Muere el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique a los 87 años
Autor de ‘Un mundo para Julius’ o ‘Reo de nocturnidad’, es una de la figuras clave de las letras latinoamericanas


El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique ha muerto a los 87 años, según han confirmado fuentes cercanas al autor. Bryce Echenique es uno de los grandes de las letras latinoamericanas de las últimas décadas. Fue uno de los grandes referentes de la generación post-boom de la narrativa latinoamericana. Su primera novela, Un mundo para Julius, donde retrata las apariencias de la alta burguesía limeña desde la mirada de un niño huérfano que vivía en una mansión, fue también su gran obra. Con ella ganó el Premio Nacional de Literatura de Perú en 1972 y fue galardonada con el premio a la Mejor Novela en Francia en 1974. Fue el escritor que retrató a los ricos desde dentro, algo inédito en los años setenta.
Su amigo, el también escritor Jorge Eduardo Benavides, ha lamentado su muerte en las redes sociales. “No solo fue un grandísimo escritor, con un estilo absolutamente personal, certero, fino, lleno de deliciosos hallazgos (...) fue también una gran persona y un amigo leal, cariñoso y lleno de detalles y atenciones”, se lee en su página de Facebook. También Álvaro Vargas Llosa, hijo de Mario Vargas Llosa, el fallecido premio Nobel peruano, mostró su pesar ante el fallecimiento de Bryce Echenique, “uno de los grandes escritores peruanos y de la lengua española”. “Su obra sobrevivirá”, escribió.
Entre sus cuentos y novelas figuran Un mundo para Julius(1970); La felicidad, já já (1974); (1977) Todos los cuentos (1979); La vida exagerada de Martín Romaña(1981); Magdalena y otros cuentos(1986); Crónicas personales (1987); y La ultima mudanza de Felipe Carrillo(1988). Después, en 1990,Dos señoras conversan; Permiso para vivir (Antimemorias) (1993); No me esperen en abril (1995); Cuentos Completos(1995); Reo de nocturnidad (1997); La amigdalitis de Tarzán(1999); y Guía triste de París(1999).

Sus amigos siempre han destacado de él su inagotable humor y picardía. “Pidió permiso para vivir e incluso para retirarse. Novelista disparatado, nostálgico de oficio, el último de una estirpe que aprendió a escribir como quien confiesa un pecadillo en un bar a punto de cerrar”, escribió su biógrafo Daniel Titinger en su último cumpleaños. Bryce Echenique no tuvo más pretensiones que escribir, nunca quiso ser el autor de la novela total. Era de los escritores desordenados —la antítesis de Vargas Llosa— cuya vida fue una eterna parranda.
Alfredo Bryce Echenique nació el 19 de febrero de 1939 en Lima (Perú), en una familia de banqueros. Hizo primaria en el Colegio Inmaculado Corazón hasta su ingreso, con 15 años de edad, en el internado inglés San Pablo. Luego empezó Derecho en la Universidad Nacional de San Marcos de su país, donde también cursó Letras, carrera en la que se doctoró años después por La Sorbona de París.
En 1975 obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim y marchó a EE UU. Allí escribió para un periódico mexicano diversas crónicas sobre el Sur profundo que fueron recogidas en el volumen A vuelo de buen cubero y otras crónicas(1977). Viajó a europa, persiguiendo el sueño del escritor latinoamericano que debía cruzar el charco para consagrarse. En 1985 se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta febrero de 1999, para regresar a su Perú natal después de lo que él mismo calificó de “exilio voluntario de 34 años en Europa”. A España regresó después para, entre otros motivos, participar en cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander. En 1989 se casó en España con la asturiana Pilar de Vega. Antes contrajo su primer matrimonio en París con Maggie Revilla en 1968.

En una entrevista para EL PAÍS en 2021, se le preguntó “Su literatura va de amor, amistad y memoria”, y él respondió: “El amor es el pasado. En Lima veo a mi primera esposa; en Madrid me encuentro con mi segunda esposa y a mis amigos del pasado, vínculos que se mantuvieron a través de los años. Este libro trae ecos de cosas que han ocurrido y que ahora se hacen presentes. El fondo del asunto es lo que he dicho siempre: escribo para que mis amigos me quieran más. La memoria es mi manera de no olvidar. Y el libro es un adiós a todo aquello, la despedida final”.
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