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Las cinco cosas que pueden cambiar este domingo en Colombia

La llegada de la ultraderecha, la fuerza de la izquierda o la atomización del Congreso se definen en las elecciones legislativas y las consultas del domingo

Un hombre deposita su voto en una urna en Bogotá el 29 de octubre de 2023.NATHALIA ANGARITA

La jornada electoral de este domingo 8 de marzo va más allá del cambio rutinario del Congreso. Los colombianos elegirán a los miembros del Senado y de la Cámara de Representantes para el período 2026-2030, y además podrán participar en una de tres consultas interpartidistas para definir candidatos presidenciales. Por eso, lo que se juega es múltiple: la composición del Congreso que acompañará al próximo Gobierno, el liderazgo dentro de cada bloque político y la configuración del mapa electoral rumbo a la primera vuelta presidencial del 31 de mayo. Cinco grandes preguntas quedarán respondidas con los resultados de la noche del domingo.

1. ¿Llegó la ultraderecha a Colombia?

El abogado penalista Abelardo de la Espriella irrumpió hace unos tres meses en las encuestas con una propuesta de ultraderecha, una personalidad irreverente y un discurso de outsider. Eso lo ha convertido en uno de los candidatos presidenciales con mayor intención de voto. Aunque no participa en ninguna de las tres consultas del domingo, su partido sí está en las urnas: el minúsculo Movimiento de Salvación Nacional, que lo avaló y sigue esa misma línea de ultraderecha, tiene listas al Senado y a la Cámara.

Las mediciones más optimistas, las del presidente del partido Enrique Gómez, lo ubican como una fuerza significativa en el Senado, con un millón de votos que podrían darle una porción de las 102 curules; las más conservadoras ponen en duda que supere el llamado umbral que permite acceder a la repartición de escaños, y que estará alrededor de los 600.000 votos (el 3% de todos los votos válidos). De llegar al Senado con una votación significativa, la fuerza del tigre —como De la Espriella se llama a sí mismo— quedará refrendada y Colombia estrenará en julio una fuerza de ultraderecha con representación parlamentaria propia. En cambio, si Salvación no multiplica varias veces sus escasos 35.000 votos al Senado en 2022, su pujante imagen en las encuestas quedará en entredicho justo al inicio de la campaña presidencial.

2. ¿Existe una izquierda sin Petro?

La segunda gran pregunta del domingo toca directamente la estructura del campo progresista. El Pacto Histórico, partido del presidente Gustavo Petro, probablemente sea la primera o segunda fuerza en el Senado. Pero la clave no es solo cuántos votos obtenga, sino cómo se compare esa votación con los casi 2,9 millones de votos de 2022 y cuánto sacan quienes, siendo de izquierda, decidieron caminar por fuera de su sombra.

Roy Barreras y su lista de coalición, el Frente Amplio Unitario, es la principal disidencia en la izquierda. La otra es la que encabeza el exalcalde de Santa Marta y candidato presidencial Carlos Caicedo, quien rompió públicamente con Petro. Tiene listas propias en una alianza de su partido, Fuerza Ciudadana, y Comunes, colectividad surgida del Acuerdo de Paz con las extintas FARC. El desafío para ambas fuerzas es el umbral: en 2022, Fuerza Ciudadana no lo logró. Además, candidatos del partido Dignidad y Compromiso, como el exsenador Jorge Robledo y el representante Jeniffer Pedraza, se declaran de izquierda. Si el Frente Amplio de Barreras y la coalición de Caicedo superan esa barrera este domingo, la izquierda colombiana habrá demostrado que puede existir —y competir— por fuera de la órbita directa del presidente. Si no, el petrismo consolidará un dominio casi monopólico sobre ese espectro, lo que condicionará también las alianzas presidenciales de los meses venideros.

3. ¿Qué peso tiene la derecha establecida?

La derecha tradicional se medirá en la votación legislativa de los partidos de ese espectro y, sobre todo, de lo que ocurra en la Gran Consulta por Colombia. En ella compiten nueve candidatos de centroderecha y derecha por una candidatura que le disputaría los votos a De la Espriella en la primera vuelta. Tiene una favorita clara: la senadora uribista Paloma Valencia lidera con amplitud la intención de voto. Además, el resultado legislativo del Centro Democrático, el partido del expresidente Álvaro Uribe, será un termómetro. También lo serán los resultados de Cambio Radical y el Partido Conservador, que aspiran a mantenerse como fuerzas relevantes en el Congreso. El volumen total de votos que sumen estos partidos, y su contraste con los votos de la izquierda, dirá cuánto peso tendrá la derecha institucional en las negociaciones y alianzas que vendrán de cara al 31 de mayo.

4. ¿Es el centro una alternativa de poder nacional?

Entre esos interrogantes sobre la izquierda y la derecha, aparece un centro político atomizado. Enfrenta varias dificultades, empezando por la negativa de Sergio Fajardo, tercero en la mayoría de las encuestas y exalclade de Medellín, de participar en una consulta que lo unificara. Por ello, la llamada Consulta de las Soluciones tiene solo dos candidatos y una clara favorita en Claudia López, excalcaldesa de Bogotá. Por lo tanto, el lunes 9 habrá por lo menos dos candidatos visibles de este espectro político. La cantidad de votos por la consulta y por López ayudarán a definir el tamaño del espacio que queda labrado para el centro, algo que no será tan fácil de leer en las legislativas. Esa es, justamente, la segunda dificultad: no existe un gran partido de centro. Algunos de los que intentan ocupar ese espacio, como la Alianza Verde o incluso el Partido Liberal, han terminado rotos por dentro y con congresistas aliados de la izquierda y la derecha. Otros, como el Nuevo Liberalismo o la ASI, o los nuevos Dignidad y Compromiso y En Marcha, probablemente arañen unas pocas curules. En la medida en que lo logren, y en que la consulta sea más votada que las de izquierda y derecha, más espacio tendrá el centro para las presidenciales.

Leonardo Huerta y Claudia López, en la Registraduría Nacional, el 4 de febrero.

5. ¿Tendrá Colombia un Congreso menos atomizado?

Uno de los grandes interrogantes del domingo no es quién gana, sino quién sobrevive. Con 28 partidos compitiendo por el Congreso, la fragmentación del sistema político plantea un desafío adicional para cualquier Gobierno que busque mayorías en el Capitolio. En el actual Senado hace presencia una decena de fuerzas, y el resultado fueron cuatro años de negociaciones permanentes, bloqueos y lealtades cambiantes.

Las encuestas sugieren que dos partidos, de los dos grandes polos ideológicos —el Pacto Histórico y el Centro Democrático— podrían concentrar en conjunto cerca de la mitad del Senado. El resto quedaría repartido entre fuerzas que actúan con mayor flexibilidad. Esa franja intermedia determinaría el equilibrio. El Partido Liberal, que probablemente mantenga la tercera bancada del Senado, tiene congresistas petristas, críticos permanentes del Gobierno y figuras que navegan entre los dos bloques. El Partido Conservador, que en el papel se ubica a la derecha, acumuló con Petro una cantidad inusual de congresistas que votaron con el oficialismo. Cambio Radical, ideológicamente de centroderecha, ha evitado siempre quedar subsumido bajo el Centro Democrático. La Alianza Verde, en principio de centroizquierda, alberga aliados incondicionales del presidente y críticos permanentes; La U sigue sin ideología nítida.

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