Elegimos la Tierra y los abrazos: lo que cuatro astronautas nos han devuelto desde la Luna
El mismo día que Trump amenazó con exterminar “una civilización entera”, los tripulantes de Artemis nos regalaron una imagen que desnudó al emperador


No es necesario hacer un repaso: llevamos un tiempo en que las cosas tienden a salir mal. Y de pronto, en medio de amenazas de exterminio, nos encontramos con una historia distinta: un grupo de buena gente haciendo las cosas bien. No estamos acostumbrados a que todo salga de maravilla. Esos cuatro astronautas, tan competentes como entrañables, han conseguido ir hasta la Luna y volver. Sin sustos, sin tragedias, sin malas palabras: al contrario, con mensajes de empatía. Lejos de la imagen de los gélidos space cowboys gritando USA, hemos visto hombres sensibles abrazándose y llorando sin avergonzarse delante de todo el planeta, cuando decidieron ponerle a un cráter lunar el nombre de la mujer fallecida del comandante. Han triunfado, humildes, una mujer, un afroamericano, un canadiense, demostrando que todavía podemos tener buenas noticias. Y lo han conseguido a pesar de Trump.
El presidente de EE UU ha sometido a los trabajadores de la NASA a la mayor crisis de su historia. Con amenazas de despidos masivos y recortes sin precedentes, los empleados de la agencia espacial se movilizaron para defender su ciencia. Los caprichos de Trump tuvieron casi un año a la NASA sin un jefe que la liderara. Y aun así, incluso cambiando los planes de la exploración lunar mientras se preparaba el despegue de la misión Artemis 2, lo han conseguido. Todo ha sido espectacularmente bien. Y a Trump no le ha interesado en absoluto, aunque se podía haber apuntado un tanto. Hiperactivo en redes, solo ha publicado dos veces sobre la misión a la Luna: el día del lanzamiento —en lugar de acudir al centro espacial, fue a presionar al Tribunal Supremo— y tras el regreso: “¡El siguiente paso, Marte!”.
Cuando Trump habló con los astronautas en directo, mencionó la misión como “su bebé”, aunque le dedique más tuits rabiosos a Taylor Swift. Pero es cierto: el programa Artemis, que tiene entre sus objetivos que una mujer pise la Luna, se formalizó durante su primera presidencia. Ahora la humanidad visita la Luna en su segundo mandato. La Agencia de Protección Ambiental, que sentó las bases de una defensa sólida y política de la naturaleza, la creó Richard Nixon. Y no por eso renegamos de su valor.
La percepción social es importante y también la perspectiva histórica. Cuando Kennedy dijo aquello tan inspirador de “elegimos la Luna porque es difícil”, no solo hablaba de tecnología, sino también del apoyo popular. En ningún momento durante la década de desarrollo del programa Apolo hubo más partidarios que detractores. El rechazo social frente al gasto espacial era absolutamente masivo entre los estadounidenses: solo uno de cada cinco veía bien el extraordinario esfuerzo presupuestario. La gente seguía estando en contra incluso después de la exitosa misión Apolo 8, que rodeó la Luna igual que Artemis 2, y que nos regaló la fascinante imagen del “amanecer de la Tierra”. Solo después del logro de Neil Armstrong, el imaginario colectivo cambió y ahora hay una percepción totalmente falsa y romantizada de lo que el esfuerzo lunar supuso para Estados Unidos. De pronto, la última meta era la más importante en una carrera espacial en la que los soviéticos humillaron una y otra vez a los capitalistas. Los estadounidenses eligieron creer en esa victoria.
Mucha gente no entiende este viaje ahora, como no lo entendían entonces. Desigualdades, guerras (Vietnam frente a Irán), un planeta que se va al carajo, ¿qué pintamos en la Luna? El retorno científico y tecnológico de la exploración espacial es monumental: gracias a estos programas, en tierra disfrutamos de desarrollos como los chips ya omnipresentes, escáneres médicos o materiales ignífugos que salvan vidas. Pero lo importante es la perspectiva, como explicó la escritora Ursula K. Le Guin: “La vida es un trabajo duro, te cansas, pierdes el ritmo. Necesitas distancia, intervalo. La manera de ver lo bella que es la Tierra es verla como la Luna. La manera de ver lo bella que es la vida es hacerlo desde el mirador de la muerte”. Los astronautas de Artemis 2, con su empatía y humildad, nos han devuelto esa distancia; al superar el peligro mortal de su viaje, nos han devuelto a ese mirador. Y con final feliz.
Por supuesto que ni la ciencia ni la tecnología son neutrales: nunca lo han sido, al contrario, son absolutamente políticas. Por eso fueron a la Luna y por eso vuelven: por política. Ayer era la URSS, hoy es China. En los sesenta, se hizo famosa la crítica racial y social del poema de Gil Scott-Heron, Whitey on the Moon; pero esta vez tienen a un afroamericano, Victor Glover, y a una mujer, Christina Koch. Ella, una auténtica titana del espacio, lo resumió bastante bien en su defensa de la Tierra, mientras Trump y Elon Musk se obsesionan con conquistar (el verbo es importante) Marte. Koch dijo: “Cuando encendimos motores rumbo a la Luna, dije que no abandonábamos la Tierra, sino que la elegíamos. Y eso es cierto. Exploraremos, construiremos. Construiremos naves, volveremos a visitarla. (...) Pero, en última instancia, siempre elegiremos la Tierra, siempre nos elegiremos los unos a los otros”. El mismo día que Trump amenazaba con que “una civilización entera va a morir esta noche”, cuatro astronautas nos regalaron un abrazo dentro de la cápsula Orion, mostrando la desnudez del emperador. Frente a las malas noticias y los malos del mundo, elegimos la Tierra y elegimos los abrazos de los cuatro de Artemis.
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