‘Caso Marielle Franco’: condenados los hermanos Brazão, los dos políticos que ordenaron el asesinato de la concejala de Río
El Tribunal Supremo falla en el caso por el asesinato político más relevante de la década en Brasil, casi ocho años después del crimen


El clamor que durante años reverberó en Brasil: “¿Quién ordenó matar a Marielle?”, ya tiene respuesta judicial. Dos caciques políticos de Río de Janeiro volcados en defender los intereses de grupos criminales paramilitares, los hermanos Domingos y João Francisco (alias Chiquinho) Brazão, han sido condenados este miércoles por ordenar el asesinato a tiros en 2018 de Marielle Franco, entonces de 38 años y concejala izquierdista carioca. El juez instructor ha enfatizado que aquel fue un crimen político en el que también influyeron la misoginia y el racismo. Con este juicio, tanto los autores materiales como intelectuales del crimen político más relevante de Brasil en la última década han sido castigados. La violencia política se ha cobrado las vidas de unos 700 brasileños, entre electos y activistas, en los últimos 20 años, según un reciente informe académico. Los magistrados anunciarán las penas después de la pausa para almorzar.
Los hermanos Brazão han sido condenados por un doble asesinato consumado (la edil y su chófer), un tercero fracasado y por pertenencia a organización criminal armada. Ambos son veteranos políticos con largas carreras en Río salpicadas de sospechas por sus amistades peligrosas. Chiquinho, de 64 años, coincidió con la víctima cuando ambos eran concejales; él con varios mandatos a su espalda, ella una recién llegada. Al ser detenido y formalmente acusado del asesinato, en 2024, ya era diputado en el Congreso en Brasilia y se vio forzado a renunciar al escaño. Su hermano Domingos, de 60 años, fue suspendido de su cargo como consejero del Tribunal de Cuentas en Río, pero mantiene su jugoso salario de 10.000 dólares al mes.
El caso Marielle, que contiene todos los ingredientes de un thriller televisivo, ha abierto una ventana por la que asomarse a las fétidas cloacas de la ciudad y el Estado de Río de Janeiro, un submundo en el que desde hace décadas el crimen organizado mantiene estrechas relaciones con la política y las fuerzas de seguridad para hacer negocios, asegurarse feudos electorales y garantizarse la impunidad. Los hermanos ahora condenados lideraban un grupo miliciano, como denominan en Río a las mafias de policías a sueldo del crimen, que se dedica a la extorsión y los negocios inmobiliarios. La confesión del sicario que disparó fue crucial para cazar y castigar a los cerebros del crimen. Los magistrados han destacado que el grueso de la delación ha sido confirmada por documentos y testimonios de testigos.
El tribunal ha absuelto del doble asesinato, por falta de pruebas, al entonces jefe de la Policía Civil en Río, el comisario Rivaldo Barbosa. Pero sí es condenado por obstrucción a la justicia y corrupción porque los hermanos lo tenían a sueldo y, después, saboteó la investigación desde dentro. Todo dirigido a garantizarles la impunidad. Otros dos acusados han sido condenados. Uno de los jueces ha recalcado que “no existe el crimen perfecto, existe el crimen mal investigado, en este caso, con dolo”.
Marielle Franco circulaba la noche del 14 de marzo de 2018 en un coche oficial por el centro de Río cuando otro automóvil se colocó en paralelo. El asesino, un antiguo policía militar, empuñó una submetralladora y apretó el gatillo. La edil recibió cuatro tiros en la cabeza; el conductor, Anderson Gomes, tres por la espalda. Milagrosamente, la jefa de prensa de Franco, que iba junto a ella en el asiento trasero, sobrevivió.
El caso ha sido juzgado en el Tribunal Supremo porque uno de los Brazão era diputado federal y aforado. En concreto, por la misma sala que juzgó y condenó al expresidente Jair Bolsonaro por liderar una trama golpista.

En un voto muy personal y emotivo, la jueza Cármen Lúcia Antunes Rocha ha subrayado el componente machista del crimen. Y se ha preguntado... “¿Cuántas Marielles Brasil permitirá todavía que sean asesinadas?“. La magistrada ha confesado que al día siguiente de la ejecución que conmocionó al país difícilmente podía imaginar que ocho años después estaría juzgando a los responsables.
Cuando los Brazão encargaron el asesinato de Marielle Franco perseguían un doble objetivo, según los jueces: eliminar una opositora política que, como parte del Partidos Socialismo y Libertad (PSOL), suponía un obstáculo a sus intereses económicos y, de paso, enviar un recado a cualquiera que se atreviera a imitarla.
Sus señorías ha enfatizado que en otros ingredientes de este asesinato político: “La concejala Marielle era una mujer negra, pobre, que osó ir en contra de los intereses de milicianos, hombres blancos y ricos. Ese era el mensaje. Su error fue que no esperaban esa gran repercusión”, en palabras del instructor del caso, el famoso Alexandre de Moraes.
La víctima era una novata y aguerrida edil, desconocida fuera de Río, a la que su singular perfil y la coyuntura política en aquel 2018 catapultaron a símbolo de la resistencia de la izquierda brasileña contra la extrema derecha del bolsonarismo.
Ninguno de los implicados en el crimen imaginó la repercusión, nacional e internacional, que alcanzaría el asesinato de aquella concejala negra criada en la favela carioca de Maré, activista de los derechos humanos y en defensa de los derechos LGTB+, madre de una hija y casada con otra mujer. Brasil vivía unos meses muy convulsos. Con la izquierda muy debilitada y la entrada en prisión de su carismático gran líder, Luiz Inácio Lula da Silva, para cumplir una pena por corrupción que fue anulada, y la extrema derecha iba lanzada a ganar las elecciones, el caso Marielle se convirtió en el gran símbolo de resistencia.
El de Marielle Franco es el asesinato político con más repercusión en la última década, pero no algo excepcional salvo por haber llegado a juicio y desembocado en condenas de los responsables. Sus enemigos en realidad sopesaron matar a un colega de partido, un hombre blanco, pero desistieron, convencidos de que una edil negra pobre pasaría desapercibida.
La superviviente del tiroteo y las familias de las dos víctimas han seguido el juicio en las primeras filas de la sala. Entre ellas, la hermana de la edil, Anielle Franco, a la que Lula nombró ministra de Igualdad Racial en 2023. El mandatario también incremento los medios para investigar el caso.
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