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Trump, tras la captura de Maduro: “De Cuba terminaremos hablando, porque es una nación fallida”

Marco Rubio carga contra el régimen de la isla: “Si yo viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, estaría preocupado al menos un poco”

Marco Rubio y Donald Trump durante una rueda de prensa tras el ataque estadounidense contra Venezuela, en Florida.Foto: Jonathan Ernst

No es el momento, ahora que la mirada internacional se concentra sobre Venezuela, pero Donald Trump no descarta replantearse qué posición tomarán respecto a Cuba. O al menos eso dijo, probablemente para endulzar el oído de sus votantes del sur de la Florida. Culminó un año donde la isla, más allá de la suma de algunas presiones al embargo económico, no estuvo en la lista de prioridades de la administración republicana. Ni siquiera cuando el ala más conservadora del exilio creía que Marco Rubio, como Secretario de Estado, usaría su condición de cubanoamericano par extirpar de una vez el castrismo.

Ahora, sin hacer mayor hincapié en un país que no tiene mucho que ofrecer, y obviamente concentrado en Venezuela, Trump aludió de pasada al caso cubano desde la mansión de Mar-a-Lago. “Cuba es un caso interesante”, dijo este sábado. “Ese sistema no es bueno para Cuba, de Cuba terminaremos hablando, porque es una nación fallida”. También aseguró que pretendía “ayudar a la gente en Cuba” y “a las personas que fueron obligadas a salir de Cuba y [que están] viviendo en este país”.

Después de que el mundo confirmase que Nicolás Maduro había sido capturado por agentes secretos estadounidenses y estaba en camino, junto a su esposa Cilia Flores, hacia los tribunales de Nueva York; y luego de las tantas preguntas aun sin resolver sobre lo que sucederá en lo adelante en Venezuela, muchos se cuestionan qué vendrá para los dos aliados que, junto a Caracas, forman la tríada de regímenes totalitarios de la región: Cuba, con Miguel Díaz-Canel al frente, y Nicaragua, bajo la copresidencia de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Aunque ni La Habana ni Managua han sido esenciales en la agenda de Trump, no se descarta que un “efecto dominó” en la política regional termine por ponerle la soga al cuello a ambos gobiernos.

Rubio, quien custodió al presidente durante la conferencia de prensa de este sábado en Florida, expresó que Cuba era “una isla pobre que se tomó Venezuela”. “Cuba es un desastre, es manejada por hombres incompetentes y seniles, no hay economía, es un total colapso”, aseguró. Incluso agregó: “Si yo viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, estaría preocupado al menos un poco”.

Con la noticia de una Venezuela despojada de Maduro, los cubanos se dividen entre quienes desean una intervención como la que acaban de presenciar y los que condenan el intrusismo histórico estadounidense. No obstante, Estados Unidos no ha ofrecido otras declaraciones sobre cómo podría actuar con respecto a Cuba o Nicaragua, más allá de las sanciones económicas o diplomáticas que mantiene contra sus gobiernos.

Desde Managua, sus dirigentes han mantenido silencio sobre la situación en Venezuela y la captura de Maduro; desde La Habana, en cambio, hubo condenas a la intervención. Díaz-Canel demandó de manera “urgente” un posicionamiento de “la comunidad internacional contra el criminal ataque”, e insistió en que “nuestra #ZonaDePaz está siendo brutalmente asaltada”. La Presidencia de la isla convocó a una concentración del pueblo en la Tribuna Antimperialista José Martí, una plaza justo enfrente de la sede consular de Estados Unidos en La Habana, a modo de “condena a la agresión militar imperialista” contra Venezuela.

La captura de Maduro, la promesa de Trump de garantizar “una transición segura” en Venezuela, o la certeza de la líder opositora María Corina Machado de que están “preparados para tomar el poder” componen un cuadro que a muchos les resulta atractivo y, más que eso, les supone el inicio del fin del sandinismo o el castrismo. Los primeros esperanzados son los políticos conservadores de Florida. “Ha caído Maduro, Díaz-Canel y Ortega son los próximos”, dijo el congresista republicano Carlos A. Giménez en X.

Algunas fuentes han asegurado que los datos del Banco Central de Nicaragua y del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio reflejan que el saldo de la importación de petróleo venezolano a ese país actualmente sería casi nulo —ya que con los años han disminuido estas transacciones. El gobierno de Cuba sí sentiría el peso de perder a su aliado ideológico y uno de los principales proveedores de combustible, en una isla ya de por sí dañada por la crisis constante de apagones.

Desde los años 2000, con Hugo Chávez en el poder, Venezuela reemplazó a Rusia en su rol de proveedor, llegando a enviar más de 90.000 barriles de petróleo diario. Hoy, con el país petrolero sumido en su propia crisis, los números han bajado, pero la isla aún recibe unos 30.000 barriles diarios. Sin dudas, el colapso de uno repercutiría en la catástrofe del otro.

“La supervivencia del régimen autocrático venezolano tiene una importancia capital para la supervivencia de las élites políticas cubanas”, dijo anteriormente a EL PAÍS el doctor en Ciencia Política Carlos M. Rodríguez Arechavaleta. Si cae Venezuela, sostuvo, Cuba perdería el referente más importante que tiene en el Cono Sur, “en un momento donde la volatilidad electoral de las democracias latinoamericanas estimula el tránsito de los gobiernos progresistas aliados a gobiernos de la derecha radical con una clara posición confrontativa ante las élites de La Habana. Más que un aliado económico, Cuba perdería un aliado ideológico y simbólico en un momento de crisis sistémica y persistente”.

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Sobre la firma

Carla Gloria Colomé
Periodista cubana en Nueva York. En EL PAÍS cubre Cuba y comunidades hispanas en EE UU. Fundadora de la revista 'El Estornudo' y ganadora del Premio Mario Vargas Llosa de Periodismo Joven. Estudió en la Universidad de La Habana, con maestrías en Comunicación en la UNAM y en Periodismo Bilingüe en la Craig Newmark Graduate School of Journalism.
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