La hora de las trabajadoras migrantes
No nos vale un feminismo que solo rompa techos de cristal, queremos que también despegue de suelos pegajosos a la mayoría de las mujeres

En la semana del 8 de marzo, el mundo pone el foco en las mujeres y en las discriminaciones que les afectan. Es de justicia priorizar a las trabajadoras de origen extranjero. Porque a ellas, en especial a las que están en situación administrativa irregular, no les han llegado en igual medida los muchos avances recientes conseguidos mediante el Diálogo Social. Lo que sí les ha llegado es la ola racista reaccionaria.
Aumenta el riesgo de explotación, abuso y violencia, laboral y social. Está pasando. Afrontamos una oleada racista que ha puesto en el foco de sus discursos de odio a las personas migrantes. En realidad, a personas migrantes racializadas.
Si en EE UU las políticas antiinmigración de Trump nos han escalofriado con deportaciones sin garantías jurídicas y utilizando una fuerza paramilitar, aquí, a nuestro alrededor, el discurso xenófobo se reaviva con mensajes trucados (fakes) expandidos por redes sociales al servicio de políticos y voceros ultras. Usan consignas como la “remigración”, un tipo de limpieza étnica para expulsar selectivamente a migrantes por el origen o religión.
Vaya por delante que no van a lograr que renunciemos a nuestra defensa de sus derechos humanos, una prioridad sindical. Lo que buscan es despojarlas de derechos, estigmatizarlas, y sobre todo, sobreprecarizarlas. Mujeres forzadas a trabajar en los sectores más precarizados pese a su formación.
Las mujeres migrantes, que suponen el 52% de nuestra población migrante, no pueden ser ciudadanas de segunda. No nos vale un feminismo que solo rompa techos de cristal, queremos que también despegue de suelos pegajosos a la mayoría de las mujeres. Y en España las mujeres migrantes están expuestas a una triple discriminación: por ser mujeres, por ser trabajadoras, por ser migrantes.
Enfrentan mayores obstáculos laborales y sociales: una segregación laboral y ocupacional aún más intensa que las autóctonas. El 20,4% de ellas trabaja en la hostelería, el 18,7% en empleo del hogar, el 13,85% en comercio, el 8,6% en el sector sociosanitario, el 3% en agricultura. Como el resto de trabajadoras, les afectan la brecha salarial y salarios medios más bajos. Por su mayor contratación a tiempo parcial (que supera en cinco puntos porcentuales a la población autóctona), por su alta presencia en sectores de baja cualificación.
Además, enfrentan mayores obstáculos para acceder a servicios de conciliación. Es decir, se produce la gran injusticia de que las trabajadoras migrantes resuelven, a las familias que pueden permitírselo, los déficits del sistema de cuidados atendiendo a menores y mayores dependientes, mientras ellas lo tienen casi imposible.
Y presentan más factores de desigualdad: más pobreza laboral, más vulnerabilidad económica, más dificultades para acceder a la sanidad, como el acceso al aborto, más vulnerabilidad ante situaciones de violencias machistas, acoso sexual y acoso por razón de sexo en el entorno laboral.
Parte de estas vulnerabilidades deben mejorar con el proceso de regularización extraordinaria anunciado por el Gobierno y que desde el sindicato vemos como una medida necesaria y justa. CC OO tiene abiertas las puertas de sus 400 sedes en toda España y abrirá una línea telefónica exclusiva y gratuita para informarles, asesorarles y acompañarles en sus necesidades administrativas, laborales y sociales.
Las reclamaciones más acuciantes de las trabajadoras migrantes son la asistencia en la regularización administrativa, la equiparación en derechos laborales, mayor protección frente al acoso sexual y la sobreprecarización laboral. Esa es nuestra hoja de ruta, la del sindicalismo de clase feminista.
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