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El regreso de Venezuela a la comunidad financiera internacional afianza la fase de estabilización trazada por Estados Unidos

La vuelta al FMI y al Banco Mundial permitirá al país refinanciar su deuda y negociar nuevos préstamos que auxilien las deficitarias arcas públicas

Bolivares de diversas denominaciones, en Caracas.Javier Campos (NurPhoto via Getty Images)

En pocas horas, y luego de los acuerdos anunciados entre el gobierno de los Estados Unidos y Caracas, el Estado venezolano ha regresado a la comunidad financiera internacional luego de un prolongado período de aislamiento. La nación ha sido readmitida en el seno del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y con ello se abre la puerta al refinanciamiento de su deuda y a la obtención de nuevos préstamos, bombonas de oxígeno para las debilitadas finanzas locales. La circunstancia ha generado una expectativa muy positiva en actores económicos y financieros, y es consecuencia de la nueva realidad tras de los ataques militares estadounidenses del pasado 3 de enero.

Los anuncios de estos días entre Venezuela y los Estados Unidos, afirman los expertos, vienen todos interrelacionados. Washington ha emitido licencias especiales para permitir operar en el campo internacional a la banca pública local y al Banco Central de Venezuela (BCV). La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha respondido a la medida anunciando la salida de la actual directora del BCV. Laura Guerra, pariente de Maduro, ha sido sustituida por Luis Pérez, miembro del directorio actual. Aunque el nombramiento de Pérez no es una señal muy nítida a la comunidad económica local e internacional, se esperan decisiones más hondas en el Ejecutivo para reestructurar a toda la directiva de esta institución.

“Es un hombre del régimen, pero tiene un recorrido interesante”, afirma sobre el nuevo presiente del BCV una fuente cercana al Banco que ha preferido mantener su nombre en la reserva. “Ha ejercido varios cargos para el gobierno, es de total confianza en el Palacio de Miraflores, y ha estado trabajando activamente el problema financiero internacional del país.” Su presencia en el cargo tiende a interpretarse como una bisagra para adelantar la transición a una nueva directiva.

“El Gobierno de Estados Unidos está hablando del fin de la fase de la estabilización posterior al ataque militar del 3 de enero”, afirma el economista Asdrúbal Oliveros, profesor de la Universidad Central de Venezuela. “Estos acuerdos anunciados buscan estabilizar los ingresos, bajar la opacidad, aprobar licencias que permitan el crecimiento del sector petrolero, opciones para banca pública. Este acuerdo anunciado, me parece, anuncia el fin de esa primera etapa. La llegada de los multilaterales es una excelente noticia. Permitirá un trabajo de seguimiento técnico inicial que es muy importante para rescatar el sistema local de estadísticas y los mecanismos de ejecución de políticas internas. Sienta las bases para diseñar un auténtico plan de estabilización de la economía avalado por los técnicos del FMI. El Banco Mundial puede ayudar mucho con asistencia técnica y recursos para proyectos de gran envergadura, que es necesario reconstruir, como el sistema eléctrico, el de aguas, y el sistema sanitario.”

“Retomar con el FMI y el Banco Mundial es una excelente noticia, por donde quiera que se mire, aunque algunos no lo vean igual”, opina Luis Oliveros, decano de la Facultad de Economía de la Universidad Metropolitana. “Para empezar, Venezuela puede acceder a unos 5.000 millones de dólares que el FMI había aprobado a los países más desfavorecidos para enfrentar la situación de la pandemia, y que jamás pudo usar. También, por supuesto, enfrentar la situación actual de default, el cese unilateral de pagos de la deuda que decretó Venezuela en tiempos de Maduro. Al regresar a los mercados, el país está de nuevo en el ojo de firmas internacionales y de inversionistas. El ‘riesgo país’ de Venezuela cae mucho a partir de este momento”.

El Gobierno de Venezuela, por su parte, no está tomando esas decisiones por convicción. Las medidas aperturistas de Delcy Rodríguez, una medicina que Estados Unidos está prescribiendo a Caracas luego del 3 de enero, contravienen los contenidos fundamentales del chavismo, y comienzan a generar irritación en su militancia.

El distanciamiento de Venezuela con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no es el resultado de ninguna sanción económica o un castigo unilateral de la comunidad financiera. Hace casi 20 años, en abril de 2007, Hugo Chávez había anunciado la salida del Venezuela del FMI, institución a las que calificó como “un instrumento financiero del esclavismo internacional”. La decisión incluyó tiempo después al Banco Mundial. Chávez argumento entonces que el país necesitaba “soberanía económica”; canceló las deudas de la nación con estas instancias y se alejó de ellas de forma definitiva. Luego hizo lo mismo con calificadoras de riesgo y analistas financieros globales, que tendían a avizorar un horizonte oscuro para las finanzas del país a futuro, a quienes dejó de recibir en el Palacio de Miraflores. A partir de 2008, se volvió frecuente que las mandara a todas “a lavarse ese paltó” (que se vayan a paseo) en sus alocuciones públicas. A pesar de la estridencia, el FMI y el Banco Mundial decidieron no agravar la crisis, dejando las puertas abiertas al gobierno de Venezuela para futuros eventos.

Chávez decidió entonces buscar recursos para el desarrollo de sus proyectos en otros parajes, y formalizó acuerdos con centros financieros alternativos, como el Banco del Sur. De manera muy especial, Hugo Chávez consiguió una alianza sólida y estable con el gobierno de China, que se convirtió en uno de los grandes prestamistas de la revolución bolivariana en aquellos años. En 2008, Chávez y el presidente de China, Ju Jintao, anunciaron en Caracas la creación del Fondo Conjunto Chino-Venezolano: un ambicioso acuerdo que formalizó una línea de crédito de carácter rotatorio, en generosas condiciones para el país, con el cual se pensaban financiar proyectos de infraestructura, energía, vialidad y vivienda. La república llego a recibir 67 millones de dólares en préstamos en los dos primeros años, casi todos ejecutados de forma desprolija e ineficaz y, a la larga, materia prima de gravísimos casos de corrupción.

Estado quebrado

El desorden de las finanzas venezolanas se agravó aún más en los tiempos de Nicolás Maduro quien, sin embargo, decidió dar continuar su distanciamiento con el FMI y el Banco Mundial. El endeudamiento del Estado se triplicó, la corrupción se agravó aún más, los ingresos petroleros bajaron y el país entró en cese de pagos de su deuda en 2017, con lo cual ingresó en la lista negra de las finanzas globales. Finalmente, también China canceló sus préstamos a Venezuela, molesta por el pésimo uso dado por los funcionarios del régimen chavista a aquellos recursos. La guinda del pastel fueron las sanciones internacionales al gobierno de Caracas por socavar las instituciones democráticas. Hacia 2018 la quiebra del estado venezolano era total.

Finalmente, en 2019, el FMI decidió por su cuenta tomar distancia del régimen venezolano, desconociendo la legitimidad de Nicolás Maduro ―que se hizo reelegir de forma fraudulenta en 2018― y reconociendo a Juan Guaidó, el líder opositor que decretó la creación de un gobierno interino con ayuda del gobierno de los Estados Unidos. En esta década, el gobierno de Maduro estuvo haciendo esfuerzos por recomponer sus relaciones con el gobierno Chino, y logrando algunos acuerdos parciales con otros países, como Rusia e Irán.

Al comentar el regreso de Venezuela al FMI y el Banco Mundial, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, afirmó que se trata “de un paso muy importante para la economía venezolana, pero también lo que significa Venezuela para nuestra región. Ha sido un gran logro de nuestra diplomacia. Quiero también agradecer a todos los países, a todos los Gobiernos que se sumaron a este impulso del regreso de Venezuela al Fondo Monetario Internacional”.

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