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La decadencia de ‘The Washington Post’ simboliza el declive mediático ante las presiones de Trump

El emblemático diario estadounidense despide a un tercio de su plantilla, reduce la cobertura local e internacional y cierra las secciones de deportes y de libros. Dimite el consejero delegado

El diario estadounidense The Washington Post decidió hace casi una década, a través de un anuncio en la superbowl de 2017, añadir a su cabecera un nuevo lema ante la amenaza que representaba la llegada al poder de Donald Trump. El magnate inmobiliario neoyorquino había ganado las elecciones tres meses antes contra todo pronóstico ante Hillary Clinton. Desde entonces, la frase La democracia muere en la oscuridad corona cada día la primera página de la edición impresa y digital del diario.

Esta semana, sin embargo, Estados Unidos es un poco más oscuro. La dirección del emblemático rotativo, una referencia mundial del periodismo por exclusivas como el Watergate, el caso que hizo caer al presidente Richard Nixon, o los papeles del Pentágono, que contribuyó a acabar con la guerra de Vietnam, ha despedido a un tercio de la plantilla. Cinco días antes de la superbowl de este año, más de 300 trabajadores recibieron un correo electrónico informándoles de que debían abandonar sus puestos de trabajo como consecuencia de un plan de ajustes para tratar de salvar la compañía. Supuso una escabechina en el periódico que ya había sufrido bajas y fugas de algunas de sus estrellas en los últimos años, dejando una redacción muy diezmada.

La decisión se produce tras varios años de ajustes desde la pandemia, una gestión empresarial cuestionada y las dificultades que afronta la industria de los medios desde hace décadas, cuando la eclosión de internet y las redes sociales minaron su modelo tradicional de negocios.

Las miradas se giran ahora hacia Jeff Bezos, el millonario fundador de Amazon, propietario del periódico desde 2013, cuando compró el viejo rotativo por unos 250 millones de dólares a la familia Graham, que lo había mantenido durante cuatro generaciones. Hace poco más de una década, Bezos llegó como un salvador a The Washington Post, prometiendo recursos y asegurando que su inversión tenía una motivación cívica para defender la supervivencia e independencia del medio. Durante los primeros años mostró ese apoyo con inversiones y aislándolo de presiones políticas, pero desde hace dos años parece haber cambiado de opinión, un giro que amenaza con comprometer el futuro de la cabecera.

Los despidos en The Washington Post no son solo unos meros recortes más. Son también el paradigma de las dificultades de los medios de comunicación estadounidenses ante la nueva Administración Trump, que acosa, insulta y demanda a empresas de comunicación y periodistas que cuestionan su gestión como presidente de la primera potencia mundial. Una actitud que compromete el principio democrático de libertad de expresión, que permite a los ciudadanos elegir libremente con toda la información disponible.

Símbolo del buen periodismo

La situación del Post, además, tiene ingredientes que alientan la preocupación sobre el futuro de la democracia estadounidense. Es un símbolo del buen periodismo, de sacar a la luz historias que el poder no quería que se contaran. Es la casa en la que una noche de junio de 1972, un joven periodista que hacía turno de noche escuchaba aburrido la radio policial. Algo se encendió en su cabeza cuando escuchó el mensaje aparentemente anodino: “Se abren las puertas del Watergate”. Llamó y comprobó que tras eso había una noticia. Dio el aviso a la redacción. Dos jóvenes reporteros que trabajan ese fin de semana, Bob Woodward y Carl Bernstein, se hicieron cargo de la historia del espionaje en las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata. Meses más tarde, la cobertura del Post acabó con la presidencia de Richard Nixon.

Martin Weil, aquel joven que levantó el teléfono cuando escuchó la alerta policial sobre el Watergate, es hoy uno de los veteranos de la redacción del Post. Es también uno de los afectados por los despidos masivos.

Los ajustes fueron anunciados el pasado miércoles por el director ejecutivo, Matt Murray. Esa mañana envió un mensaje a la redacción para instarles a quedarse en casa y los convocó a una reunión por videoconferencia a las 10 de la mañana. “Quiero compartir que las acciones que estamos tomando incluyen un amplio reinicio estratégico con una reducción significativa de personal”, dijo Murray, quien aludió a las abultadas pérdidas de los últimos años, más de 170 millones de dólares desde 2023.

Marisa J. Lang, una de las reporteras despedidas del diario, gritaba el pasado jueves consignas en la manifestación que dos centenares de periodistas organizaron en la puerta del periódico. En una mañana gélida, manifiesta su preocupación por el futuro del diario y reflexiona sobre las causas del declive del periódico. Junto a ella está Claire Tran, exeditora de redes sociales: “Lo que vemos es solo un ejemplo de que cuando los multimillonarios son dueños de los medios de comunicación, defienden sus propios intereses, que son las ganancias, en lugar de los intereses del periodismo, de la democracia, de la información para la gente...”.

Murray anunció que las bajas afectarán a todas las secciones. Pero el diario cerrará la sección de deportes, la de libros y el popular pódcast Post Reports. Además, la información internacional perderá importancia; se ha prescindido de numerosos corresponsales, desaparece el equipo de Oriente Medio y de Ucrania. También se reducirán los enviados especiales a otros países para coberturas especiales. La sección Metropolitana, el corazón de un periódico que brilló por su información local, se verá capitidisminuida. La decadencia del Post deja a la capital de la primera ciudad del mundo sin una gran redacción que cubra los asuntos locales, la escena gastronómica, la comunidad educativa y los servicios públicos que han sido seña de identidad del periódico.

La supresión de estas áreas editoriales supone un trauma para una ciudad, donde reside la élite política del país, cientos de miles de funcionarios de la Administración y una gran comunidad de personal diplomático de las embajadas. Por eso los deportes en la ciudad funcionan como elemento aglutinador para crear comunidad, cuenta el jueves a media mañana un periodista que se manifiesta a las puertas de la sede de la compañía, situada en el parque Franklin, a pocas manzanas de la Casa Blanca. “Sí, se trata de dinero. Las noticias locales no generan muchos clics porque no atraen a una audiencia amplia, pero es un servicio público que el Washington Post brindó con gusto durante más de 100 años. Es importante que las personas que viven aquí sepan lo que sucede, y hay otras secciones del periódico que sí generan ganancias y que pueden compensar el hecho de que el personal local no sea una gran fuente de ingresos”, explica Tom Jackman, exreportero de la sección Metropolitana.

La pérdida de la sección de libros también es un drama en una ciudad con una escena cultural vibrante, con un destacado circuito de librerías, donde se presentan los grandes lanzamientos de ensayos y novelas del país. La sección de libros del Post era una de las más influyentes de la prensa mundial.

“Es un mal día. Me entristece que tantos excelentes reporteros y editores, y viejos amigos, estén perdiendo sus trabajos. Mi principal preocupación son ellos; haré todo lo posible por ayudarlos”, escribió en Facebook Don Graham, el anterior propietario del medio, hijo de la legendaria Katherine Graham. “Tendré que aprender una nueva forma de leer el periódico, ya que desde finales de los cuarenta empezaba a leerlo con la página de deportes”, añadió. Bob Woodward, el veterano periodista que publicó el escándalo del Watergate, escribió en Instagram: “The Washington Post ha sido mi casa profesional durante 55 años. Estoy conmocionado porque muchos de mis queridos colegas hayan perdido sus trabajos y de que nuestros lectores vayan a tener menos noticias y sonados análisis. Ellos se merecen más. Haré todo lo que esté en mi poder para hacer que el Post vuelva a ser fuerte”.

Otro de las grandes referencias del periódico, Martin Baron, director del rotativo entre 2013 y 2021, cuando la cabecera alcanzó grandes resultados, calificó que el miércoles “se encuentra entre los días más oscuros en la historia de una de las organizaciones de noticias más grandes del mundo”.

Credibilidad golpeada

Baron, que lideró una de las épocas más fecundas para el diario, recordó que “los desafíos del Post se agravaron infinitamente por decisiones desacertadas que provinieron de la cúpula directiva: desde una orden cobarde para cancelar un respaldo presidencial 11 días antes de las elecciones de 2024 hasta una renovación de la página editorial que ahora destaca solo por su debilidad moral. Los lectores leales, furiosos al ver cómo el propietario Jeff Bezos traicionaba los valores que supuestamente debía defender, abandonaron el Post. En realidad, fueron expulsados por cientos de miles”, sentenció.

El veterano periodista se refería a dos casos que han golpeado la credibilidad del periódico y supuesto un importante golpe para el negocio por la pérdida de más de 250.000 suscriptores. A dos semanas de las pasadas elecciones legislativas, en noviembre de 2024, cuando la dirección tenía listo un editorial para pedir el apoyo para Kamala Harris, Bezos ordenó que el diario no se posicionara editorialmente por ninguno de los dos candidatos, rompiendo una larga tradición del diario. La decisión supuso una decepción para los lectores. Pocas semanas después, cambió la orientación de la sección de opinión para dar “más prioridad a las libertades personales y el libre mercado”. El giro ideológico supuso la renuncia de varios redactores y agrandó la brecha con algunos suscriptores tradicionales.

Bezos lleva un par de años, coincidiendo con el giro en el periódico, tratando de congraciarse con Donald Trump. Tras una cena justo antes de las pasadas elecciones, Amazon anunció que destinaría 70 millones a la producción y promoción de la película documental sobre Melania, la primera dama. Fue uno de los elegidos para acompañar al presidente de Estados Unidos en la ceremonia de toma de posesión. Y recientemente fue uno del selecto grupo de invitados para la premiere del documental de Melania en la Casa Blanca.

Amazon ha despedido en los últimos cuatro meses a un 10% de su plantilla, más de 30.000 empleados del gigante tecnológico han perdido sus empleos, cuando el grupo acaba de presentar resultados récord. Pero también ha anunciado una descomunal inversión de 200.000 millones de dólares, la mayor de una empresa en la historia, para desarrollar la inteligencia artificial (IA). La empresa necesita liberar recursos para destinarlos a la carrera de la IA.

La gestión del consejero delegado, Will Lewis, también es cuestionada por algunos de los periodistas despedidos. Llegado hace un par de años procedente de The Wall Street Journal previo paso por la división de periódicos de Rupert Murdoch en Londres, su gestión ha sido controvertida. Ha introducido herramientas de IA para resúmenes de noticias y ha creado una tercera sala de redacción para relatos experimentales. Los trabajadores le reprochan su distanciamiento con la redacción. Esta semana, cuando se han producido los despidos, no ha dado señales de vida por el periódico.

Lewiss anunció su renuncia el sábado por la tarde (medianoche en España) “para garantizar el futuro sostenible de The Post“, según una nota enviada a sus colegas en la que añadió: ”Ahora es el momento oportuno para que me haga a un lado. Durante mi mandato, se han tomado decisiones difíciles para asegurar el futuro sostenible de The Post“. La alta dirección estaba desencantada con Lewiss después de que este fuera visto en los actos previos de la Super Bowl durante los despidos.

Situación económica compleja

Los periodistas también reconocen que la compleja situación económica del diario tiene mucho que ver con los despidos. En los últimos dos años ha perdido más de 170 millones de dólares por la caída de la publicidad tradicional y la pérdida de suscriptores por los vaivenes editoriales. Durante el primer mandato de Trump, el Post ejerció un periodismo valiente de control de los excesos de la Administración republicana. Sumó suscriptores y su audiencia se consolidó en máximos. Pero el posterior mandato de Joe Biden, que coincidió con los años de postpandemia, provocó un retroceso del interés. Esos años fueron menos intensos en noticias, más aburridos y generaron menos atención.

Además, a raíz de la pandemia se acentuaron algunas dinámicas nacidas en la era digital. La publicidad tradicional ha acelerado su trasvase a Google y Facebook. Los grandes medios han buscado alternativas y dependen cada vez más de los ingresos por suscripción y de los eventos patrocinados. Además, la aparición de medios como The Atlantic o Axios han ampliado la competencia para The Washington Post, el diario con casi 150 años de vida y que, durante los 40 años de presidencia de Katherin Graham, nieta del empresario que lo convirtió en una referencia mundial, logró más de 70 premios Pulitzer y se enfrentó al poder para publicar algunas de las exclusivas más memorables de la historia contemporánea.

El director ejecutivo del periódico lanzó un mensaje a los lectores. “Quiero reafirmar nuestro compromiso con usted de mantener un periódico impreso sólido y robusto para nuestro mercado local, con la cobertura y las noticias en las que usted confía, incluidas las secciones de Deportes, Metro, Estilo y las noticias de portada”, se podía leer en letras blancas sobre una página totalmente en negro al día siguiente de los despidos en la última página de la edición impresa.

Matt Murrat, quien firmó el mensaje dirigido a los suscriptores, agregó: “Nuestra redacción sigue contando con cientos de periodistas de primer nivel. Incluso mientras nos reestructuramos para adaptarnos a las realidades del mercado actual, hemos invertido en mantener fuerte la edición impresa; por ejemplo, invirtiendo en una nueva imprenta para asegurar que podamos prolongar la vida del periódico impreso”.

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