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Los Goya celebran en Barcelona una cosecha candidata al “mejor año de la historia del cine español”

Los nominados destacan la diversidad de voces y el empuje internacional de las películas nacionales de 2025

Los presentadores Rigoberta Bandini y Luis Tosar, durante la ceremonia de entrega de la 40 edición de los Premios Goya.Alberto Estévez (EFE)

Por lo menos un Goya, esta vez, lo han ganado todos. Pocas semanas antes de la ceremonia, el presidente de la Academia, Fernando Méndez-Leite, entregó su reconocimiento al sector entero: “2025 fue el mejor año de la historia del cine español”. Lo dice un profesional octogenario, de familia cinéfila, que vio como El viaje a ninguna parte arrasó en la primera gala, hace cuatro décadas; cómo Almodóvar o Amenábar triunfaron en los Oscar, u Ocho apellidos vascos llenó las salas como nunca. Estaba ahí incluso cuando Viridiana, de Luis Buñuel, ganó la única Palma de Oro de Cannes para un filme nacional, en 1961. Así que información y contexto, el presidente tiene. En la alfombra roja, este sábado en Barcelona, los nominados aportaron sus propias visiones. Imposible alcanzar un veredicto, ni a través de los números: los hay a favor y en contra. Tras el desfile, el debate sigue abierto: ¿merece 2025 el Goya al mejor año del cine español?

“Ha sido un buen año porque hay una muestra de diversidad. No es que el cine fuese peor antes, pero era más monocultivo. Ahora hay espacio para miradas diferentes. Mi cine no es académico, no respondo al canon clásico. Que Albert Serra y yo tengamos un sitio aquí hace 10 años era imposible”, apuntó Oliver Laxe, creador de Sirāt, una de las favoritas, con 11 nominaciones. “Cada año hay cosechas impresionantes. Estamos en un momento muy dulce, en la Academia está entrando un nuevo cine independiente con voces muy diversas que está viajando fuera de España”, reflexionó Carla Simón, nominada por Romería a mejor dirección, entre otras categorías.

Cierto consenso rodea la calidad de las películas nominadas. Algo que los Goya, de alguna manera, solo debían ratificar: las principales candidatas ya venían de recibir aplausos en los festivales de Cannes, Berlín o San Sebastián. Hasta dos compitieron en el concurso francés, Sirāt y Romería, un hito que solo habían logrado, en 2009, Pedro Almodóvar e Isabel Coixet, con Los abrazos rotos y Mapa de los sonidos de Tokio. El largo de Laxe, además, salió de Cannes con premio y opta el 15 de marzo a dos Oscar -filme internacional y sonido-, otra hazaña rara en el séptimo arte español: lo lograron Mar adentro, Hable con ella o La sociedad de la nieve. El reconocimiento internacional parece legitimar así la apuesta de Méndez-Leite por 2025. Junto con el buen dato de taquilla global: 81 millones recaudados por el cine español fuera de sus fronteras, la cifra más alta desde 2017.

Albert Serra, otro cineasta muy reconocido en el extranjero, y nominado a mejor dirección y documental por Tardes de soledad, invocó un punto de inflexión: “A nivel industrial, a priori, este ha sido un buen año y muy positivo”. “Es un año muy brillante, cada vez se está subiendo más el nivel, hay más reconocimiento internacional y se hace difícil entrar en las categorías a las mejores películas”, contó Daniel Guzmán, director de La deuda, que no ha contado con ninguna nominación en esta ocasión. “El camino de una película depende de muchos factores para ser invisible o tener mucha vida, como la distribución, el impacto mediático o que vengas arropado de festivales”, reveló a propósito de la proyección internacional impacta en las quinielas de los Goya.

Las dudas, si acaso, surgen desde dentro de España. Sirāt y Los domingos han impactado, dividido, enamorado, indignado. Han dado que hablar, quizás como pocas otras veces. “Ningún personaje estaba trabajando para dar una lección moral. Eso levanta dudas sobre dónde colocarte como espectador y qué piensas sobre zonas grises”, apuntó Alauda Ruiz de Azúa, directora de Los domingos, centrada en una adolescente que decide hacerse monja de clausura. Un cine de autor, complejo, que el público no ha rehuido: las dos películas favoritas vendieron más de un millón de entradas entre ambas. En general, las cinco nominadas a mejor filme supusieron un 15% de todos los asistentes que vieron cine español en 2025. Aunque solo un 2,9% del total de entradas vendidas. O, dicho de otra forma, únicamente tres cinéfilos de cada 100 han visto al menos una de las favoritas de la gala. Y eso solo se refiere a la población interesada: aquel 48,5% que asegura ir al menos una vez al año al cine, muy por debajo de la era precovid. ¿Una burbuja? Tal vez, aunque habría que sumar los cada vez más influyentes visionados online.

Porque el consumo está cambiando. Se ve más cine que nunca: el 86,4% de la población accedió a contenidos audiovisuales en el último año; ve películas diariamente el 15% y al menos una vez a la semana 60,7%. Maspalomas, con nueve nominaciones y más de 700.00 euros recaudados en taquilla, se convirtió justo así en uno de los sleepers del año, las películas que no arrancan con grandes cifras pero crece gracias al boca a boca del público y de la crítica. Aunque la ficción en euskera de Los Moriarty se estrenó en septiembre tras pasar por el festival de San Sebastián, llegó a plataformas en enero y allí ha logrado una nueva vida.

Las salas, en cambio, quizás nunca vuelvan a la que tenían en 2019. Y en ese aspecto el cine español tuvo años mucho mejores que 2025: apenas 16 filmes nacionales recaudaron más de un millón, el peor dato desde 2016, salvo la crisis de la covid. Muy lejos de 2014, cuando Ocho apellidos vascos barrió, llevó el cine español a su mejor cuota de mercado de siempre (25,5% frente al 19% actual) y La isla mínima o El niño lograron asistencias mejores que todas las favoritas de 2025. Lejos también de 2004, cuando Mar adentro se volvió fenómeno y un español de media asistía a las salas 3,3 veces, frente al 1,5 de ahora. O, más atrás en el tiempo, de 1968, cuando el franquista Boletín Informativo del Control de Taquilla daba fe de que el cine nacional logró 123 millones de espectadores.

El año pasado fue también el mejor, y el peor a la vez, para Karla Sofía Gascón. La segunda intérprete española de la historia en optar a un Oscar como mejor actriz protagonista, por Emilia Pérez, ni siquiera pudo acudir a la gala de los Goya de 2025, después del escándalo desatado por la reaparición de viejos mensajes suyos en redes sociales racistas y agresivos. “No me dejaron pasar”, recordó en la alfombra roja. “Tengo una libreta maravillosa donde tengo apuntado todo: quién, dónde, cómo, cuándo y por qué. Llegué a pensar que me tiraba al Sena. He pasado muchos momentos muy feos y terribles, pero solo me ha hecho más fuerte. Titularía mi nueva etapa El retorno del jedi”, agregó, a la vez que recomendaba la lectura de El conde de Montecristo. Ahora, hasta ha entregado un premio, trabaja en varios proyectos y disfruta de su regreso.

Porque proyectos, precisamente, en 2026 no faltan. “Estamos ante un momento extraordinario del cine español y su industria”, declaró el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. La cantidad de grandes obras disponibles el año pasado fue otro de los argumentos de Méndez-Leite. Y ahí los números le dan la razón: el cine español no para de romper récords de producciones y estrenos, con más de 350 películas al año en ambas categorías, y subiendo. Un filme al día, siete a la semana. “No tenemos nada que envidiar a nadie en cuanto a producción cinematográfica”, afirmó en la alfombra roja el guionista Eduard Sola, ganador de 2025 por Casa en Flames. Ahora bien, difícil establecer si es una buena noticia: hay más donde escoger, tal vez aumente la probabilidad de toparse con obras maestras. Pero se reducen espacio y tiempo en cartelera, así como visibilidad en los catálogos online. Muchos alertan de la saturación, aún mayor con el boom de las plataformas. Y pocos largos llegan a buen puerto en tamaña marea: solo el 6,5% de las películas españolas exhibidas en 2025 vendió más de 50.000 entradas. Pero 370 filmes, el 60% del total, no consiguió despachar ni 500.

Sirāt, en concreto, vendió 438.644 en 2025. También gracias a las tres mujeres detrás de su sonido. Galardonadas hoy con el Goya y candidatas a los Oscar, Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas son las responsables de la atmósfera sonora de la película de Laxe, un hito que visibiliza el talento femenino en categorías que históricamente han estado muy masculinizadas. “Esperamos que no sea una excepción, sino el comienzo de un cambio hacia una paridad real detrás de las cámaras”, afirmaron desde el escenario. Los datos, no obstante, no hablan de paridad. De las nominaciones de este año, 90 son mujeres y 146, hombres, y solo el 38 % de directoras, guionistas, productoras, directoras de fotografía, entre otras categorías, son mujeres. Se mejora respecto a otros años, pero sigue reflejando desigualdad.

En anteriores ediciones, la alfombra roja lo denunció con abanicos rojos que rezaban “más mujeres”. Ahora, las denuncias se volcaron, a través de una chapa con una sandía, en otra causa. “Vivimos en un país que es una isla de libertad y humanidad”, dijo en la alfombra roja Hernán Zin, director del documental nominado Todos somos Gaza, que llegó luciendo un pañuelo palestino sobre su traje. Zin criticó la falta de posicionamiento político en la Berlinale frente al genocidio. Algo que no pasó en los Goya. El accesorio más visto fue la chapa de Free Palestine prendida en los vestidos de Eva Libertad, directora de Sorda, la comunicadora Inés Hernand, la actriz Elena Irureta, la directora María Herrera —nominada a mejor corto por El cuento de una noche de verano— o Elvira Lara, nominada actriz revelación por Los tortuga. Recordatorio de que hay lugares del mundo que pueden entretenerse debatiendo qué año fue el mejor del cine y otros donde los años solo parecen ir a peor, para todos.

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