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Que los presos paguen por su comida y crear un documento de identidad para fetos: la falta de propuestas de fondo marca la campaña electoral en Perú

A cinco semanas de las elecciones presidenciales y legislativas, la inseguridad ciudadana es lo que más preocupa a los peruanos, que ven con desapego a los 36 candidatos

Protesta para exigir la dimisión del presidente José Jeri, en Lima, el 28 de enero.Sebastian Castaneda (REUTERS)

La principal preocupación de los peruanos es la inseguridad ciudadana. El inicio de este año fue sangriento: solo en la primera semana de 2026 se registraron 36 asesinatos y los conductores de transporte público continúan siendo asesinados a diario por sicarios. Sin embargo, a cinco semanas de las elecciones presidenciales y legislativas en Perú, los expertos coinciden en señalar el vacío de propuestas técnicas y solventes sobre este tema y otros importantes. La ciudadanía y la política están inmersas en un círculo vicioso entre el desinterés y la desconfianza y la escasez de propuestas que atiendan a las preocupaciones ciudadanas.

Son ocho los presidentes que no han completado el mandato constitucional en una década. Cinco de ellos están investigados (dos en prisión provisional) y uno se quitó la vida antes de pasar por la justicia. El resultado: una desconfianza en la clase política, donde los ciudadanos ya no creen que las cosas puedan cambiar y creen que todos son iguales. Esto tiene un impacto directo en la campaña para las elecciones presidenciales y legislativas del 12 abril, donde los candidatos intentan volver a atraer la atención del electorado, pero sin propuestas estructurales.

En términos de seguridad, los dos candidatos que lideran la última encuesta publicada por Datum, Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga –ambos partidos de derecha conservadora– proponen, respectivamente, que los presos trabajen por sus propios alimentos, y de no ser así que solo se les dé papa y arroz, o enviar a los internos de alta peligrosidad a la selva y que las culebras sean parte de la seguridad. Rodrigo Barrenechea, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Pacífico, explica que “la idea es capturar la atención y generar una sensación ante los votantes de que hay intención de hacer algo radical, incluso si realmente no se lleva a la práctica”. Según su análisis, “son todas propuestas llamativas en una campaña que no logra entusiasmar a la gente”.

Si bien los programas de gobierno de los partidos incluyen propuestas más técnicas y de alcance, como invertir en inteligencia o mejorar las comisarías, también aparecen las famosas mega cárceles, sacar a las Fuerzas Armadas a la calle y otras medidas impactantes para que lleguen al debate público. “Son propuestas performativas. El ejemplo de [Nayib] Bukele [presidente de El Salvador] es una propuesta transversal a varios partidos, no solo de derecha”, explica Jorge Morel, director general del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Y añade: “Plantear una forma democrática de hacer las cosas será difícil, todavía no hay una propuesta razonable que combine la preocupación por lo inmediato y los derechos humanos”. Sin embargo, asegura que sí hay partidos que lo contemplan: son, sobre todo, partidos de centro con personas con experiencia, pero que en las encuestas todavía no llegan a despuntar.

Barrenechea señala que detrás del problema de la inseguridad ciudadana está otro muy grave: la falta de institucionalidad. Pero hablar de ello tampoco despierta el interés del electorado. “Las reglas con las que se gobierna y organiza el Estado no están orientadas hacia el interés público. Y cuando lo están, no se respetan”, explica. Por eso, agrega, “existen problemas de corrupción en la policía, en la justicia y en los penales. Esa es una causa central para la inseguridad”.

Confusión y 36 candidatos

En esta elección del 12 de abril los peruanos tienen que elegir entre 36 candidatos a la presidencia, además de dos representantes a Diputados, tres al Senado y dos al Parlamento Andino. Una única cédula de votación gigante y confusa para la mayoría de los electores, lo que acentúa aún más la desafección por esta campaña electoral. José Incio, politólogo y profesor del departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, sostiene: “No hay una propuesta innovadora”, y añade que al haber tantos candidatos “están tomando la estrategia de hablar lugares comunes con temas que creen importantes o que van a generar división en el electorado”.

Esto último sucedió hace unas semanas, cuando la candidata al Senado con el número dos del partido Renovación Popular (de Rafael López Aliaga) fue acusada de inducir a menores violadas a ser madres en una casa refugio de su propiedad. El tema de la protección a la niñez y el aborto para menores se puso en el centro de la campaña, en un país altamente conservador y católico. Salvo algunas excepciones –algunas como los candidatos presidenciales al Partido del Buen Gobierno, Ahora Nación y Primero la Gente– la mayoría sostiene que está en contra del aborto. Estos temas controversiales también han abierto una puerta para propuestas disruptivas y cuestionables, como la de López Aliaga, quien anunció que desde su gobierno quisieran darle documento de identidad a los fetos.

La fragmentación de los partidos políticos y la falta de confianza del electorado opacan la campaña, que paga con un vago debate público. Si bien el eje de la seguridad acapara la atención, no se han generado otros espacios para debatir temas como educación y salud en un país que sufre la falta de acceso a estos servicios de calidad. Otro tema que los especialistas consideran indispensable es el de la confianza política, en una escena de crisis permanente: “El sistema va a colapsar en algún momento, no se puede tener un sistema que mantenga al Congreso con una aprobación de alrededor de 7% y una presidencia de 5%”, sostiene Incio.

El gasto público –que ha sido parte de lo que ha sostenido la economía peruana en esta década de crisis política– es otro ausente. Pese a que en el último quinquenio ha estado en alerta por decisiones legislativas, ninguno de los planes de gobierno presenta una agenda concreta para sostener un manejo razonable, predecible y sostenible de las finanzas públicas, según un informe del Instituto Peruano de Economía (IPE). Tampoco hay un debate sobre la corrupción y eficacia del Estado, que impacta directamente en el ciudadano al no concluirse obras como las líneas del metro o carreteras.

La campaña, a la que le quedan cinco semanas de vida, es una con “un clima de cinismo, una sensación de que todo da igual”, considera Barrenechea. Según el IPE, aproximadamente un tercio de los ciudadanos en edad de votar no saben por quién hacerlo. Los peruanos tienen que elegir entre partidos que en los últimos años han legislado en base a sus intereses privados o candidatos como Vladimir Cerrón, quien hace campaña desde la clandestinidad y por cuya captura se ofrece medio millón de soles (146.600 dólares). “El prófugo menos buscado”, le dicen.

Los expertos consideran que todavía es temprano para saber qué pasará el 12 de abril, ya que quien encabeza la última encuesta publicada por Datum (Keiko Fujimori) tiene 10,7% y el margen de error es de cerca de 2,5%. Además, Perú es un país donde suelen tomar fuerza candidatos menos populares conforme se acerca la fecha de elecciones. Por ello, los entrevistados consideran que dos cosas marcarán la campaña: en primera vuelta, quien logre conectar con el electorado del sur del país, que lleva una sensación de agravio muy fuerte desde el gobierno de Dina Boluarte y suele votar en oposición a las ciudades de la costa; y, en segunda vuelta, el antivoto, uno muy alto en el país. Los peruanos, finalmente, como en cada elección –que es de participación obligatoria– votarán por su mal menor.

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