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Infancia
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Decidir avanzar

Es crucial que podamos avanzar en el proyecto de ley de Sala Cuna para Chile. No solo por su contenido, sino también por lo que implica en términos políticos. Es la posibilidad real de convertir esos entendimientos en decisiones que mejoran el día a día de las personas

Gobernar con un Congreso fragmentado exige algo más que convicción. Exige método, paciencia y una disposición permanente al diálogo. Cuando las mayorías no están dadas, la política se construye en la conversación y en la capacidad de escuchar, incluso cuando no hay acuerdos inmediatos. Ese ha sido uno de los rasgos de este ciclo: asumir que las respuestas no siempre llegan rápido, pero que postergarlas indefinidamente también tiene costos.

El escenario inicial fue complejo. Inflación elevada, incertidumbre económica y una preocupación creciente por la seguridad marcaban el debate público. Generar y articular medidas frente a esos desafíos fue una tarea prioritaria, porque avanzar en estabilidad es la base sobre la cual se pueden sostener mejores políticas públicas en el largo plazo.

Fue precisamente ese esfuerzo de ordenamiento el que permitió abrir espacios en discusiones que llevaban años estancadas. La reforma de pensiones refleja bien ese punto. Durante más de una década existió un diagnóstico ampliamente compartido sobre la insuficiencia de las jubilaciones. Sin embargo, ese consenso no logró traducirse en acuerdos rápidos. La fragmentación política y la dificultad para ceder fueron postergando las soluciones que millones de personas esperaban. La aprobación de la reforma previsional hace un año reflejó una decisión política relevante: aun con diferencias profundas, es posible llegar a acuerdos cuando la urgencia social lo demanda.

Algo similar pudo observarse en la creación del ministerio de Seguridad Pública. Durante décadas se debatió la necesidad de fortalecer el Estado frente al crimen organizado y el narcotráfico. El diagnóstico estaba presente, pero la discusión no encontraba un cauce compartido. Pese a eso pudimos construir acuerdos y hoy el país cuenta con una institucionalidad especializada, orientada a mejorar la coordinación y la capacidad de respuesta frente a una de las principales preocupaciones de la ciudadanía.

Lo mismo sucedió con la reparación de la deuda histórica con las y los profesores, el royalty minero, orientado a una distribución territorial más justa, o la nueva Ley de Adopciones. Todas ellas evidenciaron que es posible cerrar discusiones que se arrastran por años y responder a problemas que ya no podían seguir esperando.

Estos procesos muestran que, cuando la política se toma en serio, es posible abordar escenarios exigentes, destrabar decisiones postergadas y abrir espacio para transformaciones que impactan la vida de las personas. Ese ha sido el hilo conductor de este ciclo.

La experiencia reciente, sin embargo, también deja una advertencia. La coincidencia en los problemas, e incluso el avance en soluciones compartidas, no garantiza respuestas oportunas. Esa brecha se vuelve más visible cuando los plazos legislativos se acortan. Hoy estamos en ese punto. Queda menos tiempo, pero no menos responsabilidades.

El debate sobre Sala Cuna para Chile ilustra bien este desafío. Llevamos más de dos décadas discutiendo este tema, con conciencia transversal de que la empleabilidad femenina, la socialización de los cuidados y la corresponsabilidad son elementos centrales para el desarrollo del país.

Es crucial que podamos avanzar en este proyecto de ley. No solo por su contenido, sino también por lo que implica en términos políticos. Es la posibilidad real de convertir esos entendimientos en decisiones que mejoran el día a día de las personas.

Los ritmos políticos indican que un Gobierno actúa hasta el último día y que la administración entrante contará con su propio espacio para definir prioridades legislativas. Sin embargo, cuando existe un consenso técnico y un apoyo social amplio, no avanzar resulta difícil de justificar, especialmente cuando se conocen los efectos de esa postergación en la vida de miles de familias.

El desafío es claro. Persistir en la conversación, incluso cuando es difícil, y convertir ese intercambio en decisiones. Hoy asegurar el acceso universal a Sala Cuna constituye un paso impostergable para responder a una demanda largamente instalada. Es una decisión que esperamos que todos entiendan que no admite más espera.

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