Oriol Cardona y el peso brutal de aspirar al primer oro del olimpismo invernal español desde Paquito Fernández Ochoa hace 54 años
El esquiador de montaña, dos veces campeón del mundo, asegura “estar tranquilo” mientras reconoce que en una carrera de dos minutos y medio que mezcla explosividad y potencia los errores se pagan caros


El pasado 13 de febrero se cumplieron 54 años desde el día que Paquito Fernández Ochoa se colgó el oro en la prueba de eslalon de los Juegos de Invierno de Sapporo, Japón, en 1972. Aquello fue una sorpresa mayúscula, una colleja para la supremacía del arco alpino, suizos y austriacos rascándose el cogote preguntándose dónde habían perdido el escalón más elevado del podio. Resultó flor de un día para el olimpismo invernal español. Con todo, hoy, en la salida de la prueba de sprint, todos reconocen al catalán Oriol Cardona como el favorito indiscutible para colgarse del cuello el primer oro del esquí de montaña en unos Juegos, el segundo para España. Aunque cueste un mundo verbalizarlo. ¿Insufrible presión? No para Cardona, quien un par de semanas antes de encerrarse en su burbuja atiende a El País buscando, ante todo, desdramatizar.
Un largo, larguísimo verano, casi nueve meses lejos de la competición, de la nieve, una espera tan incómoda que amenaza la estabilidad emocional del más sereno. Un tiempo que el natural de Banyoles (Girona) ha empleado en prepararse físicamente. La preparación mental viene de serie, o eso concede: “Supongo que esa presión existe, pero procuro no pensar en los Juegos, en el qué pasará. Me centro en el día a día, en los entrenamientos, en las competiciones previas (una victoria y un segundo puesto en la Copa del Mundo 2026). Ya veré si la presión se siente más o menos, pero de momento no me afecta, intento no pensar”, decía antes de plantarse en Cortina d’Ampezzo. No ha recurrido a un psicólogo deportivo: “En este momento no lo necesito, pero creo que es una herramienta muy eficaz”, asegura.
Cardona y su promesa de medalla interesan a los medios: desde el Hola, que se centra en su relación con la actriz vasca Amaia Aberasturi, hasta TV3, que promociona a bombo y platillo un reportaje rodado en verano, en Noruega, con Kilian Jornet como anfitrión. Hace nada, cuando aún no se había reconocido el skimo como deporte olímpico, Cardona era un campeón haciendo malabares para llegar a fin de mes, a veces trabajando como entrenador, otras como modelo. Ahora, todo se ha acelerado, pero, paradójicamente, su vida se ha asentado: “Me ha cambiado la vida porque he podido profesionalizarme y dedicarme en cuerpo y alma al skimo. He podido sacar lo mejor de mí, entrenar como nunca. Además, esto me ha permitido madurar mucho este año desde el punto de vista deportivo”, analiza.

Cardona nació admirando a Kilian Jornet, quien antes de convertirse en icono mundial del trail running o del alpinismo de velocidad se permitió destrozar a franceses, suizos o italianos en las mejores pruebas internacionales de skimo. Pese a los siete años de edad que les separan, ambos mamaron el excelente trabajo de base que realiza la FEEC (Federación catalana de montaña), y las oportunidades de la selección española (FEDME). Cardona ha sabido aceptar y superar sin traumas los peajes concedidos por el skimo para ser olímpico: la esencia de las competiciones de esquí de montaña se ha visto jibarizada para encajar en el molde televisivo. Las carreras de leyenda como la Pierra Menta o la Patrulla de los Glaciares se celebran en alta montaña, son largas como una etapa del Tour, salvajes y ajenas a las estaciones de esquí alpino. Si alcanza la final, Cardona sabrá a qué atenerse en algo más de dos minutos y medio de esfuerzo. No es seguro que Kilian Jornet, de haber seguido compitiendo con sus esquís, hubiese pasado por el aro. Pero los que sí lo han hecho se felicitan por lo obtenido mientras esperan tiempos diferentes, por ejemplo, los Juegos de Francia en 2030 donde exista una prueba lo más parecida a la esencia de la disciplina.
Cardona, 31 años, también un excelente corredor de montaña con un bronce mundial, apenas corre ya y durante el verano ha buscado otros estímulos para afrontar los Juegos, su exigencia particular: “Es difícil determinar si es más un deporte de resistencia o explosivo”, explica. La bici de carretera ha sido una de sus ocupaciones obligadas, subiendo puertos: pedalear es poco lesivo, al no existir impacto, y además ganas músculo, potencia, sobre todo en las ascensiones.
“Pero también he hecho mucho roller esquí y muchos entrenamientos en la cinta de esquí de montaña que tienen en el Centro de Perfeccionamiento Técnico de Fadura, (Getxo, Bizkaia). Ha sido un verano de acumular horas de esfuerzos, de hacer algo de intensidad y de empezar con trabajos específicos. En general, hago series muy variadas para ser resistente y explosivo a la vez. En las citas de la Copa del Mundo, los que llegamos a la final hacemos cuatro sprints en una mañana, pero en los Juegos serán tres rondas, lo que premia más la potencia y la velocidad de carrera, aunque yo lo veo como una mezcla de todo”.
Extremadamente afilado, con 70 kilos de peso para 1.81 de estatura, Cardona reconoce estar “más fuerte que nunca”, pero también es consciente de que todos sus rivales “han dado un paso adelante”.
No existe un rival que destaque por encima del resto, pero sí un trío con enormes opciones de medalla. “El francés Thibaut Anselmet va a dar mucha guerra; los dos suizos Arnaud Lietha y Jon Kistler, también son peligrosos junto al ruso Nikita Filipov… aunque este último es una sorpresa que esté con los mejores”. Además de una sorpresa, Filipov es un kamikaze, capaz de salir de estampida y reventar o de llevarse a cualquier rival por delante, uno de los mayores temores de Cardona. “Yo no soy de contacto, de cuerpo a cuerpo, y no me gusta encontrar a gente como Filipov. Me gusta correr de forma limpia, no cruzarme, no molestar. Ya tenemos identificados a los rivales que se cruzan y que hacen cosas raras; tenemos que tener cuidado con ellos. En dos minutos puede pasar de todo y se trata de que las ansias de querer hacerlo bien no te dominen y te lleven a cometer errores”, explica.


Para evitar el tráfico intenso de la salida y el embotellamiento en los rombos, Cardona ha trabajado estas últimas semanas la velocidad y el trabajo de las transiciones: de subir deslizando sobre sus tablas a correr escaleras arriba, volver a colocarse los esquís, alcanzar el punto alto del circuito, quitar las pieles de foca y encarar el descenso a meta. Un segundo perdido en encajar una fijación, en colocar los esquís en la mochila, en sacarse las pieles de foca, puede borrarle de las medallas.
Cardona es la figura visible de una selección española que también compite con Ot Ferrer, María Costa y Ana Alonso, esta última muy pendiente de su cita del día 21 en el relevo mixto: competirá de la mano de Cardona, con el ligamento cruzado de su rodilla izquierda roto y la voluntad de hacer historia, intacta.
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