¿Hacia dónde debería transitar Venezuela?
Estados Unidos pretende tomar el control de los recursos naturales y perpetuar la era del imperialismo fósil. Pero el paradigma que debe prevalecer aborda la crisis climática

EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.
América Latina había sido una zona en la que no se habían producido intervenciones militares extranjeras por más de 35 años hasta que, a principios de este 2026, Estados Unidos intervino ilegalmente en Venezuela. En un mundo donde el conflicto siempre está presente, no podemos dar por sentado vivir en tiempos de paz. Esta intervención es una afrenta directa a una era de calma y pone las cartas sobre la mesa de lo que Estados Unidos pretende: tomar el control de los recursos naturales de otros países y perpetuar la era del imperialismo fósil.
Lamentablemente, esta no es la primera vez que el país norteamericano promueve este tipo de intervencionismo en nuestra región. Más de 40 injerencias a lo largo de esta relación bilateral han ido produciendo cambios de régimen, a expensas de la llamada Doctrina Monroe —ahora rebautizada por el propio Donald Trump como “Don-roe” —, bajo la cual se prioriza la seguridad nacional de Estados Unidos y que impulsa una economía de guerra altamente lucrativa que combate a todo tipo de ´enemigos´ que contravengan sus intereses.
Entonces, debemos preguntarnos: ¿por qué ahora?, ¿por qué Venezuela? El escenario geopolítico global ha cambiado mucho en las últimas cuatro décadas. Las proyecciones económicas muestran que China superará a Estados Unidos como la principal potencia económica mundial, y diversas economías emergentes han ido ganando fuerza política y económica (léase India, Indonesia, Brasil y México, entre otras). Es evidente que Estados Unidos no está dispuesto a renunciar a su rol de superpotencia, por lo que estamos siendo testigos de una lucha global entre potencias, con Trump liderando una campaña agresiva para mantener el control, incluso mediante la extensión de su presencia hemisférica.

Aquí es donde entra Nicolás Maduro, quien dirigió al régimen chavista dictatorial durante una larga década sin transparencia ni libertades democráticas fundamentales, en la que se anularon más de 20 procesos electorales, e incurrió en graves violaciones de derechos humanos, corrupción y mala gestión económica, desregulación ambiental y crímenes de lesa humanidad —actualmente en litigio ante organismos nacionales e internacionales—. Este régimen chavista floreció en un país con las mayores reservas de petróleo del mundo, lo cual ha generado una dependencia de las exportaciones petroleras que representa un 36 % de su PIB.
La extracción de Maduro, en un país sumido en una grave crisis humanitaria y económica, exige una transición que no se limite al ámbito político. Se necesita urgentemente una transición verdaderamente democrática. Una transición que garantice la libertad de los presos políticos; que permita la reinstauración de elecciones libres, igualitarias, transparentes y democráticas, y que no se limite a mantener la esfera política de Maduro en el poder, sino que facilite a los venezolanos gobernar su país y decidir su futuro, de forma pacífica, bajo su propia soberanía y autodeterminación, sin interferencia de ningún otro país, llámese Estados Unidos o cualquier otro.
Una transición energética justa también será necesaria para Venezuela. Mientras su economía siga dependiendo de la producción y las exportaciones de petróleo, seguirá expuesta a presiones geopolíticas y nuevas crisis de inestabilidad. Además, aumentar su producción de energía fósil, al tiempo que beneficia al país que le impuso un bloqueo económico durante años, ni siquiera es rentable hoy en día. Ya lo dijo el CEO de Exxon Mobil, Darren Woods, en reunión con Trump y otras empresas petroleras: “Las estructuras legales y comerciales de Venezuela no son sujetos de inversión”.
La decisión sobre en qué invertir es precisamente el tipo de paradigma de desarrollo a largo plazo que todos los países, incluida Venezuela, deberían plantearse. El paradigma que promueve el modelo estadounidense es la definición misma de un sistema económico basado en la sobreproducción y el sobreconsumo: la acumulación ilimitada de capital por parte de un número reducido de personas y la explotación excesiva de recursos —especialmente combustibles fósiles—, que ha provocado guerras en diferentes partes del mundo, extractivismo, fracking, violaciones de derechos humanos y desprecio por el derecho y las instituciones internacionales.
Existe otro paradigma, uno que ha crecido de forma constante en las últimas décadas y que está prosperando. Uno que nació de la necesidad de garantizar la seguridad energética, así como de planificar un futuro más seguro y limpio para la humanidad para abordar la crisis climática ya prevaleciente, uno que puede ofrecer una clave para la paz y la estabilidad: un modelo de desarrollo que dé origen a un nuevo contrato social con la naturaleza y altere el orden capitalista fósil establecido, impulsando el potencial casi infinito de las fuentes de energía renovables, así como transiciones socioecológicas que se basen en la colaboración multilateral y apuesten por el beneficio de la mayoría, en lugar del de unos pocos.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.








































