Las sigilosas operaciones de los Piratas, la célula del Tren de Aragua en Chile, involucrada en los crímenes de Ronald Ojeda y Emmanuel Sánchez
Las indagatorias de la Fiscalía arrojan que la banda criminal, nacida en Venezuela, tiene una estructura de mando piramidal que cobra a otros grupos delictivos por el uso de su nombre para operar en los territorios bajo su control


La cadena de mando del Tren de Aragua, una organización criminal nacida en Venezuela que se expandió por América Latina, en Chile es lo más parecida a una estructura piramidal. El liderazgo de Los Piratas, una célula de la banda transnacional que operó en Santiago hasta enero de 2025, se repartía entre los llamados Pure: Carlos Francisco Gómez Moreno, apodado Carlos Bobby; Rafael Enrique Gámez Salas (o Adrián Rafael Gámez Finol), llamado el Turko; y Alfredo José Henríquez Pineda, conocido como el Gordo Alex o Concepción.
Las indagatorias de la Fiscalía, que acusó a 20 de los miembros de Los Piratas de participar en varios crímenes, incluyendo el secuestro con homicidio del refugiado político Ronald Ojeda Moreno, apuntan que Carlos Bobby controló las operaciones del Tren de Aragua no solo en Chile, sino también a lo largo de Sudamérica hasta que fue capturado en Santander, en el nororiente de Colombia, en un operativo policial en diciembre de 2024. Era uno de los hombres de mayor confianza de Héctor El Niño Guerrero Flores, líder y fundador del Tren de Aragua, y había orquestado unos 30 secuestros en Chile, entre otros delitos, país donde residió entre 2019 y 2023.
Los que investigan las operaciones de esta organización delictiva en el país estiman que, a pesar del desbaratamiento de Los Piratas, todavía existen unas cuatro células en la Región Metropolitana de Santiago, sin contabilizar las que operarían en otras zonas chilenas. La Fiscalía sospecha que todas sus directrices son recibidas desde el extranjero, presumiblemente de líderes que estarían en países como Venezuela, Colombia y otros cercanos. “El Tren de Aragua tiene una estructura delictiva que, aunque se desarticulen [sus facciones] o haya procesos de bajas [por detenciones o muertes], vuelven a articularse. De hecho, hemos detectado que cuando la presencia de los integrantes de la organización baja, los traen desde Venezuela a Chile con los gastos pagados (...) Hay un proceso de renovación muy rápido [en sus filas]”, dijo el fiscal Héctor Barros, coordinador de los Equipos contra el Crimen Organizado y Homicidios (ECOH) de la Región Metropolitana, en una conversación con EL PAÍS el 5 de enero.

Los Piratas estuvieron implicados en homicidios de connotación pública en Chile, como el del teniente de Carabineros Emmanuel Sánchez Soto, que murió en un enfrentamiento en el municipio de Quinta Normal, en abril de 2024, y el del exteniente del ejército de Venezuela Ronald Ojeda, un refugiado político en Chile que fue sacado por sujetos disfrazados de la Policía de Investigaciones (PDI) de su departamento en la comuna de Independencia el 21 de febrero de 2024 y cuyo cuerpo fue hallado 10 días después dentro de una maleta enterrada en la toma irregular Santa Marta, en el municipio de Maipú. La Fiscalía tiene indicios de que este último tuvo un móvil político y apuntan a Diosdado Cabello, ministro del Interior del régimen de Venezuela, como posible autor intelectual: tres testigos reservados en la causa apuntan a que este funcionario chavista habría pagado y dado la orden para ejecutar el crimen desde Caracas. Barros no descarta, incluso, que haya otros posibles autores intelectuales. De comprobarse, esta sería una prueba de los nexos de esta banda con el régimen chavista.
Una videollamada para reprender
Carlos Bobby, al que Chile espera extraditar, no solo tenía una orden de captura internacional por los delitos de secuestro y homicidios selectivos, sino también por tráfico de drogas, principalmente de ketamina. En uno de los expedientes de la indagatoria en contra de los integrantes de Los Piratas, al que tuvo acceso este medio, se señala que Gómez elegía a las víctimas de los raptos, dividía y delegaba funciones de sus subalternos, a quienes les pedía rendir cuentas después de cometer los crímenes. Lo suyo no solo era impartir instrucciones, sino que, en una que otra ocasión, hacía llamadas extorsivas a familiares de sus secuestrados para pedir altas sumas de dinero por su liberación y también garantizaba la impunidad de los involucrados en los delitos cometidos por el Tren de Aragua.
Así lo intentó cuatro días después del secuestro de Ojeda, el 25 de febrero de 2024, cuando encabezó una videoconferencia, junto con el Turko, otro de los cabecillas (actualmente detenido en los Estados Unidos), para reprender a los involucrados en el crimen del exmilitar, quienes se encontraban en el barrio irregular Santa Marta, donde mataron y enterraron al disidente, por los errores cometidos en su operación y la repercusión mediática. Su orden fue que había que “curarse en salud”; es decir, que abandonaran de inmediato el territorio chileno. Eso comenzaron a hacer sus subordinados en distintos autobuses para llegar a destinos como Venezuela y Colombia, según conoció este medio. Algunas de las rutas de estos sujetos fueron reconstruidas gracias a fotografías, videos, contactos telefónicos, recopiladas durante las investigaciones de la justicia chilena.
Uno de los hombres de mayor confianza de Carlos Bobby y del Turko, el que le seguía en el escalafón de Los Piratas, era el Gordo Alex. Actualmente está imputado por asociación criminal, secuestro con homicidio y otros delitos.
Él se encargaba de que todas las órdenes de los altos mandos del Tren de Aragua se cumplieran en Chile. También cobraba directamente una especie de impuesto llamado vacuna a mujeres por ejercer el comercio sexual en sus zonas de dominio. Era uno de los llamados jefes de plazas, como se conoce a quienes administran actividades delictivas en ciertas zonas.
Algunos de los miembros de Los Piratas estaban a cargo de la logística, como destinar inmuebles para guardar objetos con los que usarían para cometer delitos y mantener cautivas a las personas secuestradas por la banda. De esto se encargaba Edgard Javier Benítez Rubio, apodado El Fresa. Él huyó de Chile tras el crimen de Ojeda, pero fue detenido en Estados Unidos en febrero de 2025. Otros integrantes cumplían funciones como obtener datos de las víctimas, amenazarlas, secuestrarlas o asesinarlas.
A pesar de los distintos cargos, todos los jefes respondían al Niño Guerrero y a Larry Amaury Álvarez Núñez, conocido como Larry Changa, uno de los cofundadores y líderes del Tren de Aragua, que está preso en Colombia desde junio de 2024. Chile tramita su extradición de este criminal que estuvo en este país entre 2018 y 2022.
Barros confirma esta estructura de mando. Y, además, comenta que el crimen organizado internacional vio en Chile una serie de “mercados ilegales no explotados” o solo “explotados parcialmente” por los grupos delictivos locales. Sin embargo, estos delincuentes también han encontrado un obstáculo en las autoridades chilenas, lo que dejan entrever los mismos integrantes de estas organizaciones delictuales, que no estarían acostumbrados a que en su país de origen u otros se investiguen casos judiciales, como los ajustes de cuentas entre delincuentes, dice el fiscal Barros.

“El Estado chileno tiene una postura de persecución penal y un trabajo policial más serio y dirigido a desarticular esta organización. Ha sido un proceso de aprendizaje para nosotros, que debimos estudiar los mercados ilegales de nuestro país, y esto lo hemos hecho porque se debe pensar en el Tren de Aragua como una empresa criminal. Ellos operan como una empresa comercial; la única diferencia es que sus fines son ilícitos”, añade el persecutor.
Grupos de WhatsApp, registros audiovisuales y otras evidencias
Muchas de las instrucciones impartidas a Los Piratas se impartían a través de grupos de la aplicación WhatsApp. Uno de ellos, que mostraba el icono de una bandera pirata, fue creado por el Turko para coordinar el secuestro de Ojeda. Es por esta vía que confirma a sus subalternos que deben vestirse de PDI para sacar al exmilitar de su vivienda; además, les ordena mantener el secreto del delito y activar a otros miembros del clan criminal.
Solo una semana después de la muerte del refugiado político, el Turko también creó otro grupo llamado De la mano de Dios para secuestrar a otra persona; comisionando a Anthony Barboza Bracho, prisionero en el centro de detención preventiva Santiago I, que contactara a través de Instagram a su víctima, que se dedicaba al comercio, para coordinar un encuentro, en el que finalmente sería raptado por otros dos hombres del Tren de Aragua: Wimner Rivas Olivares y José Narciso Bracamonte.
Varios de estos actos quedaban registrados, pues una de las prácticas más usuales de los integrantes de Los Piratas era enviar fotografías y videos de personas secuestradas o asesinadas a sus superiores, como una muestra del resultado de sus acciones.
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