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Crítica de cine
Crítica

‘Marty Supreme’: una frenética huida hacia delante con un explosivo Timothée Chalamet

La desenfrenada película de Josh Safdie está inspirada en el jugador Marty Reisman, carismático y excéntrico campeón estadounidense de tenis de mesa

02:00
Tráiler de 'Marty Supreme'
Timothée Chalamet, en 'Marty Supreme'.

En los cines de Estados Unidos, antes de Marty Supreme, proyectan un sustancioso reportaje sobre el personaje real en el que se inspira la nueva película de Josh Safdie. Marty Reisman, campeón estadounidense de tenis de mesa a finales de los años cincuenta, fue un jugador carismático y excéntrico cuya pícara personalidad trascendió un deporte minoritario que, hasta entonces, poco o nada importaba en su país. Una edición de segunda mano de sus memorias, The Money Player: The Confessions of America’s Greatest Table Tennis Champion and Hustler, publicada en 1974, fue el detonante de una película que en ningún caso es un biopic, porque, como el propio Marty Reisman, va por libre.

Josh Safdie ha emprendido este nuevo viaje sin su hermano Benny, aunque es imposible desligar Marty Supreme de los dos largometrajes que han convertido a estos neoyorquinos en los prometedores nuevos retratistas de su ciudad. La pulsión frenética de Nueva York y la crudeza de su submundo atraviesan las desasosegantes Diamantes en bruto (2019) y Good Time (2017), dos películas cuyo realismo sucio —saturado de color, rodado en película—, y su mundo de lumpen y parias, bebe de dos de las mayores influencias de los Safdie: John Cassavetes y Martin Scorsese.

La tercera influencia es más conflictiva, porque está en sus propios genes. Ese ambiente disfuncional, corrosivo y caótico que impregna su cine, nace de la turbulenta relación con su propio padre, Alberto Safdie, un italiano de ascendencia sirio-sefardí, criado en Francia, cuyo legado siempre aflora cuando sus hijos hablan de cine. Fue su padre quien les regaló su primera cámara y desde niños los orientó hacia un arte sin artificios, pegado a la calle y a la vida.

La relación desordenada con el progenitor, que perdió la custodia de sus hijos siendo niños, inspiró Daddy Longlegs (2009), cortometraje en el que los Safdie —como sus personajes, siempre corriendo— mostraban la mezcla de maravilla y desastre que es tener un padre peterpan. En un guiño revelador, el actor que encarnaba a su padre era Ronald Bronstein, guionista de todas sus películas y pieza fundamental para entender el sustrato urbano de su estilo.

Quizá todo esto explique la fascinación de Josh Safdie por un personaje como el de Marty Supreme, un auténtico liante, un pillo escurridizo y seductor que salta de calle en calle, de mesa en mesa y de cama en cama para salirse con la suya. La película es frenética, violenta y, por encima de otras cualidades, cómica; su épica es la de un payaso-antihéroe empeñado en un deporte que no le importa a nadie.

Si Benny Safdie, que este mismo año estrenó la más convencional The Smashing Machine, pasa por ser el hermano más racional y concienzudo, a Josh Safdie se le suele calificar como el más torrencial y grandilocuente, dos características que para bien y para mal están presentes en Marty Supreme y en su permanente huida hacia delante.

Marty Supreme

En esa extenuante carrera, como lo eran las de Adam Sandler y Robert Pattinson en Diamantes en bruto y Good Time respectivamente, el trabajo de Timothée Chalamet es crucial. Todo parece indicar que el joven y ambicioso actor al fin tendrá su premio Oscar (qué aburridos se han vuelto unos premios que parecen tan cantados) y aunque tiene rivales para el recuerdo (el sprint final de Leonardo DiCaprio en Una batalla tras otra se merece todas las medallas) su actuación es sin duda memorable. Chalamet convierte a su personaje en un tipo tan intratable e insoportable como en un torbellino de pasión capaz de todo dentro y fuera de la pista. Su actuación no da respiro, es un calambre permanente que, como el propio pimpón, resulta magnético y un poco ridículo. Chalamet clava el tono.

Su energía contagia al resto del reparto, una mezcla de actores profesionales y amigos de Josh Safdie que ofrecen el cortafuegos de su autenticidad a una trama exagerada. Así, el rapero Tyler, the Creator, o Abel Ferrara (cineasta de esos bajos fondos neoyorquinos que tanto atraen a los Safdie) destacan en un elenco en el que brilla con derecho propio Gwyneth Paltrow, maravillosa en la piel de una diva de Hollywood en su ocaso, o esa estrella emergente que es Odessa A’zion.

Quizá es inevitable que, tratando de lo que trata, Marty Supreme no llegue tan al fondo como Diamantes en bruto o incluso como Good Time. Además, peca (como tantas) de estirar el chicle de su entretenido juego. Males menores al lado de su agilidad, su humor y su febril pasión, de una impresionante y taquicárdica banda sonora del músico de electrónica Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never) y del trabajo de Chalamet.

Marty Supreme

Dirección: Josh Safdie.

Intérpretes: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A'zion, Géza Röhrig, Kevin O'Leary.

Género: drama. Estados Unidos, 2025.

Duración: 149 minutos.

Estreno: 30 de enero.

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