla perfectamente catalán.

Si el deporte le viene de herencia, también su tranquilidad. Sobre todo, de su abuelo Pere, ya fallecido, a quien le dedicó la medalla. Se crió con él en la calle Porta dels Turers, donde regentaba una familiar e histórica tienda de alimentación Can Comerma, popular en la localidad. “Le conocemos de pequeño. Aquí nos conocemos todos”, explican un grupo de mujeres que pasean por Banyoles. En aquella esquina vivía Pere, y arriba, su madre Dolors. De su abuelo, recuerdan, heredó la calma y la paciencia. Aunque siempre con su inquietud por el deporte. “La escalada ya la llevaba dentro: se subía por las estanterías”, recuerdan dos gemelos de la zona.

“De puertas para afuera este logro es muy importante: es algo que quedará para Banyoles, marca un antes y un después”, explican. Y recalcan que Oriol “ha luchado mucho desde pequeño”. El próximo reto es el relevo mixto. “Ahora están los dos más tranquilos”, asegura Lluc sobre Oriol y Ana Alonso. Sea con otra medalla o no, ya preparan su bienvenida. En casa, en Banyoles, el oro no solo brilla: también se comparte.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_