Al rescate de la memoria y la voz de la historia ciudadana
El Archivo Histórico de los Movimientos Sociales conserva la documentación que generan las organizaciones civiles, la que se crea lejos de los centros de poder


Un sol sonriente que dice: “¿Nuclear? No, gracias”; los pañuelos blancos de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo, y los verdes, símbolo de la lucha por el derecho al aborto en Argentina; una bandera con seis franjas: roja, naranja, amarilla, verde, azul y morada; una bata blanca con una pintada: “Sanidad pública”; una pancarta que exclama: “¡Manolo, la cena te la haces solo!”... Todos, símbolos reconocibles de movimientos sociales, algunos con muchas décadas de trayectoria. Estas reclamaciones forman parte de la historia, la que construyen los ciudadanos, no la que se escribe en los centros de poder, desde la oficialidad. Una memoria que merece ser guardada, cuidada, difundida y reconocida. Con estos objetivos, surge en 2021 en España el Archivo Histórico de los Movimientos Sociales (AHMS), aunque no es hasta 2025 cuando echa a andar con el nombramiento de su directora.
En febrero del año pasado, Marta Hernangómez Vázquez se incorporó a su puesto y con otros cinco profesionales de Archivos Estatales llevan algo más de 12 meses dando forma al noveno y más joven de los archivos que gestiona el Ministerio de Cultura. El único constituido por el patrimonio documental generado y conservado por entidades y asociaciones de carácter político, sindical o religioso, es decir, por la sociedad civil. El que vela por la buena conservación y durabilidad de los materiales que generan las transformaciones sociales, desde una chapa de la CNT, hasta fotos de la construcción del barrio madrileño de Orcasitas; una carta de pésame a Ethel Kennedy, la viuda de Robert F. Kennedy, del Club de Amigos de la Unesco, o las grabaciones de Clandestinas, un documental de 10 entrevistas a mujeres clave en la lucha feminista, una de las últimas incorporaciones a los fondos del AHMS, que ha anunciado la creación del Archivo de las Mujeres para salvaguardar la documentación de las que fueron fundamentales para la historia.






Lo más significativo de este organismo es que sea un archivo ciudadano; incluso, tienen colgado un formulario en su web para que quien crea que puede aportar documentación relevante lo comunique. Al contrario que otros archivos, como el General de la Administración (AGA), cuyos fondos van a parar allí porque tienen la obligación de permanecer ahí. Los fondos del AHMS llegan de forma voluntaria, es decir, ningún colectivo tiene el deber de depositar aquí lo que guardan. Por esto, además de los objetivos estipulados en la ley de patrimonio (recuperar, organizar, conservar y difundir la memoria de los movimientos sociales), se deben también a otros: generar confianza, seducir y darse a conocer entre los dueños de documentación susceptible de formar parte de este archivo. Labores que ejerce la directora.
Hernangómez, a partir de un censo de organizaciones que crearon, visita asociaciones para mostrar los beneficios de que su patrimonio entre a formar parte de los fondos de los archivos estatales. Sobre todo, asegura la durabilidad, seguridad, divulgación y reconocimiento, además de ponerlos en relación con los de otras agrupaciones. También son objeto del AHMS los archivos de figuras relevantes en la transformación de la sociedad, como el del fotógrafo Carlos Melchor Pujolat, que hasta su muerte en 2024 documentó movilizaciones a favor de Palestina, contra la violencia machista, contra la impunidad del franquismo, por una vivienda digna... O el de Salce Elvira, sindicalista referente que militó en CC OO, cuyo archivo personal donó su hermana. Los sindicatos son fuente potencial del AHMS, no en vano lo primero que entró fue el fondo de la Fundación 1º de Mayo.
El equipo contagia su pasión por el trabajo, por estar construyendo un repositorio de la memoria, un servicio público cuyo fin es rescatar la historia ciudadana. Pasan de hablar con siglas y tecnicismos a mencionar palabras como “seducción” y “pasión” o a usar un lenguaje coloquial para describir su trabajo: “Abrir cajas”. Cajas llenas de sorpresas. En ellas se puede encontrar cualquier documento y objeto inesperado. Así que cuando entra un fondo nuevo, lo abren, describen y reinstalan, es decir, lo adecúan a la normativa archivística ―nada de grapas o clips, por ejemplo―, respetando la organización original, porque, según explican, siempre responde a algo que hay que tener en cuenta.

Muestran su espacio: unas salas y almacenes dentro del edificio del Archivo General de la Administración (AGA) en Alcalá de Henares (Madrid). Estar ubicados en este lugar les dota de las condiciones de seguridad y conservación que requiere el patrimonio documental. En la zona de almacenes, las áreas están divididas en compartimentos estancos, de forma que si alguna sufre algún accidente, se aísle y no afecte a las demás. “El agua y el fuego son lo más peligroso”, asegura Hernangómez. En las estanterías, sobre todo hay cajas de cartón, también tubos con planos y carteles. Conservarlos enrollados “no es la mejor manera, pero tampoco es la peor, lo ideal sería que estuvieran estirados en planeros”, explica Natàlia Gregori Vayá, encargada de las labores de conservación preventiva. Ella añade que prima no separarlos de su contexto hasta que no estén todos los elementos descritos.
En concreto, se refiere a los que contienen los planos de Orcasitas, que llegaron al AHMS el pasado noviembre con todo el archivo de la histórica asociación vecinal del barrio, nacida en 1970. Esta, como otras de la misma índole, fue ejemplo de las reclamaciones y los logros de los vecinos que en los cincuenta y sesenta dejaban la vida rural para asentarse a las afueras de las grandes ciudades. La historia escrita en la periferia. Estos fondos se incorporaron como un préstamo a largo plazo (cinco años), lo que técnicamente se llama comodato, que puede ser por cinco, 10 y 15 años renovables. Esta y la donación son las formas de ingreso más frecuentes. En este año de vida, solo un archivo ha sido comprado, el histórico del Movimiento Comunista.
¿Y qué contienen esas cajas llenas de sorpresas? Mecheros, bolígrafos, acreditaciones, chapas (infinidad de ellas), pegatinas (con la dificultad de conservación que conllevan por el pegamento y los tipos de papel), placas fotográficas de cristal de 1937 (lo más antiguo que conservan son fondos que datan de la época de la Guerra Civil), diapositivas, material audiovisual. Todo tipo de documentos, muchos clandestinos: correspondencia, actas, propaganda, fotografías, publicaciones periódicas, por ejemplo las del Movimiento Objeción de Conciencia. Papeles de distintas calidades, pero con una característica en común: no estaban hechos para durar, sino para llegar a la máxima población posible; por lo tanto, lo importante era la multiplicación barata, así que los papeles no eran buenos. Que formaran parte de la historia es algo que surgió después. Son también comunes los objetos textiles: camisetas, banderines, un brazalete de un brigadista belga ―pieza del archivo de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, que también contiene un guion de una fotonovela sobre unos antifascistas alemanes, entre otras cosas―; hasta una bandera de seda del fondo anterior y un estandarte de paño del Centro de Investigación y Formación Feminista. Más de 734 metros de cajas y acaba de nacer. Sí, los fondos de los archivos se contabilizan en kilómetros lineales (lo que ocupan las cajas colocadas una tras otra). El Archivo General de Indias tiene unos ocho kilómetros, el AGA, unos 300; y el Histórico Nacional, 40, aunque Roberto Sabater Serrano, uno de los archiveros, aclara la comparación: “Quizá no es muy adecuada ya que, por ejemplo, el de Indias se creó hace casi 250 años y dejó de producir porque surgió para conservar los fondos de las principales instituciones del Nuevo Mundo”.

En un futuro, el AHMS abrirá la sala de investigadores. Esta es otra de las razones de ser de los archivos estatales, que todo el mundo tenga acceso a ellos; por lo tanto, una de las prioridades de Hernangómez, aunque aún no puede fijar una fecha. Una vez sea posible realizar estas consultas, los usuarios también podrán acceder al archivo oral que están creando. Aprovechando los vínculos que se forjan con los propietarios de los archivos antes de que se incorporen al de los Movimientos Sociales, realizan entrevistas que dan contexto al archivo y que responden a preguntas que los documentos nunca podrían contestar. La voz y la historia de los archivos, lo que añade un factor más humano a este repositorio que es memoria ciudadana y patrimonio histórico.
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