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Dos amigos españoles estrenan a la vez sus óperas primas en el festival de Venecia: “Es fuertísimo”

Jaume Claret Muxart y Gabriel Azorín, que cursaron juntos la escuela Elías Querejeta, se admiran y han colaborado en algún proyecto, debutan al mismo tiempo con ‘Estrany riu’ y ‘Anoche conquisté Tebas’ en el certamen de cine más antiguo del mundo

Jaume Claret Muxart en la presentación de 'Estrany Riu' este viernes en Venecia.
Tommaso Koch

El final parece escrito en Hollywood. Y eso que sus películas no pueden estar más lejos de la gran industria. “Es fuertísimo”, apunta Jaume Claret Muxart (Barcelona, 27 años). “Demasiado perfecto todo”, define Gabriel Azorín (Hellín, 44 años). Se conocieron en 2018, en la escuela de cine Elías Querejeta (EZQE), en San Sebastián. El primero ni había cumplido los 20, el segundo avanzaba hacia la cuarentena. Se hicieron muy amigos, y no solo. Azorín fue consejero consigliere, en italiano, prefieren ellos― en un corto de Claret Muxart. Cuando el albaceteño estuvo montando su filme en Barcelona, se vieron “todas las semanas”. Se han pasado los últimos siete años cerca: cada uno preparando su primer largo. Y, a la vez, ayudando al otro con el suyo. Dos producciones distintas, unidas por su independencia y sello de autor. Y, ahora, por un estreno que aún los tiene asombrados: debutan a la vez estos días en el festival de Venecia. Por supuesto, Azorín estuvo en la proyección de Estrany riu, de su amigo, en la sección Horizontes. Y Claret Muxart tampoco se perderá Anoche conquisté Tebas, en la sección Giornate degli Autori. Tenían las entradas reservadas desde hacía días. Todo de película. Todo real.

Los dos largos comparten incluso más. Para empezar, brotaron de dos epifanías. Y, de alguna manera, del agua. “Empecé a escribirla en la escuela. Había entrado por una instalación artística, pero me pilló una crisis. Conecté con los viajes en bicicleta que hice con mi familia y comencé a escribir la primera versión del guion. Y luego fue entrando la ficción”, rememora Claret Muxart sobre su filme, que llegará a las salas españolas el 3 de octubre. El proyecto fluyó así hacia un adolescente que pedalea con sus padres y hermanos por el Danubio y, a la vez, hacia su propia identidad. Aunque, en la búsqueda de sí mismo, se encuentra con un misterioso y huidizo joven. Y con un paisaje envolvente: Estrany Riu logra que la naturaleza hable incluso más que los protagonistas. Al director le basta filmar la niebla, o una ráfaga de viento, para contar la confusión, o la rabia. Puede que no proponga un tema originalísimo. Tal vez algún diálogo peque de pretensión. Sin embargo, ofrece en todo momento delicadeza, y tacto, también en el sentido literal: una experiencia cuasi sensorial en la pantalla. Fruto, entre otras cosas, de una decisión consciente: “Rodamos muchas veces con el tiempo climático que hubiera”.

El director Gabriel Azorín.

Azorín también filmó al aire libre. E, igual que su compañero de escuela y profesión, acudió a la memoria para su película. En 2017 visitó a una amiga en Vigo y alguien le recomendó pasarse por las cercanas termas de Bande. “Esto de socializar con agua y bañador nunca ha sido lo mío”, bromea. Sin embargo, se acercó al complejo, levantado por los romanos en el siglo I, en la actual frontera entre España y Portugal. Incluso se sumergió, y se quedó por la noche. Cuando se fue la luz, también se marchó la compañía. “Me encontré solo, no veía absolutamente nada, y me puse en modo introspectivo”, cuenta Azorín. En la EZQE, dos años después, se enganchó al cine de la pareja portuguesa Margarida Cordeiro y António Reis. Sobre todo, a un concepto: “La capacidad de un plano de revelar varios tiempos a la vez en una sola imagen”. Quiso probar a grabar, y se acordó de aquel lugar. Así que regresó, cámara en mano. Y halló otra revelación: filmando a tres chicos que se bañaban se dio cuenta de que, “si no hubiera sido por los móviles”, era imposible datar esa escena. De todas esas burbujas salió a flote Anoche conquisté Tebas.

A priori, la película puede fascinar y asustar a partes iguales. En la propia sección veneciana de Giornate degli Autori la calificaron como “la más radical” de la programación. No hay apenas acción, incluso la cámara prefiere moverse poco. Tan solo una quincena de planos en total, de hombres hablando, algunos en portugués y otros en latín (¡!), hoy en día o en el siglo I. Guiños a los videojuegos, al antibelicismo, a los sueños quebrados. Habrá quien huya. Quien esté dispuesto a chapotear un rato, sin embargo, probablemente termine dándose el baño entero. Y descubriendo que, al calor de las aguas, crecen muchos temas: la conexión ancestral entre seres humanos, la vida interior de cada uno, la incomunicación masculina, las termas como uno de los pocos lugares donde abrirse. Hace dos milenios igual que ahora. “Una amiga mía decía que la película es de ciencia ficción porque se ve a hombres hablar de manera profunda: en el cine se suelen describir por sus acciones y no por hablar, menos de sus vulnerabilidades. Yo mismo he pasado mucho tiempo con mis amigos y hemos estado obviando muchas cosas importantes”, reflexiona Azorín.

Jan Monter en una imagen de 'Estrany riu', de Jaume Claret Muxart.

“El cine debería tener una capa que se entienda, y después otras que nacen dependiendo de cómo conecte la gente con los distintos elementos”, agrega Claret Muxart. Hasta en eso ambos amigos tienen visiones semejantes. Cuando se les plantean las dificultades comerciales que quizás afronten sus filmes, dan una respuesta casi idéntica: “Sé que no arrasará la taquilla, pero creo que encontrará sus interlocutores, también porque trata de temas universales”. De los ojos de Dídac, su joven protagonista, Estrany Riu amplía a veces su mirada hacia la madre, o el hermano pequeño. Y, con ellos, hacia otras inquietudes: no solo el presente inmediato, muy propio de un adolescente, sino la vida ya pasada, y la que vendrá. El tiempo, clave en ambas obras.

Los propios directores vienen de dos momentos distintos. “Estos 17 años de diferencia significaban todo un intervalo generacional; sin embargo, esta distancia fue desde el principio un puente de afinidades y amistad. Quizá porque, aun viniendo de posiciones vitales muy diferentes, en ambos primaba la necesidad, una cierta urgencia, una apuesta vital radical”, señala Carlos Mugiro, director académico de la EZQE, otro que anda de celebración por el doble estreno. O más bien triple: la ecuatoriana Ana Cristina Barragán, alumna de la escuela unos años más tarde, también proyecta una película en la sección Horizontes de Venecia, Hiedra, con coproducción española. Mugiro, a la vez, subraya otra diferencia: Claret Muxart salía de Cinema en curs, un programa de pedagogía de cine en escuelas e institutos en Cataluña, y “buscaba un lugar donde descubrir su mirada, además de destrezas para materializar historias que, ya entonces, partían de su universo familiar y biográfico”. Azorín, en cambio, había sido cofundador del colectivo lacasinegra, y había firmado cortos y un documental. Ya trabajaba como director de publicidad, cuando se resolvió a darle una nueva oportunidad al cine.

Una imagen de 'Anoche conquisté Tebas', de Gabriel Azorín, facilitada por la productora.

“No sentí la necesidad de hacer un primer largo como tal, sino de esta película. Para embarcarte en un proyecto que te va a ocupar seis o siete años más vale que te haya dado muy fuerte”, añade Azorín. Ambos, además, se rodearon de amigos y conocidos. Basta repasar los títulos de crédito de ambas películas, plagados de compañeros y compañeras de la escuela, para apreciar la emergencia de un fenómeno cinematográfico singular”, considera Mugiro. “Es algo que marca mucho la actual generación de cineastas, compartimos los procesos, se vuelven más colectivos, estamos creciendo juntos”, remata Claret Muxart. Solo la agenda de ambos impidió que Azorín volviera a hacerle de consigliere para Estrany riu. Pero sostiene que se lo pedirá de nuevo, para su próximo proyecto. A saber qué les tiene preparado el destino. Por ahora, cuenta más otra reserva: una butaca en el festival de cine más antiguo del mundo, para asistir a la proyección de un amigo.

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Sobre la firma

Tommaso Koch
Redactor de Cultura. Se dedica a temas de cine, cómics, derechos de autor, política cultural, literatura y videojuegos, además de casos judiciales que tengan que ver con el sector artístico. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Roma Tre y Máster de periodismo de El País. Nació en Roma, pero hace tiempo que se considera itañol.
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