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V&A East, un museo para escuchar

La nueva sucursal inaugurada esta semana en el antiguo barrio olímpico de Londres busca arraigarse en una zona multicultural sin expulsar a sus vecinos

La fachada del nuevo V&A East, en Londres. Hufton + Crow

Por encima de atesorar sobresalientes objetos decorativos del mundo, la nueva sucursal del Victoria & Albert Museum en el este de Londres, V&A East, está dedicada a la creatividad como motor de cambio. Tal vez por eso tiene dos sedes en Stratford, el antiguo barrio olímpico de la capital británica. Su director, Tim Reeve, habla de una familia de museos. Él mismo despliega un trato familiar con quienes se sientan en los escalones del V&A Storehouse, el almacén del museo de 16.000 metros cuadrados convertido en galería por la agencia Diller Scofidio + Renfro. Inaugurado el año pasado con más de 250.000 objetos expuestos, de una cocina de Fráncfort de Margarete Shütte-Lihotzky a escala real a la silla Calvet de Gaudí, tal vez sea lo más revolucionario en términos de arquitectura museística que se ha levantado este siglo. ¿Por qué? Porque mete al visitante en el almacén. A pocos metros, se inaugura ahora la otra pata de la familia, un edificio cívico que, lejos de imponer un credo cultural, parece construido para escuchar.

Así, aunque su arquitectura esté industrializada, habla de artesanía. Los 479 paneles prefabricados de hormigón tintado de color arena que componen su fachada son todos distintos. Sin embargo, se perciben como parte de un todo. Haciéndose eco de la pluralidad del barrio multicultural donde llega, el museo tiene más de esponja que de pedestal. Por eso habla de individualidad y de comunidad desde su carcasa, una piel cambiante con la lluvia y el sol. “Se relaciona con el barrio, pero mantiene su propia dirección”, explica el arquitecto irlandés John Tuomey. “El edificio es, en realidad, la pieza más importante del V&A East”, apunta su socia desde 1988, Sheila O’Donnell, mientras atravesamos el umbral. “El objetivo es que personas que jamás han entrado en un museo se sientan cómodas aquí”. ¿Cómo buscan conseguirlo? Con una combinación paradójica de misterio y transparencia.

La forma plegada y retranqueada del edificio está, afirman O’Donnell y Tuomey, inspirada en un vestido de Balenciaga perteneciente a la colección del V&A. El diseño del modisto de Getaria rodea el cuerpo sin apenas rozarlo. Esa idea del espacio intermedio es la clave para una circulación esculpida en la propia piel del edificio. Así, el vestido del museo lo anuncia y lo protege. El interior es un espacio racional, flexible porque, cualquier cosa —de un avión a un alfiler— puede exponerse allí. En medio queda la innovación: su circulación.

La escalera rodea las plantas del edificio abrazándolas, siguiendo los quiebros de la fachada. En ella, dos huecos triangulares, como la V y la A de las iniciales de los monarcas que fundaron el museo, anuncian el acceso al edificio de cinco plantas que se percibe como una gran roca facetada. Una gran sala expone piezas de la colección y otras dos acogen muestras temporales que hacen referencias al barrio. El café tiene aspecto cosmopolita y precios de barrio periférico. En la última planta, un auditorio, con acceso a la terraza, corona el inmueble. Es allí arriba, ante lo que hoy llaman el frente marítimo de Stratford, donde uno se sitúa y recuerda aquello de que “la forma de una ciudad cambia más rápido que el corazón de un mortal”.

El edificio acogerá dos galerías permanentes y muestras temporales. La primera, dedicada a la música negra en Reino Unido

Además de albergar dos galerías permanentes bajo el nombre de Why We Make, con más de 500 piezas de arte, arquitectura, diseño y moda en acceso gratuito, el nuevo edificio acogerá exposiciones temporales. La primera de ellas, The Music is Black: A British Story, recorre 125 años de música negra y explora cómo esa tradición ha moldeado la cultura británica.

El V&A East culmina una transformación, la del concurso convocado después de que esos terrenos acogieran los Juegos Olímpicos de 2012. O’Donnell & Tuomey lo ganaron e idearon el plan maestro del nuevo barrio cultural de la mano de otros arquitectos, como Allies + Morrison o los gerundenses Arquitecturia. Este estudio firma el único puente no olímpico, y el más notable, para cruzar por encima de las vías que, durante décadas, han aislado el barrio.

Al otro lado de las vías aparece el que fuera Estadio Olímpico y hoy es el feudo del West Ham. Así, frente al espectáculo de las huellas olímpicas —como ese campo de fútbol o el centro acuático de Londres, obra de Zaha Hadid— los nuevos inmuebles son cercanos, respiran naturalidad. Actualizan la tradición artesana y se sienten tan táctiles como visuales. Lejos de actuar como reclamo, el V&A East tiene la función de arraigarse en un nuevo barrio sin expulsar a los vecinos. Y, al revés, llevándoles el mundo. Esa propuesta es admirable. ¿Su realización? Más peliaguda.

Para llegar desde la nueva estación de metro se atraviesa un centro comercial con tiendas de lujo y un casino. En su arteria principal, la gente se sienta con su ordenador o con un latte como si estuviera en una versión escenográfica de una calle con cafés. Aunque los asientos se agrupan en espacios con nombre de plaza, son falsos exteriores: están cubiertos. Son, en realidad, calles privadas. Es cierto que hay bancos y que no hace falta consumir para sentarse. También hay árboles —olivos, por ejemplo— en grandes maceteros. Lo que más sorprende es que sean de verdad.

Hace años que los bombines dejaron de utilizarse en una ciudad que, además de feudo de la monarquía por excelencia, fue la cuna del punk. Sin embargo, no es esa pluralidad la que habla en el nuevo Stratford. Curiosamente fue la época victoriana la que, con la llegada del ferrocarril y la construcción de pequeñas industrias, convirtió el lugar en un escenario dickensiano, cercano a Oliver Twist. Al otro lado de las vías, hombres despliegan paraguas estampados y frascos de perfume de imitación. Casi todas las mujeres llevan velo. Hay muchas tiendas de empeño y mucha venta ambulante. Eso sí, el supermercado es Sainsbury’s. Como el progreso tiene muchas caras, han empezado a aflorar estudios de artistas. Si Stratford sigue la lógica del mundo mundial, West Ham, al otro lado de las vías, se percibirá más cerca que nunca. Y los alquileres subirán. O… podría ser que no. Puede que, sólo pueda que, Stratford no termine gentrificada como todas las periferias urbanas que se busca mejorar.

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