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Los cubanos miran a Venezuela y tratan de descifrar el ritmo frenético que marca Trump

La Habana decreta dos días de duelo nacional por la muerte de los 32 militares cubanos que formaban parte del anillo de seguridad de Maduro fallecidos en Venezuela

venezuela

A la hora que Nicolás Maduro y su esposa eran capturados y conducidos fuera de Venezuela por fuerzas del ejército estadounidenses, durante la madrugada del sábado, un grupo de jóvenes cubanos celebraba un cumpleaños en una casa del Vedado habanero. Compartían música, bromas, unos tragos, hasta que la anfitriona se fijó en una de las notificaciones que mostraba la pantalla de su móvil. Ya entrada la madrugada, la noticia de los bombardeos norteamericanos sobre Caracas, que acompañaron la operación de la captura del mandatario caribeño, suscitó una tertulia que marcó el resto de la velada. Del shock inicial, pasaron al miedo. “Cuba podría ser la próxima”, dijeron algunos de ellos mientras veían los videos de un hecho que —pese a haber sido tantas veces anunciado— para muchos sonaba hasta entonces improbable.

“La primera reacción fue de incredulidad”, dice la anfitriona, una habanera de 26 años que pide no dar su nombre por temor a alguna represalia. “Maduro es un dictador, que estaba ocupando ilegítimamente el poder, pero Estados Unidos no tiene ningún derecho a realizar una intervención militar en ningún país. Es difícil tomar partido en estas circunstancias: por un lado, uno siente cierta emoción porque las cosas cambien y que el nuevo escenario sea positivo. Por otro, sabemos que este tipo de intervenciones extranjeras no salen bien. El miedo a que bombardeen tu ciudad y maten a tu gente se vuelve aterrador”, reflexiona.

Dos días después de que se desarrollara la operación que acabó con Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, recluidos en un penal de Brooklyn, Nueva York, el Gobierno de La Habana publicó una nota de condolencia por la muerte de 32 militares cubanos que formaban parte del anillo de seguridad del presidente venezolano en el momento de su captura, y decretó dos días de duelo nacional en la isla. Mientras, la población trata de descifrar qué significará para ellos la caída de un aliado en horas bajas —pero un aliado al fin y al cabo— y la posibilidad de que la isla pueda ser el próximo objetivo de Washington, como han sugerido Donald Trump y su secretario de Estado, el cubano-americano Marco Rubio.

Concentración en la tribuna antiimperialista

El sábado, apenas los cubanos iban despertando, se enteraban de la operación militar estadounidense en Venezuela, ya fuera por los canales de televisión a los que tienen acceso en la isla -Televisión Cubana, Telesur o Russia Today-, por el mensaje enviado por algún familiar desde el exterior, o por redes sociales, donde no han parado de circular memes e imágenes generadas por IA haciendo alusión a la detención. Paralelamente, las autoridades cubanas convocaron a una concentración frente a la misión diplomática de Estados Unidos en la isla, en la Tribuna Antimperialista, delante del malecón habanero. A media mañana, miles de personas convocadas por el Gobierno cubano se congregaron en la explanada para expresar su apoyo al chavismo, y pedir fe de vida del capturado mandatario bolivariano, al que todavía no habían presentado las autoridades estadounidenses.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció la incursión militar estadounidense en Venezuela como un acto de “terrorismo de Estado”, reivindicó al continente como una “zona de paz”, y aseguró que era “tiempo de definiciones”, en los que Cuba estaría del lado de Venezuela, un país por el que aseguró estar dispuesto a dar su propia sangre. Entre quienes escuchaban estas palabras en la tribuna estaba Karla Picart, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. “Ellos (EE UU) se quitaron la máscara y ya ni disimulan”, dijo en referencia a la conferencia de prensa ofrecida ese mismo día por Trump en las que dijo que su país tomaría el control de Venezuela y su industria petrolera hasta que haya “una transición fiable”.

En esa rueda de prensa, celebrada en su resort de Mar a Lago, horas después de la captura de Maduro también dijo, preguntado por los periodistas, que de Cuba acabarían hablando porque, aseguró, “es una nación fallida”. Trump compareció acompañado por Marco Rubio para quien, como hijo de inmigrantes de la isla, la causa cubana es algo personal y quien advirtió que si viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, “estaría preocupado”.

Las diferencias ideológicas entre cubanos, dentro y fuera de la isla, se perciben hasta en la manera de nombrar lo que ha pasado con Maduro. Mientras las autoridades cubanas y sus seguidores hablan de “secuestro” del mandatario venezolano, muchos cubanos en el exilio, y también dentro, celebran la operación estadounidense con memes o con textos encendidos que auguran el mismo destino para las autoridades cubanas.

En esa línea reflexiona Cristal, una habanera de 30 años. “¿Ahora resulta que María Corina [Machado] no tiene el apoyo de Estados Unidos?”, se lamenta. “Entiendo el sentir de muchos venezolanos que están alegres con lo que ha pasado. Le quitaron a ese tipo, un dictador que ha metido presa a tantas personas, que ha violado derechos humanos. Y me da igual que sea fruto de una intervención extranjera: a los venezolanos, y a nosotros, los cubanos, ya nos quitaron ese sentir patriótico de poner la soberanía por encima de todo. La gente que pasa hambre y necesidades quiere algo mejor para sus vidas y no les importa cómo venga. Yo creo que muchos cubanos están viendo una esperanza, incluso, en algo que posiblemente no lo sea”.

Conforme pasan las horas, la madeja del conflicto se va desenredando por un lado y se enreda más por otro. “La palabra de orden, ahora, es incertidumbre”, asegura Fabio Fernández, historiador y profesor de la Universidad de La Habana, quien no disimula sus dudas sobre si logrará consolidarse un chavismo sin Maduro en el poder. “Uno piensa sobre estos temas y rápidamente la incertidumbre se traslada a Cuba”, acota. Para el investigador, la situación puede abrir una nueva realidad para la isla de implicaciones imprevisibles. “¿Se mantendrán los compromisos entre Cuba y Venezuela? ¿Seguirá llegando petróleo venezolano a Cuba? ¿Cuál será la suerte de los colaboradores cubanos en el país? ¿Cómo se producirá el traslado de esos colaboradores si, de repente, se rompen los vínculos? ¿Cuál es el efecto económico de todo eso para Cuba? Son preguntas complejas y si la respuesta a todo ello es que se desmorona el chavismo y cambia Venezuela, las implicaciones para Cuba serán terribles”.

Pese a que la ayuda de Venezuela a Cuba ha caído considerablemente en los últimos años al ritmo que ha marcado la crisis económica venezolana, las últimas informaciones sobre el envío de barriles de petróleo diario que se tienen, por documentos de PDVSA, son de septiembre de 2025, cuando Venezuela llegó a enviar 52.000 barriles diarios durante el mes, la cifra más alta del año pasado.

El historiador plantea la hipótesis de, si cae definitivamente el chavismo, Cuba puede sumirse en una crisis mucho mayor que la actual. Y para colmo, dice, la isla está “en el centro de la diana de Trump y Marco Rubio”, como ellos mismos han reconocido.“Es un ejercicio de política de fuerza, un rescate de la Doctrina Monroe, donde Estados Unidos marca el terreno de su zona de influencia. Es una acción que responde a un tiempo, a nivel internacional, donde pareciera que las grandes potencias están definiendo sus zonas de influencia, donde no admiten que nadie se mueva a un ritmo distinto al que ellas marcan”. De momento, los cubanos, atentos a lo que pasa en Venezuela, intentan predecir y entender el ritmo desenfrenado que está marcando el presidente estadounidense.

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