Aída Quilcué: “Las mujeres no podemos quedarnos quejando”
En entrevista con EL PAÍS, la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda asegura que no ocupará un cargo meramente protocolario y tendrá una relación fluida con el presidente. La senadora indígena reivindica su candidatura como parte de la histórica disputa por la tierra y el poder en el Cauca


A una hora y media de su pueblo natal, Aída Quilcué (Páez, Cauca, 53 años), llega a La Plata, en el occidente del departamento del Huila, para ondear las banderas de los pueblos indígenas. Está en plena campaña a la vicepresidencia de Colombia. La plaza principal del pueblo, rodeada de comercios pequeños, se va llenando poco a poco con miembros de las comunidades indígenas, que han viajado en una chiva para alcanzar a quien desde 2022 los representa en el Senado de la República. En la multitud que la espera hay pocas personas locales. La fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda completa tres semanas en una minga indígena con la que recorre todo el suroccidente del país. Es su última parada antes de volver a Bogotá para asistir a las sesiones del Congreso de la República. Termina, dice, donde comenzó todo. “Mi primer caminar en Colombia fue en el departamento del Huila con el consejo regional indígena”.
Quilcué, indígena Nasa, tiene sangre caucana y sangre huilense. Nació en la región de Tierradentro, a caballo entre los dos departamentos y en una montañosa zona de Los Andes que no ha escapado a la violencia. Hace apenas dos meses fue retenida por un par de horas en una carretera en esa misma zona. Para ese entonces no era candidata y estaba a pocos meses de dejar el Congreso, donde es la primera mujer en ocupar la curul especial indígena. Pensaba volver al liderazgo social y a su familia. Estaba lejos de creer que su nombre aparecería en el próximo tarjetón presidencial.
Ahora es la fórmula del candidato que encabeza las encuestas para llegar a la Casa de Nariño y se suma al discurso antiestablecimiento que ha caracterizado a la izquierda a la que los dos pertenecen. “Los medios masivos de comunicación han dicho que este presidente no ha hecho nada y que ha dejado más violencia”, dice la senadora, en medio de arengas, minutos antes de dar una cortísima entrevista a EL PAÍS. Tres horas antes, en Cali, la tercera ciudad de Colombia, hubo un atentado terrorista fallido contra el Batallón Pichincha. Horas después, el terrorismo se extendió hasta Palmira, una ciudad contigua. Y este sábado, las disidencias atacaron a bombazos un bus en la vía Panamericana, en el departamento natal de Quilcué.

La inseguridad, uno de los grandes temas de la contienda, no es central en su discurso. “Vamos a terminar los esfuerzos por la paz, a mantener los diálogos humanitarios y las transformaciones necesarias”. La candidata habla una semana después de que el presidente Gustavo Petro, a quien apoya, suspendiera una de las múltiples mesas de negociación por las que apostó, y lo hiciera por el recrudecimiento de la violencia.
La senadora explica que la mayoría de cargos en su vida han llegado por sorpresa. Desde la consejería mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca o CRIC, la más importante organización indígena regional del sur del país, hasta el escaño en el Senado que ocupa hoy. “Todo eso ha llegado por los méritos de haber caminado siempre junto a la gente. La sorpresa que me dio Iván [Cepeda] cuando me pidió acompañarlo en la campaña, se debe a que el proyecto político del cambio surge de esas luchas populares, sociales y comunitarias”.
Consciente de que la Vicepresidencia tiene funciones limitadas, Quilcué está segura de que, si llega al Gobierno, no se quedará en un cargo meramente protocolario. Cree que desde allí deberá asumir también otro rol con capacidad real de decisión. “Cuando ganemos esta contienda, nos sentaremos con Iván a hablar sobre qué rol voy a ocupar yo”, dice.
La reflexión no es gratuita, y se ha repetido Administración tras Administración desde que la Constitución de 1991 creó la figura. En el Gobierno Petro, la relación entre el presidente y la vicepresidenta Francia Márquez inició con muchas fuerzas, pero se rompió de forma casi total, lo que dejó en evidencia las tensiones que puede generar un cargo simbólico, con pocas funciones definidas y amplias expectativas políticas. Quilcué se cuida de no mencionar al presidente político de izquierda ni a la lideresa afro, pero deja claro que esa experiencia cercana le ha dejado una lección: “Tenemos que mejorar la relación entre la Presidencia y la Vicepresidencia; debe haber una comunicación fluida en la construcción del país”.
-Francia Márquez, caucana como usted, abrió un camino, pero ella misma se ha quejado de que el Presidente la ha aislado. ¿Teme que le pase lo mismo?
-No. A las mujeres en Colombia nos sembraron el machismo y la exclusión. Las mujeres no podemos quedarnos quejando, tenemos que arriesgarnos con decisión, con compromiso contra nuestros pueblos. A mí me han querido excluir muchas veces, y no solo en el Gobierno, pero tenemos que mostrar nuestra capacidad. Si nos dejamos excluir, perdemos nuestras batallas.

Dice que no descarta que “algún día” haya que reformar la Constitución para replantear la figura de la Vicepresidencia. Esa discusión se conecta con otro debate que la izquierda trae de forma recurrente: la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente. Aunque lo plantea con cautela, la senadora no la descarta. “Lo que hemos hablado con Cepeda de Constituyente es que no vamos a dar un paso hacia ella sin antes adelantar un diálogo con los que no están de acuerdo”, señala.
La llegada de Quilcué a la campaña fue leída por muchos como un símbolo de la histórica disputa por la tierra en el Cauca, marcada por las tensiones entre las élites terratenientes y los pueblos étnicos que han reclamado autonomía y territorio. La senadora y candidata uribista Paloma Valencia, una de las principales competidoras de Cepeda, también es caucana, pero proviene del otro Cauca, el de los apellidos tradicionales, la colonial ciudad de Popayán, el poder político y económico. Nieta del expresidente conservador Guillermo León Valencia, su familia encarna parte de esa historia. A inicios del siglo XX, el líder nasa Manuel Quintín Lame se enfrentó al sistema de terraje y a las haciendas que mantenían a las comunidades indígenas en subordinación; entre sus principales opositores estuvieron los Valencia, en una disputa que marcó la historia política del departamento desde entonces.
Quilcué, que recuerda la historia de Lame cada tanto durante la entrevista, niega ser la némesis de la candidata de derecha, aunque reconoce lo que, para ella, las diferencia. “Paloma viene de una familia que ha discriminado, despojado y maltratado a nuestra gente como Quintín Lame, que fue torturado por los Valencia. No queremos volver a ese pasado de nuestros ancestros. Y si toca conversar con ellos para que le bajen al odio, la polarización y la mentira, lo hacemos”, dice.

-¿Estaría dispuesta a sentarse con Paloma Valencia en esta campaña? ¿Qué le diría?
-Sí, me sentaría. Eso no significa que ellos se tengan que volver indígenas ni yo me tenga que volver de derecha o del Centro Democrático. Lo haría en el marco del respeto y la diferencia, y a buscar puntos que nos lleven a respetar la vida y la dignidad.
El equipo de la senadora interrumpe la entrevista antes de lo acordado. Aída Marina Quilcué Vivas, una mujer que encarna la lucha femenina, no alcanza a contestar los cuestionamientos sobre el machismo en el Gobierno que defiende, cuál sería su legado de ser la primera vicepresidenta indígena o qué cambios haría frente a lo que ha hecho Petro. En la tarima marcó la línea de defensa del presidente de izquierdas, y reivindicó, como su máxima defensa, los derechos de los pueblos étnicos y campesinos a los que representa.







































