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¿Qué es la erotomanía? ¿Tiene sentido el amor romántico? María Rodés lo cuenta y lo canta

La singular artista catalana dedica un disco a las relaciones sentimentales con un estilo desacomplejado que incluye rumba, electrónica de baile y hasta un reguetón intransferible

He aquí un disco que ofrece mucho más que música: nada menos que una reflexión sobre la idoneidad de aferrarse al amor romántico. Un tema que está sobre la mesa en la actualidad con una línea de pensamiento que interpela a ser, más que nunca, autónomos, a no depender de nadie, tampoco en el amor. Maria Rodés se mete en este jardín con elegancia y una paleta de estilos encomiable que desprecia el piñón fijo. En Lo que me pasa, que así se llama el álbum, Rodés acompasa sus historias con rumba, música electrónica de baile, ritmos latinos, africanismo y hasta pespuntes reguetoneros. Una actitud desacomplejada que cuadra con una de las artistas más especiales del pop español.

La carrera de Maria Rodés rebosa singularidad: inútil etiquetarla, porque allá donde decida involucrarse su estilo será siempre el de Maria Rodés. Nacida en Barcelona hace 39 años, suma ocho discos largos desde su debut en 2009. Ha grabado rancheras, cumbias, coplas, pop indie… Ha registrado discos monográficos sobre brujas (Lilith) o sobre astronomía (Eclíptica), y ha protagonizado dúos con Nacho Vegas, Albert Pla, Coque Malla, La Estrella de David, Ximena Sariñana o The New Raemon. Sus gustos son inabarcables (y siempre existirá un descubrimiento nuevo), de la música llanera venezolana de Simón Díaz al indie hippy de Devendra Banhart. Ha realizado versiones de temas que popularizaron Franco Battiato, Los Chunguitos o Concha Piquer. “Me gusta tocar diversos palos. En Lo que me pasa recojo el sonido más contemporáneo desde que inicié mi carrera. Me apetecía jugar con el autotune, con elementos clichés de la música actual. Igual que hice un álbum de coplas, ahora me parecía divertido grabar uno pegado a la estética urbana”, cuenta Rodés en una cita con este periódico celebrada en Madrid, donde vivió siete años, pero que dejó para regresar a su ciudad, Barcelona.

Rodés vive de la música desde 2017, lo que le ha permitido no recurrir a su plan B, ya que estudió dos carreras: Comunicación Audiovisual y Psicología. Los conocimientos psicológicos le han servido para elaborar las letras de este nuevo disco. “No estoy a favor ni en contra del amor romántico”, explica, “pero sí es verdad que hay una tendencia a denostar el amor romántico; hay una cosa como de: no dependas de nadie, arréglatelas tú mismo, una cosa muy de proautonomía emocional. Y está bien, pero no nos pasemos con esa promoción del individualismo. Está bien depender un poco, hay que asumir ese riesgo, forma parte de las relaciones, de los vínculos con los demás”.

Para llevar a cabo su investigación, la cantante halló en un álbum de fotos familiares que encontró en casa de sus padres la motivación perfecta: una imagen de ella con 12 años agarrada a un palo y en un entorno veraniego. “Me cuadró mucho esa foto, porque es en esa época cuando vives un amor muy idealizado. Yo me enamoré del Leonardo DiCaprio de Titanic. Compartía con las niñas de mi generación los mismos amores románticos: DiCaprio, Brad Pitt, Johnny Depp. Generas vínculos amorosos con estos personajes que no conoces ni conocerás nunca. Y lo vives muy intensamente”.

Y aquí surge un término llamado “erotomanía”, un trastorno psicológico por el que la persona afectada vive historias de amor sin necesidad de que sea correspondido. La artista lo explica: “Grabando el disco de las brujas descubrí a Lidia de Cadaqués, hija de la última bruja de Cadaqués. Ella era una pescadera, de familia súper humilde. Entonces llegó al pueblo el escritor Eugenio d’Ors. Ella se enamora perdidamente de él. D’Ors está unos días y se va, pero Lidia en su cabeza piensa que él se ha enamorado también de ella. Lidia iba por el pueblo diciendo esto y Dalí, que estaba también en Cadaqués, se quedó flipado con su lógica interna de justificar todos los actos de este escritor como mensajes amorosos hacia ella. Me parecía una exageración de lo que hacemos todos al enamorarnos. Es como un espejo: este amor idealizado de la erotomanía no está tan lejos de esa niña que se enamoraba de Brad Pitt”.

En la canción Malo, Rodés satiriza un perfil de hombre. “Porque eres malo, sucio y vago, vas de bueno, pero eres malo. / Porque sin tu madre no vales nada”. La cantante sonríe al explicarlo: “Es un arquetipo de hombre mediterráneo, inmaduro, muy enmadrado, y que busca reemplazar a la madre con una pareja”. Quizá algunos se reconozcan. Ayudan en la tarea de psicoanalizar a los personajes que aparecen por el disco las voces de Soleá Morente, La Bien Querida y Rosario La Tremendita o los sintetizadores de Bronquio (el músico que grabó con Rocío Márquez aquel magnífico Tercer cielo).

Rodés cuenta algo que vio recientemente mientras visitaba el Machu Picchu que conecta con las intenciones de Lo que me pasa, disco que presenta el 20 de febrero en Clamores (Madrid) y el 25 del mismo mes en Apolo (Barcelona): “Mucha gente se hacía el selfi antes de mirar el paisaje. Me pareció tremendo y significativo de la tendencia de los tiempos. Tengo la sensación de que estamos muy en el centro todo el rato, como si el mundo fuese un decorado de nosotros mismos. Igual pasa lo mismo con las parejas, que se convierten un poco en consumo, algo que forma parte de mi yo. Y ese es uno de los rasgos del narcisismo, que dejas de ver al otro porque se convierte en extensión de ti mismo. Y ahí se pierde la empatía. Ojo con el tema de la proautonomía y del no dependo de nadie, porque un poquito de depender de la persona que quieres no es malo”.

Una de las claves del estilo Rodés hay que buscarla en su singular voz, capaz de transmitir toneladas de ternura sin caer en lo melifluo. “No vengo de un entorno familiar donde abunden los achuchones, los abrazos y los ‘te quiero mucho’. Lo afectivo nunca se ha demostrado mucho en mi familia. Siento que esa parte tierna que no he podido desarrollar la canalizo a través del canto”. Y acaba con una frase que le dijo su padre y que a ella le pareció certera y bonita: “Hija, consigues transmitir con tu canto dulzura y calidez, sin ser cursi”.

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