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Una reflexión sobre el colonialismo y sus secuelas hasta hoy en el corazón de Europa

La Casa de la Historia Europea en Bruselas inaugura ‘¿Poscolonial?’, una exposición que recorre el pasado colonial de Europa y su influencia y peso en el mundo contemporáneo, dentro y fuera de las fronteras del Viejo Continente

La pieza 'Raft Of Medusa', 2016. Adquirida en 2024. EU, EP, House of European History. © Alexis Peskine. Alexis Peskine.

¿Hasta dónde se extiende la huella del pasado colonialista en la Europa de hoy? ¿Sigue afectando al día a día? ¿Cómo deben los museos afrontar el colonialismo impregnado en tantas obras que exponen, muchas de ellas fruto del expolio? ¿Deben siquiera abordarlo? ¿Y la sociedad? ¿Hay que pedir perdón por el pasado? ¿Basta con buscar una reconciliación? En pleno corazón de la UE, en la Casa de la Historia Europea en Bruselas, la exposición ¿Poscolonial? —con interrogación— busca abrir un espacio de “reflexión europea imprescindible” sobre un amplio capítulo de la historia del continente en el que, en muchos aspectos y dependiendo de qué países, aún no se ha podido o querido pasar página.

“Al abordar la historia colonial de Europa, la Casa de la Historia Europea contribuye a corregir los desequilibrios en los relatos sobre el pasado de Europa”, afirma Constanze Itzel, la directora de este museo vinculado al Parlamento Europeo aunque con una gestión independiente. “Esta historia de violencia, de genocidios y de cruel explotación tanto de las personas como de los recursos naturales a escala mundial forma parte de una historia europea que se prolongó durante cuatro siglos”, recuerda en la presentación de la muestra, que declara su intención de “desafiar narrativas dominantes que han marginado a ciertas comunidades, dejándolas invisibles durante largo tiempo”.

Los signos de interrogación en el título de la exposición que se prolongará hasta marzo de 2027 no son gratuitos. Son un intento de forzar, desde que se traspasan sus puertas, al debate y a la reflexión sobre la forma en que la representación de la historia moldea el mundo en el que vivimos. “Queremos comunicarnos con los visitantes preguntándoles: ¿Es la historia colonial algo del pasado? ¿Sigue teniendo repercusiones hoy en día?”, explica a EL PAÍS el comisario jefe del museo, Kieran Burns. Y estas preguntas son clave porque “se trata de una historia absolutamente crucial y central en la historia europea, pero es una historia todavía poco conocida, poco enseñada”, acota la otra responsable de la muestra, Ayoko Mensah.

Un museo como la Casa de la Historia Europea, que desde su inauguración en 2017 busca mostrar desde múltiples perspectivas todo lo que ha contribuido a la Europa de hoy, “tiene la responsabilidad, por un lado, de cumplir con su cometido específico, que es abordar la historia europea. Y, por otro, de reconocer la importancia y el papel central de esa historia colonial”, subraya la curadora. Todo ello con el objetivo de “repensar lo que significa ser europeo, examinar de manera honesta el lugar de Europa en el mundo e imaginar nuevas maneras de ser y vivir juntos”, propone la muestra, que no busca necesariamente —o no solo— juzgar, sino “reconocer, mostrar y contar” una realidad a menudo incómoda y aún demasiado poco explorada, puntualiza Burns. Incluida la cuestión del racismo que, subraya Mensah, “perdura hasta hoy” y que está reflejada en la muestra con varios relatos y símbolos, como las esculturas de símbolos del colonialismo como el rey belga Leopoldo II manchadas con pintura roja y hasta derribadas durante las protestas del Black Lives Matter de 2020.

Para ello, se han reunido en este histórico edificio situado a un tiro de piedra de las instituciones europeas y en la capital de una de las últimas grandes —y brutales— potencias coloniales de Europa como es Bélgica casi dos centenares de objetos y documentos históricos, desde el siglo VII hasta hoy, así como 25 obras de arte contemporáneas de artistas que trabajan en torno a la cuestión de la descolonización desde múltiples perspectivas, tanto la histórica como la económica. O, incluso, la de género, como el “Vestido colonial” de la artista británica Susan Stockwell, una escultura creada a base de mapas del imperio británico con la forma de un vestido a la moda a finales del Siglo XIX.

Las obras contemporáneas, como el “Botanist Kid” del británico-nigeriano Yinka Shonibare, que invita a su vez a reflexionar sobre el impacto climático de la era colonial, se entremezclan a lo largo de la muestra con testimonios históricos, desde un registro de esclavos de Puerto Rico de 1.867, cuando aún era colonia española, pasando por mapas que exponen el poderío colonial de Europa hasta bien entrado el siglo XX, a un documento de disculpa del Parlamento australiano a los pueblos indígenas emitido en 2008. Pinturas, fotografías, carteles, libros y hasta discos hacen también un recorrido crítico sobre las influencias conscientes o inconscientes, negativas, pero también positivas, de ese pasado en la Europa de las últimas décadas y hasta hoy.

La exposición, que exige tomarse un tiempo para ver, leer y reflexionar sobre las etapas históricas y las cuestiones que plantea, se completa con ocho “historias personales”, los relatos de otro tanto número de artistas que analizan en vídeos de unos cinco minutos cada uno cómo el colonialismo y sus secuelas han marcado a sus familias y a su obra. Y, a lo largo de los 11 meses que permanecerá abierta, irá acompañada de diversos talleres y charlas sobre distintos aspectos del colonialismo —desde la migración a la herencia culinaria— y actuaciones.

Sus responsables son enfáticos: se trata de un primer paso en un proceso de reflexión sobre la descolonización —que han emprendido en los últimos años muchas instituciones culturales en toda Europa— con una muestra que “no pretende presentar un relato definitivo, sino que utiliza el arte contemporáneo para poner de relieve la ausencia y la subjetividad, y proponer futuros alternativos”.

Porque “las estructuras coloniales se han arraigado tanto en las estructuras sociales que no nos damos cuenta, pero seguimos inmersos en lo que se conoce como la matriz colonial del poder”, subraya Mensah. Según la curadora, “corresponde a cada visitante realizar ese trabajo de reflexión sobre sí mismo y sobre el impacto” que tiene el colonialismo en la historia europea, y en la propia. Para algunos, indica su colega Burns, “esa respuesta será muy clara, lo sabrán a través de su propia experiencia vital, pero para otros quizás no”. En cualquier caso, confía, saldrán de la Casa de la Historia Europea pensando en algo “que está en marcha, que es relevante y que sigue adelante”.

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