El Partido Liberal mantiene su poder electoral pese a su crisis ideológica
Con unas listas al Senado y Cámara centradas en los políticos tradicionales, los rojos aspiran a sumar dos millones de votos y mantener la tercera bancada más grande del Congreso


El Partido Liberal de Colombia, el mismo que gobernó el país en buena parte del siglo XX, no tiene candidato presidencial desde hace ocho años, cuando se quemó estrepitosamente el exnegociador de paz Humberto de La Calle. Ideológicamente, sus congresistas pasaron el Gobierno de Gustavo Petro divididos entre los afines al presidente y los duros opositores a las reformas del jefe de Estado. El director del otrora poderoso partido, el expresidente César Gaviria, pasó de gritar hace una década “Uribe mentiroso” a reunirse con el expresidente Álvaro Uribe para buscar una estrategia conjunta contra el oficialismo. Aun así, y aunque los electores buscan la renovación política en partidos nuevos y candidatos outsiders, el establecimiento liberal resiste cada elección legislativa casi intacto. Varios analistas coinciden en que los rojos serán uno de los partidos más votados el domingo, cuando se defina el Congreso 2026-2030, lograrán volver a elegir los 14 senadores y 32 representantes que obtuvieron en 2022, y mantener la tercera más grande del congreso.
“Creo que logran mantener su poder”, dice el analista político y abogado Hector Riveros, quien fue miembro del partido. “Van a hacer algo que ya se volvió costumbre, porque en las listas hay políticos tradicionales que sacan 100.000 votos en promedio. Si se van unos, los logran reemplazar con otras personas con el mismo nivel de apoyo”, añade.
Los pesos más pesados son el senador Lidio García y el exsenador Héctor Olimpo Espinosa, políticos del Caribe que pueden superar los 100.000 votos con facilidad. La cabeza de lista al Senado es García, presidente actualmente del Congreso y un firme y duro opositor a Petro. Cuenta con una maquinaria aceitada en el Caribe, especialmente en su departamento, que le permitió ser el liberal más votado en las legislativas de 2018 y de 2022. Este año cuenta adicionalmente con el apoyo de su primo y aliado, el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay. Espinosa, también de oposición, fue gobernador de Sucre del 2019 al 2023, impulsó a su sucesora, Lucy García Montes, y logró llevar a su hermana Karina al Senado hace cuatro años.
Pero del lado más afín al petrismo también hay pesos pesados, como Camilo Torres, número 12 de la lista abierta al Senado y sobrino del megacontratista Euclides Torres, cabeza de un clan familiar con mucho poder en el departamento caribe del Atlántico. Otro ejemplo es la representante María Eugenia Lopera, que tiene el impulso de su jefe político, el senador antioqueño Julián Bedoya. Cada uno podría también sumar otros 100.000 votos.
Incluso hay nombres más cuestionados, como el exgobernador de Santander Richard Aguilar, hijo del parapolítico Hugo Aguilar. Richard tiene ocho procesos abiertos en la Corte Suprema de Justicia por contrataciones que hizo cuando fue mandatario regional, del 2012 al 2015. Aunque no cuenta con el caudal electoral de hace una década, se espera que pueda movilizar al menos 50.000 votos. Otro cuestionado es Yessid Pulgar, quinto renglón de la lista, hermano del exsenador Eduardo Pulgar, condenado por haber buscado sobornar a un juez y quien maneja los hilos del poder desde la cárcel. La familia tiene actualmente en el Congreso a la senadora Claudia Pérez, esposa de otro hermano de Yessid y Eduardo, y quien obtuvo más de 110.000 votos hace cuatro años.
Esos nombres cuestionados no han pasado desapercibidos. “César Gaviria le vendió este partido a lo peor de la clase política corrupta”, dice en un video Juan Carlos Lozada, el representante bogotano que busca ahora llegar al Senado e intenta hacerlo movilizando un voto de opinión liberal. “Es la vergüenza del partido que pasó de Jorge Eliecer Gaitán a Richard Aguilar, de Alfonso López Pumarejo al clan Pulgar”, continúa sobre sus compañeros de lista. “Los corruptos del partido siempre me dicen que me vaya, y yo les respondo: que se vayan ellos”. Como ocurre en las listas con voto preferente, o llamadas abiertas, los candidatos son a la vez aliados que buscan que el partido logre la mayor votación para tener más curules a repartir, y rivales, pues esos escaños se distribuyen entre ellos en función de los votos que obtengan.
Con otros nombres claves para la suma a la que le apostó el Partido Liberal al configurar las listas ―Fabio Amin en Córdoba, Laura Fortich en Atlántico, Óscar Sánchez en Cundinamarca, Álvaro Monedero en el Valle del Cauca, Alejandro Chacón en Norte de Santander― pueden llevar a que el viejo “trapo rojo”, el del que fuera el partido mayoritario en la Colombia de la segunda mitad del siglo XX, pueda alcanzar dos millones de votos, cerca de un 10% del total esperado. En la lista al Senado aparece incluso la hija del director del partido, María Paz Gaviria, con el sonoro número 100 de la lista al Senado, aunque es su primera candidatura y no es claro que tenga el capital electoral para competir con los grandes caciques.
Sin embargo, los observadores coinciden en que el Partido Liberal mantendrá su fuerza. La siguiente pregunta es qué hará para las presidenciales de mayo. Los otros llamados partidos tradicionales —el Conservador, Cambio Radical y La U— también carecen de un candidato propio, pero esperan tomar una decisión después de ver los resultados de la Gran Consulta por Colombia, en la que nueve aspirantes de derecha buscan rivalizar con el ultra Abelardo de La Espriella por la candidatura antipetrista. En el caso de los liberales, a pesar de que César Gaviria remarque su antipetrismo, la decisión es más compleja. “El partido no va a tener posición oficial, porque esta depende de una convención, y ya no tienen tiempo para convocarla”, explica el analista Riveros. “Eso, en la práctica, los deja libres”. Como pasó a lo largo del Gobierno de Petro, algunos irán a la izquierda, otros juegan en la derecha, unos más se mantienen en una zona intermedia. Pase lo que pase, en todo caso, los congresistas liberales mantienen su poder.
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