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Hallada en Egipto una pintura rupestre de hace 5.000 años sobre la violenta expansión faraónica en el Sinaí

El petroglifo, uno de los más tempranos que se conocen de su tipo, muestra una aterradora escena de dominio de los antiguos egipcios en la zona y de sometimiento de sus habitantes

En un valle a pocos kilómetros del antiguo yacimiento minero egipcio de Serabit el-Jadim en el suroeste de la península del Sinaí, famoso por su austero templo dedicado a la diosa Hathor, la Dama de la Turquesa, el arqueólogo Mustafa Nour El-Din halló recientemente un peculiar motivo de arte rupestre de hace unos 5.000 años. Tallado en una roca lisa, el petroglifo, uno de los más tempranos que se conocen de su tipo, muestra una escena espeluznante de dominio sobre el Sinaí y del sometimiento de sus habitantes, lo que arroja nueva luz sobre la expansión de los antiguos egipcios fuera del valle del Nilo en los albores de la historia de los faraones.

El motivo central del grabado consta de un hombre caminando, ataviado con un taparrabos y sin tocado, que se muestra en una poste triunfal, alzando los brazos frente a la figura de otro hombre arrodillado, con los brazos atados a la espalda y una flecha clavada en el pecho. Por detrás se aprecia una embarcación, con un mástil y sin vela, en una imagen habitual en otras muestras de arte rupestre de la época protodinástica y dinástica temprana del antiguo Egipto, que representaban al gobernante y la conquista de un territorio al servicio del estado faraónico emergente. La obra está coronada con una inscripción jeroglífica parcialmente borrada.

En la época en la que se grabó la escena, el Sinaí estaba habitado principalmente por grupos nómadas que carecían de escritura y organización gubernamental, y los antiguos egipcios se adentraron en la región, primero de forma probablemente estacional, en busca de codiciados recursos minerales como la turquesa y el cobre, según los expertos. A través de estos grabados rupestres, algunos de ellos monumentales por aquel entonces, se cree que las expediciones trataban de egipcianizar gradualmente territorios situados en su periferia. En el caso del valle Jamila, se desconocía hasta ahora la presencia de los antiguos egipcios hace ya 5.000 años.

Los arqueólogos que han descubierto y estudiado el petroglifo consideran que el hombre que camina triunfal puede que no sea la representación del faraón de la época, ya que no parece que lo acompañe su corona roja habitual, y especulan que podría tratarse en realidad de Min, una de las deidades más primigenias del antiguo Egipto, concebido como el dios del dominio de los territorios fuera del valle del Nilo. Los investigadores se basan en los jeroglíficos que completan la escena, que creen que pueden leerse como Min, gobernante de la región minera.

“A veces es difícil de entender porque estamos muy acostumbrados, pero hace 5.000 años la tecnología de la escritura era tan moderna como es hoy la inteligencia artificial. La escritura como tal se desarrolló a partir del 3.200 antes de Cristo de forma muy gradual y sobre todo en los centros, así que este uso en la periferia es interesante”, nota Ludwig Morenz, profesor de egiptología en la Universidad de Bonn y uno de los investigadores del hallazgo. El desafío para leer la inscripción, agrega, se debe a que “la escritura egipcia estaba en desarrollo” y “a veces, de los primeros siglos, solo tenemos tres o cuatro ejemplos de una forma jeroglífica”.

Que el grabado haya sobrevivido hasta nuestros días, señala Morenz, podría ser también fruto de este choque. “Creemos que las expediciones egipcias fueron a la región para extraer cobre y turquesa y se quedaron poco tiempo. Pero los lugareños no destruyeron la imagen después. ¿Acaso no les importó? ¿O es que hicieron una interpretación completamente diferente? Son distintas posibilidades, pero casi nunca podemos entender la perspectiva del lector”, explica.

Aunque nadie borró el petroglifo, la roca acabó convirtiéndose en una suerte de palimpsesto, con otras inscripciones intercaladas. Por ejemplo, debajo de la escena principal se aprecia un íbice, reconocible por su par de cuernos, que los investigadores creen que podría pertenecer a una capa de imágenes más antigua todavía. También hay capas más recientes, incluidas una nabatea, del antiguo pueblo árabe que tuvo por capital la famosa ciudad de Petra, en Jordania, y otra de un grafiti árabe moderno. Lo más fascinante para sus intereses, sin embargo, es que el motivo central de dominación fue copiado, de forma no demasiado precisa, justo a su lado.

“La pequeña escena a la derecha de la escena principal fue una especie de imitación”, observa Morenz. “No podemos probar quién la hizo, pero sospecho que fueron precisamente los lugareños que fueron subyugados quienes la copiaron, porque debían desconocer por completo todo este mundo y este lenguaje de la imagen”, prosigue el investigador. Otra razón para creer que podrían haber sido los habitantes locales del Sinaí, aprecia, es uno de los elementos que no se reprodujo: “En esa escena se omitió al hombre con la flecha en el pecho”.

Hasta la fecha, solo se conocían tres otras muestras de arte rupestre asociadas al dominio de los antiguos egipcios en el sur del Sinaí, y ninguno en el valle de Jamila, por lo que ahora los investigadores están tratando de entender por qué se extendieron tan pronto sus pretensiones territoriales más allá del valle del Nilo. Para empezar, avanzan, ya han descubierto cerca del petroglifo restos de cobre que parecen confirmar una región minera hace más de 5.000 años. Apenas unos días antes de publicar su último estudio, además, Nour El-Din halló otra pintura rupestre en la zona, que aún están analizando pero de la que ya han identificado al dios Min.

A diferencia de las misiones arqueológicas más populares en Egipto, que se sumergen en las profundidades del desierto, en este caso los hallazgos yacen a la vista de cualquiera y se han realizado durante viajes de exploración por esta remota zona en el interior del Sinaí. “Podría resultar muy fácil hacer este tipo de descubrimientos”, admite Morenz, “pero lo que a veces dificulta mucho encontrar este arte rupestre es la luz del sol, porque puede que pases al lado de una roca, haya mucha luz, y no veas prácticamente nada”. “Luego llegas en otro momento del día y ves mucho más”, desliza, “probablemente esa sea una parte importante del juego”.

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