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Turismo
Opinión

¿Por qué invertir en turismo en América Latina y el Caribe?

Entre 2019 y 2024, la región concentró 22.074 millones de dólares en el sector, que se estima que se traducirán en 80.000 empleos

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El turismo sigue siendo un imán para la inversión extranjera en América Latina y el Caribe, y los datos lo dejan claro. Entre 2019 y 2024, la región concentró 238 proyectos nuevos en el sector turístico por un total de 22.074 millones de dólares, que se estima que se traducirán en 80.000 empleos. La cifra confirma el interés en el sector, pero ¿están estas inversiones traduciéndose en desarrollo real para las comunidades, generando empleo de calidad y consolidando destinos sostenibles?

La respuesta no es homogénea, ni en lo que refiere a proyectos específicos ni a países. El impacto y la calidad del desarrollo varían significativamente, mostrando un panorama de claroscuros donde el volumen de capital no siempre se correlaciona con beneficios sostenibles y equitativos.

Lo que tenemos que plantearnos es cómo vamos a abordar el reto para que este pueda traducirse en proyectos concretos que apoyen a las comunidades locales, fortalezcan el capital humano trabajando en el sector y aporten empleo de calidad. Sin duda, invertir en educación implica invertir en las personas, el principal capital con el que cuenta el turismo.

En este contexto, el próximo Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026 de CAF, que se realizará el 28 y 29 de enero en Panamá, con la participación de ONU Turismo, será un encuentro clave en la región. Reunirá a empresarios, líderes influyentes y tomadores de decisión para reflexionar sobre los desafíos más urgentes de la región y construir, desde el diálogo, soluciones que impulsen el crecimiento, la inclusión y la competitividad. Este foro busca precisamente eso: pasar de la cifra al proyecto, y del proyecto a realidades que sostengan destinos más sostenibles, empleos estables y una prosperidad compartida.

La fotografía macro nos ayuda a entender el nuevo tablero de las inversiones. Los flujos mundiales de inversión directa alcanzaron un estimado de 1,5 mil millones en 2024, un 4% más que en 2023; sin embargo, la inversión extranjera directa global cayó un 11%.

Esa doble lectura —basada en más volumen, pero menos confianza— explica por qué muchos inversores aplazaron sus decisiones en 2025: las tensiones comerciales, la inestabilidad geopolítica y la volatilidad general obligan a exigir marcos estables antes de materializar proyectos.

Pero dentro de ese panorama global, el turismo sigue conservando ventajas competitivas claras. A nivel global, en los últimos cinco años, en el clúster turístico se anunciaron más de 2.400 proyectos por valor de 128.000 millones de dólares. La región captó 238 de esos proyectos (22.074 millones), pero, lo que resulta más interesante, en un sector intensivo en empleo, es que esa captación equivale a una apuesta por el trabajo local y por las cadenas de valor vinculadas a los servicios.

Nuevos incentivos

Hay que tener en cuenta que las cifras no siempre garantizan futuro inmediato. Los primeros datos de 2025 muestran que la actividad está aún lejos de ser alta, lo que evidencia que la prudencia ante escenarios desconocidos ralentiza la intención de invertir.

Para reducir esa incertidumbre hace falta respaldo institucional. El nuevo mapa de inversiones no solo necesita seguridad jurídica, sino innovar en la creación de incentivos claros donde se integren la educación, la innovación y el impacto social. Sin esas condiciones, el capital no puede desarrollar todo su potencial en un sector que está siempre a la vanguardia.

Por otro lado, para avanzar en el marco de inversiones, hay que verlas como un eje de transformación del territorio: creación de zonas económicas especiales otorgando beneficios a los inversores a través del entrenamiento a posibles trabajadores turísticos en la zona, establecer zonas francas turísticas con beneficios arancelarios en la creación de hoteles, infraestructura y creación de empleos de calidad. América Latina solo cuenta con tres zonas económicas especiales en turismo, de ahí que la apuesta sea una oportunidad para organizar y fortalecer uno de los sectores promesa en la región.

Además, la demanda acompaña, lo que explica el interés por invertir en el sector. Solo en 2024, el turismo internacional alcanzó 1.465 millones de llegadas y generó 1,746 billones en ingresos. Dentro de ese marco global, América Latina y el Caribe acumularon 79,3 millones de llegadas y 95.500 millones de dólares en ingresos. A nivel nacional, ejemplos como Guatemala (2,34 millones de llegadas; 1.656 millones en ingresos), Honduras (841.000 visitantes; 714 millones) y Perú (3,26 millones; ingresos que alcanzan el 94,6% del nivel prepandemia), muestran mercados con movimiento de inversión real, argumentos que pesan en la decisión inversora.

Ante ese escenario, y con las cifras de 2025 indicando un ascenso global del 4% en el número de llegadas a finales del tercer trimestre, la labor de las instituciones resulta decisiva para canalizar la inversión.

Las más de 20 guías Tourism Doing Business, elaboradas por ONU Turismo y CAF en colaboración con los países de la región, buscan dar al inversor información actualizada en materia económica, incentivos ofrecidos por cada país, proyectos y panorama competitivo que permita tener claridad en el proceso de evaluar un destino. Hoy, más de 10 foros de inversión han logrado activar este objetivo.

Mirando al futuro inmediato, la pregunta, por tanto, no es si existe interés, pues queda claro que lo hay. Lo que tenemos que plantearnos es cómo vamos a abordar el reto para que este pueda implicar proyectos concretos que apoyen a las comunidades locales, fortalezcan el capital humano trabajando en el sector y aporten empleo de calidad. Sin duda, invertir en educación implica invertir en las personas, el principal capital con el que cuenta el turismo.

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