Resistir desde un abecedario: las intérpretes que traducen el zapoteco o el k’iche en Los Ángeles
Un documental sigue el trabajo de Cielo, una organización de mujeres indígenas que usan sus lenguas para garantizar los derechos de los migrantes y preservar la cultura


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“Todo el mundo piensa que el que llega de la frontera de México y Estados Unidos es latino y habla español. Y no es así”. Esta es una de las frases que se repiten en el íntimo documental ‘El río conoce nuestros nombres’, de la productora Nina Films y el colectivo Cielo, Comunidades Indígenas en Liderazgo. Mapudungun, tikuna, guaraní, arawak o wayuu… América Latina es hogar de unas 700 lenguas que nada se le parecen al español y que son una de las caras de la riqueza de un territorio tan plural. Sin embargo, los derechos de los ciudadanos que las hablan se ven sistemáticamente despreciados por Estados o servicios migratorios que asumen que les entienden.
“Esta película es un testimonio del hecho de que, cuando una persona desplazada oye hablar su propio idioma en un momento de crisis, eso puede cambiarlo todo”, afirma la cineasta Anna Andersen, de Nina Films. “Los intérpretes de Cielo no solo están salvando las diferencias comunicativas. Su trabajo es un modelo de dignidad y autodeterminación”. La película aún no está abierta al público, se está presentando actualmente a festivales de cine para su próximo estreno.
Que en la escuela no te expliquen en tu idioma o que en un proceso penal no puedas entender tu condena son ejemplos de violencia lingüística, una realidad muy cotidiana en el continente. “La gente todavía no entendió que hay una conexión directa entre tu lengua y el goce de tus derechos”, explica Odilia Romero. Ella es una de las voces que narra en el documental la historia de la interpretación como uno de los grandes pulsos que le ganan al racismo y la discriminación.

Desde hace una década, la organización que dirige ha ofrecido interpretación en 27 estados de Estados Unidos, atendiendo miles de casos donde la falta de idiomas adecuados se traduce en violaciones a derechos humanos. Esta mujer se ha convertido en un referente de la lucha de personas indígenas que migran. Zapoteca nacida en San Bartolomé Zoogocho (Oaxaca, México), llegó a Los Ángeles siendo niña y, a partir de su propia experiencia como migrante -en la que vislumbró la falta de interpretación adecuada, especialmente en servicios públicos, jurídicos y de salud-, decidió dedicar su vida a la defensa de los derechos de otros inmigrantes. Junto a su hija, Janet Martínez, poeta, fundaron Cielo. Y la organización se volvió una gran familia de 15 intérpretes, que han ido mucho más allá de las palabras.
Durante la pandemia de Covid-19, Cielo lideró traducciones de materiales de salud en lenguas indígenas como K’iche’, Akateko y Q’anjob’al, así como campañas de ayuda económica para familias indígenas que perdieron ingresos y llegaron a aunar 2,3 millones de dólares.

En 25 minutos, el filme se adentra en el corazón de la organización y en las historias de tres mujeres indígenas que hoy hacen activismo desde la palabra. La misma que hablaban sus abuelas, que escucharon de sus madres y que enseñan a sus hijos. Romero, honrada como ‘Mujer de impacto’ por el Ayuntamiento de Los Ángeles y promotora del zapoteco; Alba González, una joven k’iche que emigró de Guatemala por la violencia, y Janet Martínez, poeta y cofundadora de la organización.
Sus relatos cuentan la historia de tantos cientos de miles de inmigrantes que siguen buscando refugio y oportunidades económicas en un Estados Unidos cada vez más hostil con las pieles oscuras. “No puede haber salido a la luz en un mejor momento”, narra la cofundadora de la productora. “Quisiéramos que la película aportara luz. Somos todos humanos y el racismo contra la población migrante es muy doloroso”, añade Andersen.
“Cuando uno habla un idioma, está cargando las tierras, las medicinas, el conocimiento y las plantas”, recuerda Romero. “Cuando se pierde un idioma se pierde un poquito de todo eso también”. Es por ello que el zapoteco suena alto y claro en las calles, los despachos y las consultas médicas de Los Ángeles. “Uno piensa que negarle la interpretación a alguien es cualquier cosa, pero una madre que le dé mal la medicina a sus hijos porque no entendió al médico puede terminar denunciada, criticada y hasta sin la custodia de sus hijos. El idioma es una de las herramientas más importantes que tenemos para defender nuestra vida y nuestros derechos”, zanja.

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