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Los 10 lugares favoritos de Julio Rojas: “Me atraen los sitios que todavía no están arrasados por el estado de los tiempos”

El escritor y guionista, creador de la audioserie ‘Caso 63’, escoge rincones de Santiago vinculados a su historia personal, su pasado de dentista y sus obras. Entre ellos, el cine ‘Normandie’ y el jardín secreto del Hospital Salvador

Julio Iglesias y un letrero publicitario de Valdivieso en la comuna de providencia, Santiago. Cristóbal Venegas

Instituto de Anatomía de la Universidad de Chile. Estudié Odontología e ir hasta el Instituto de Anatomía era como retroceder completamente al siglo XIX, con esos auditorios de películas de terror, donde había esqueletos, un museo con anomalías anatómicas, pero con un ambiente muy victoriano. Es una isla del mundo victoriano y del mundo de la ciencia del siglo XIX, en Santiago. Es una construcción maravillosa y conserva con especial cuidado un momento donde la ciencia estaba recién abriéndose paso. Además, estaban los pabellones donde nosotros hacíamos disección de cadáveres, pero era un lugar que fue diseñado para honrar a la muerte y es el típico lugar donde [sin que haya una norma escrita] tú no puedes hablar en voz alta. Eso le pasaba a todo estudiante, a todo visitante que pasaba por ahí. Ahí se habla en susurros. Es un lugar de recogimiento. Es como si fuera una cripta. Y eso me asombraba siempre. (Profesor Zañartu 1130, Independencia).

Puente Racamalac. Cuando mi madre estaba embarazada de mí, en los últimos días, decidió subir ese puente para que yo pudiera contemplar esa perspectiva de Santiago. Y cuando estaba arriba tuvo los dolores de parto y no podía bajar. Unos santiaguinos que estaban ahí la ayudaron a bajar, la subieron a un taxi y se fue a la clínica. Mi mamá me dice: “Ese puente fue lo último que viste cuando estabas adentro de mi guata. Ese puente para mí es muy especial porque es tu conexión con Santiago”. Me gustó además el hecho de que mucha gente fue a ayudarla y bajó el puente con mucha gente. Es uno de esos lugares recurrentes que, no voy a cada rato, pero son mis lugares. (Ubicado entre los puentes Pío Nono y del Arzobispo, Providencia).

Bierstube. Es un lugar que ha cruzado mi historia. La antigua facultad de Odontología estaba en Santa María, así que cruzábamos el Parque Forestal y siempre nos íbamos a tomar una cerveza al Bierstube. Así que me ha acompañado desde mi adolescencia. Uno tiene la sensación de que el espíritu del lugar permanece y para mí ese lugar es un lugar icónico de encuentros y de grandes amistades. Me genera algo muy santiaguino. Es como haber descubierto el lugar donde te sientes cómodo. Me atraen esos lugares que todavía no están de alguna manera arrasados por el estado de los tiempos. (Merced 142, Santiago).

Letrero Valdivieso. Encuentro que las ciudades tienen firmas, y las firmas son arquitectónicas, pero también tienen firmas como ese letrero, que tiene que ver con una permanencia de los recuerdos, donde pareciera que, si uno se distrae un poco, ya no sabes en qué momento estás. Recuerdo haber sido muy pequeño, que me llevaban de vuelta a la casa, y haber visto ese letrero. Luego, en grandes momentos, dulces y duros de mi vida, recuerdo haber estado en esa esquina. Creo que es súper santiaguino. (Arriba del edificio en la esquina de Ramón Carnicer y Rancagua, Providencia).

Jardín secreto de la capilla del Hospital Salvador. Yo trabajé durante muchos años como dentista en el Hospital Salvador y descubrí un jardín secreto que hay en la parte de atrás de la capilla del hospital, a donde iba a almorzar. Es un huerto cuidado por unas monjas que genera una sensación de isla. Está en pleno [municipio de] Providencia y es un lugar para meditar. Es muy increíble. Lo puse en Caso 63, que es una audio-ficción sobre una psiquiatra que recibe a un loquito que dice ser un viajero en el tiempo. Todo sucede en un hospital antiguo y la escena icónica ocurre en un jardín que está en la parte de atrás de una iglesia donde rebota el sol en un vitral y los personajes conversan en ese lugar secreto. (Av. Salvador 364, Providencia).

Cine Normandie. El Normandie viejo [que estaba en Alameda] era un lugar icónico. Y me costó apenas un segundo reconfigurar [el cambio de ubicación a la calle Tarapacá de] el nuevo Normandie. Considero que la ciudad tiene que tener su cine, no cines de malls, y creo que el Normandie ha permanecido fiel al espíritu del [local] antiguo. Aparte que se encuentra en un emplazamiento maravilloso. Creo que hay que revisitarlo una y otra vez. La experiencia de estar en ese cine es volver nuevamente al ritual: es un cine de ritual. (Tarapacá 1181, Santiago).

Jardín Japonés. Tiene una vista preciosa a Santiago y es un lugar que definitivamente te calma. Tiene un emplazamiento donde uno puede sentir que hay un estado de paz frente a lo feroz de la ciudad. Estás en un lugar que no parece parte de ese torbellino que es la ciudad. Me gusta ir en las mañanas, cuando hay muy poca gente. Y mucha gente lee ahí. Parece extraño que sea un lugar de lectura. Recomiendo ir después de una lluvia, porque ahí se ve la cordillera en su máxima expresión. (Acceso Pedro de Valdivia Norte del Parque Metropolitano, Providencia).

MUT (Mercado Urbano Tobalaba). Creo que es un anti-mall. No hay mármol ni ostentación. Está a escala humana. Me encantó el proyecto. Creo que es un acierto. Hay un tema de libertad de espacios, semiindustrial, como inacabado, amigable, de encuentro. Me vuela la cabeza. Está ahí el concepto de la plaza. Me gusta ese caos que tiene, de que ya no es un lugar de compras, que es un lugar de encuentro y eso me parece increíble. (Av. Apoquindo 2730, Las Condes).

Santuario de la Naturaleza El Arrayán. Uno siente que dejó Santiago atrás en muy poco tiempo, y estás en un lugar en que las montañas te abruman y hay esa belleza del bosque esclerófilo precordillerano, que no es del sur. Está el arroyo torrentoso y dices, “¿dónde estoy?” Uno va a caminar, a sentarse en una piedra y a mirar. Me ha acompañado toda la vida y generalmente he ido después de las tormentas o después de las lluvias. (Camino el Cajón 21000, Lo Barnechea).

Museo de Historia Natural. Escribí una novela que se llama El visitante extranjero sobre un dentista del siglo XIX. Hay una escena donde capturan la ballena que se encuentra en el Museo de Historia Natural. Todo museo de historia natural en toda ciudad es una contradicción porque es una burbuja en el tiempo: hay una situación de eternidad capturada y te saca del fragor de la batalla. Entras ahí y hay una roca lunar, una ballena gigante, animales disecados, y uno siente la épica que fue construir ese proyecto de captura de naturaleza y congelarla en el tiempo. Me parece hermoso como proyecto. (Parque Quinta Normal, Santiago).

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