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Militares en las calles y periodistas detenidos: Venezuela se blinda tras la captura de Maduro

Caracas y la frontera están tomadas por las fuerzas de seguridad chavistas

Venezuela

El silencio. Si algo llamaba la atención en Caracas después de los bombardeos y la captura de Nicolás Maduro, era el silencio. La desolación. Las calles vacías. Una ciudad resguardada, desolada, impactada por lo que acababa de ocurrir. En shock.

Este lunes la situación es otra: ahora Caracas está militarizada, lleno de fusiles y tanques. La situación se repite por el resto del país. Maduro preparó en octubre un decreto de estado de excepción que quedó listo para ser activado por él en caso de una agresión exterior. Eso ocurrió el sábado, cuando unos aviones estadounidenses lanzaron bombas contra instalaciones militares estratégicas que dejaran el camino libre a los helicópteros que debían llevarse consigo al presidente de Venezuela.

El estado de excepción se activó horas después.

Sin Maduro.

Se han instalado ahora puntos de control en la ciudad con agentes de seguridad armados y encapuchados, en los que se está haciendo revisión de teléfonos celulares y vehículos. Las medidas no han sido informadas por el Gobierno, toca intuirlas por lo que ocurre en los check points, pero la Gaceta Oficial con su aprobación se ha filtrado este lunes. En el texto se ordena a la policía “la búsqueda y captura de cualquier persona involucrada en la promoción o apoyo de un ataque armado extranjero”, lo que supone un aumento de la vigilancia y la persecución.

El chavismo se ha blindado para la etapa que viene, con el cambio de mando tras el cambio de mando, con Maduro y su esposa Cilia Flores presos en Nueva York. El decreto tiene una vigencia de 90 días y dispone la militarización de la infraestructura crítica, incluyendo los servicios públicos, la industria petrolera y las industrias básicas, sometiendo de manera temporal al personal de esas áreas a un régimen militar.

En términos operativos, se instruye el despliegue de lo que se conoce como el Comando para la Defensa Integral de la Nación, el refuerzo de la seguridad fronteriza en todos los ámbitos y la activación de la Milicia para labores de defensa militar. El chavismo, en su primer comunicado tras los ataques, llamó a la lucha armada, por lo que funcionarios del Gobierno, diputados y militantes acudieron armados a concentraciones en rechazo a la agresión estadounidense. La fuerza motorizada, que integra a algunos de los colectivos parapoliciales al servicio del chavismo, se ha declarado en manifestación permanente haciendo recorridos por Caracas.

La tensión que marca este nuevo ciclo político en Venezuela, con el inicio del mandato de una nueva Asamblea Nacional y la juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada, también se mide en la hostilidad contra los periodistas. El Sindicato Nacional de la Prensa también denunció la detención por parte de agentes de inteligencia de al menos 14 periodistas y trabajadores de medios de comunicación que cubrían la Asamblea Nacional y sus alrededores y otros lugares de la ciudad. Horas después, tres fueron liberados.

A media tarde, un suceso extraño que se hizo viral en redes. Caracas, de nuevo, parecía encontrarse bajo fuego. La policía disparó contra unos drones que sobrevolaban el Palacio de Miraflores, la residencia del Gobierno. “Lo que sucedió fue causado por drones volando sobre la ciudad sin permiso y disparos de advertencia de la policía; no hubo enfrentamientos, el país está completamente tranquilo”, informó el Ministerio de Comunicaciones de Venezuela.

La situación en la frontera también refleja la tensión del momento. Los puentes que unen Cúcuta con el estado de Táchira, ya territorio Venezolano, eran un ir y venir de comerciantes que hacen negocio a un lado y otro. Del lado colombiano, militares con el fusil a la vista, al lado de tanques, resguardaban esa parte. “Listos para cualquier eventualidad”, decía un soldado con los parches bordados en el uniforme de The Punisher, un vengador de cómic. Llevan ahí apostados desde que el presidente de su país, Gustavo Petro, ordenara reforzar los pasos fronterizos por las tensiones con Donald Trump.

Petro dijo varias veces que no permitiría ningún ataque a Venezuela desde suelo colombiano. No hizo falta. El fuego y la ira llegó desde el aire. Los venezolanos con las cédulas vigentes podían cruzar este lunes después de que sus coches fueran registrados y se hicieran comprobaciones a cargo de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGICIM). A los extranjeros los echaban atrás, a pesar de que algunos tenían nacionalidades de países no necesitan visado.

Los moteros que transportan pasajeros silban como si el mundo no pareciera que arde. “Ya está agarrado Maduro, pero Trump es mucho peor que este”, dice Carlos, más chulo que un ocho. “Queremos paz, paz, paz. Por cierto, 20.000 pesos y te llevo a San Antonio (ciudad de Venezuela)”, dice en medio de un país y otro. Asoma por un muro, a unos metros de ahí, un muchacho de ojos de un verde intenso. “Soy imparcial, ni con uno ni con otro. Lo que queremos es un país activo, como lo era antes”, recuerda con nostalgia.

Empoderada por Dios, a quien le reza todos los días, Loida, vendedora de gaseosas y dulces, tiene sus ideas propias. Nació en Colombia, pero sus padres la llevaron de bebé a vivir a Venezuela. Lo que ocurrió el sábado, dice, no es una invasión. “Los venezolanos propios le dieron entrada, le abrieron la puerta”, explica, haciendo suya la teoría de que Maduro fue traicionado. Loida quiere hacerle llegar un mensaje a Trump porque asegura que ha leído con detenimiento a Simón Bolívar en sus ratos libres. “Empíricamente, puedo decirle, señor Trump, que el tirano era Maduro”.

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