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La operación contra Maduro envalentona a Trump para amenazar a otros países

El presidente estadounidense presume de su doctrina ‘Donroe’ de hegemonía en el continente americano

La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro parece haber envalentonado a Donald Trump. Desde la operación militar de su país el pasado sábado, el presidente estadounidense, cuyo fuerte nunca ha sido la sutileza, ha redoblado la dureza de su retórica. Mientras trata de coaccionar al nuevo liderazgo venezolano para que obedezca a Washington a pies juntillas, lanza amenazas cada vez más abiertas sobre la posibilidad de operaciones similares en otros países de América Latina —incluidos aliados como México o Colombia— y vuelve a hablar de sus ambiciones hacia Groenlandia.

Con el secuestro de Maduro —el propio Trump se ha mostrado de acuerdo en que se trata de una “buena palabra” para definir lo ocurrido en la madrugada del sábado en una base militar en Caracas—, el presidente estadounidense ha demostrado hasta qué punto está dispuesto a llegar cuando se trata de neutralizar a un líder considerado como una amenaza a los intereses estadounidenses. Un punto que él mismo no se había llegado a plantear en serio hasta la segunda mitad del año pasado, tras una primera etapa en la que la intención había sido negociar con el régimen para abrir el acceso de las empresas petroleras estadounidenses al sector energético venezolano.

Pese a las críticas y las denuncias de ilegalidad desde Pekín a Bogotá, pasando por Madrid, la operación, a ojos estadounidenses, transcurrió con el mayor de los éxitos: se cumplió el objetivo —la captura de Maduro— sin víctimas estadounidenses, aunque algunos de los soldados participantes sí resultaron heridos.

“La operación captura la esencia de la política exterior de Trump. Fue unilateral hasta la médula. Prestó mínima atención a la legalidad o a la opinión internacional. Enfatizó el Hemisferio Occidental en vez de Europa, el Indo-Pacífico, u Oriente Próximo. La meta fue el beneficio comercial, en ese caso el acceso a reservas petroleras, y fortalecer la seguridad nacional, en torno a las drogas y la inmigración”, escribe en su blog Richard Haass, presidente emérito del Consejo para las Relaciones Exteriores.

Ver esposado y bajo escolta de personal estadounidense a Maduro, que este lunes ha comparecido ante el juez Albin Hellerstein en un tribunal federal en Nueva York para declararse inocente de los cargos que se le imputan de narcotráfico, le ha dado lo que Washington considera un espaldarazo. A él y a su equipo. Si en diciembre se publicó casi a escondidas la Estrategia de Seguridad Nacional en la que la Casa Blanca declara su objetivo de “restaurar la preeminencia de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental”, ahora esa meta se proclama.

Un tuit en la red social X del Departamento de Estado este lunes alardea, junto a un retrato de Trump, de que América “es NUESTRO hemisferio”, con el “nuestro” en grandes letras rojas. El mismo sábado, Katie Miller, antigua asesora de la Casa Blanca y esposa del consejero de Trump para política interna, el influyente Stephen Miller, publicaba también en esa red social un mapa de Groenlandia, la isla ártica bajo soberanía de Dinamarca que Trump dice quererse anexionar, con los colores de la bandera estadounidense y la palabra “soon” (“pronto”).

El propio Trump, que este lunes no tiene previstos actos públicos, se pronuncia de manera más agresiva y apunta que la intervención en Venezuela puede abrir el camino para otras en otros países y territorios del continente. Desde el sábado, ha mencionado de manera más o menos amenazadora a Colombia y Cuba, para advertirles de que pueden ser los siguientes. También ha declarado a México como un país “gobernado por los carteles” de la droga, y ha vuelto a aludir a Groenlandia, un territorio autónomo que forma parte de Dinamarca. Advierte al liderazgo venezolano que “nosotros estamos al cargo” y reclama “acceso a todo”, bajo amenaza de futuros “peores que el de Maduro”. Y presume de su “doctrina Donroe”, una puesta al día de la doctrina de hegemonía estadounidense en el continente que proclamó hace dos siglos el entonces presidente James Monroe para exigir que las potencias europeas dejaran de interferir en la región.

Apenas horas después de la operación estadounidense el sábado, sostenía en su rueda de prensa desde Mar-a-Lago, su residencia privada en Florida: “El futuro vendrá determinado por la capacidad de proteger el comercio, el territorio y los recursos fundamentales para la seguridad nacional”. “Estas son las férreas leyes que siempre han determinado el poderío global, y vamos a mantenerlo así”.

En el vuelo que le traía de regreso a Washington a bordo del avión presidencial Air Force One, un Trump visiblemente ufano vaticinaba que, tras la caída de Maduro, el régimen castrista en Cuba está “a punto de caer”, pues va a perder el apoyo económico que ha recibido de Caracas durante los años de chavismo y que le ha permitido ir sosteniendo su maltrecha economía pese al bloqueo estadounidense impuesto desde hace más de seis décadas. “No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos”, dijo.

Algunas de las declaraciones más ominosas, sin embargo, se refieren a Groenlandia, un año después de haber expresado su intención de anexionarla y después de meses sin haber vuelto a hacer referencia a ese deseo. “Necesitamos Groenlandia desde un punto de vista de estrategia de seguridad nacional. Está rodeada de barcos de China y de Rusia. La necesitamos para garantizar nuestra seguridad nacional y Dinamarca no va a hacerlo”.

También ha asegurado que si Estados Unidos controlase esa isla de gobierno autónomo sería bueno para la Unión Europea: “La Unión Europea necesita que nosotros la tengamos, y lo saben”. Y, medio en broma, apuntaba que aunque ahora no quería hablar sobre ese territorio autónomo, sí lo hará “en una veintena de días”.

Cuando hace un año el presidente estadounidense se refería a tomar Groenlandia aunque fuera por la fuerza, la amenaza había sonado a mera bravuconada. Pero tras la operación en Venezuela, esas declaraciones no suenan tan descabelladas. Y una intervención en el territorio ártico no tendría por qué producirse en forma militar: la propia Estrategia de Seguridad Nacional alude a herramientas como la imposición de aranceles.

“El presidente Trump no bromea sobre Groenlandia. Un montón de gente en su Administración trabaja en cómo debería ser un ‘acuerdo’ para Groenlandia. Los europeos tienen que tomar esto muy en serio”, ha escrito en X Ian Bremmer, presidente de la consultora Eurasia Group.

La intervención en Venezuela “deja claro que la Estrategia de Seguridad Nacional debe tomarse en serio, y que la Administración Trump ve el Hemisferio Occidental como una región en la que los intereses de Estados Unidos tienen preferencia”, apunta Haass. “Un orden global que ha resistido durante ochenta años está a punto de verse sustituido por tres órdenes regionales (además del de EE UU, los de Rusia y China) que probablemente serían cualquier cosa menos ordenados o libres”.

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Sobre la firma

Macarena Vidal Liy
Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Previamente, trabajó en la corresponsalía del periódico en Asia, en la delegación de EFE en Pekín, cubriendo la Casa Blanca y en el Reino Unido. Siguió como enviada especial conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.
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