El patinador Ilia Malinin, aun a medio gas, salva el oro para EE UU
El dios del Quad consigue los puntos decisivos en la prueba por equipos en un arranque de los Juegos marcados por la desafección de los deportistas estadounidenses


El Dios del Quad, Ilia Malinin, descendió sobre la pista de patinaje de Milán y, aun a medio gas, salvó el oro para Estados Unidos en la competición por equipos. Es el primer oro al que aspira el patinador de Virginia, de 21 años, que se siente llamado a revolucionar el mundo del patinaje.
A Amber Glenn, tejana de El Plano, campeona nacional y primera patinadora abiertamente queer y pansexual que compite en el equipo de Estados Unidos, se le ocurrió hablar hace unos días de algo que no era ni saltos ni piruetas ni ambiciones deportivas. Habló del Estados Unidos que destruye Donald Trump.
“Está siendo un momento difícil para la comunidad [LGBTQ] en general con esta administración, dijo en una conferencia de prensa el pasado miércoles. “No es la primera vez que hemos tenido que unirnos como comunidad e intentar luchar por nuestros derechos humanos. Y ahora, especialmente, no solo está afectando a la comunidad queer, sino a muchas otras comunidades. Espero poder utilizar mi plataforma y mi voz a lo largo de estos Juegos para intentar animar a la gente a mantenerse fuerte en estos tiempos difíciles”. No fue la única estadounidense que habló, sino una voz más en un chorreo continuo que comenzó su compañera Alysa Liu, que a punto estuvo de no llegar a tiempo al programa corto del viernes al mediodía por culpa de la caravana organizada para proteger el trayecto milanés del vicepresidente estadounidense J. D. Vance camino de ser sonoramente pitado en San Siro durante la inauguración.
Superando la prohibición establecida por el COI de emitir opiniones políticas en el espacio olímpico, antes de su trágico descenso en las Tofane, Lindsey Vonn exhibió sus raíces en la torturada Minneapolis. “Tengo familia y amigos en Minnesota”, dijo. “Ahí es donde nací y mi corazón está increíblemente apesadumbrado por todos los que están allí (...) Creo que lo mejor que puedo hacer es mostrar al mundo lo que es Estados Unidos, quiénes somos como personas, porque somos más que lo que está pasando”. Mikaela Shiffrin, la otra gran estrella del esquí, también alzó la voz —“la paz no es solo la ausencia de conflicto, la paz es un entorno en el que todos pueden prosperar, independientemente de su raza, color, religión, género, posición social o cualquier otra marca social”, dijo, citando a Nelson Mandela previamente citado por Charlize Theron en la inauguración— y habló de sus valores, diversidad, inclusión. Y la guinda la puso el abanderado de Estados Unidos, el esquiador acrobático Hunter Hess: “Evidentemente, están pasando muchas cosas que no me gustan. No es porque lleve la bandera que represento todo lo que ocurre en Estados Unidos”. De Estados Unidos solo les llegó la reacción del odio. Muchos defensores de la libertad de expresión, han decidido boicotear los Juegos. A Hunter Hess le han invitado a irse a vivir a un país socialista.
Tres días después, el sábado, Glenn, de 26 años reveló que había recibido una “aterradora” cantidad de mensajes de odio y amenazas.
Visiblemente afectada, el domingo Glenn, que había arriesgado en el programa, tuvo una actuación desafortunada en la ejecución del programa libre. Falló en el triple Axel, el triple Flip y la combinación triple Lutz-doble Toeloop. Quedó tercera, a dos puestos de la japonesa Kaori Sakamoto. Antes de la última prueba, el programa libre masculino, Japón y Estados Unidos estaban empatados.
En medio de un aire de desafección de los deportistas estadounidenses con la política de sus dirigentes, más que de orgullo patrio, para Estados Unidos la competición fue un acto de orgullo ciudadano. El conflicto y la polémica son amigos íntimos del patinaje artístico, e Ilia Malinin vuela por encima de ellos para demostrar que quizás el arte sea lo único que puede cerrar los debates, incluso uno tan macarril y pandillero como el suyo, tan grande su ego adolescente como rompedora es su forma de interpretar, como inmenso es su talento técnico. Estados Unidos quedó segundo detrás de Rusia en Pekín 22, pero después de pelear en los tribunales, poco después le fue otorgada la medalla de oro: Rusia fue descalificada tras el positivo de su estrella Kamila Valieva, la niña diosa de los quads, los saltos cuádruples que cuatro años después ninguna patinadora ha introducido aún en su programa.
Ausente Rusia en la pista de hielo de Milán, Japón, donde el patinaje es religión, y adorados sus artistas, tan cercanos a las ilustraciones manga, asumió el papel de gran rival. Y Malinin, encantado, el de líder y campeón. Hizo lo justo. Presentó el programa de los siete saltos cuádruples, pero se quedó en solo cinco, y en vez de cuádruple el Axel que él solo sabe saltar se quedó en triple. “Los Juegos van a ser muy largos”, dijo el patinador, que aventajó por poco más de cinco puntos al japonés Shun Sato. Tercera terminó Italia. “Tengo que pensar en que el martes y el viernes tengo mi competición”.
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