Colombia moderniza su plan de vacunación
Los nuevos tipos de inmunización abren una ventana para reducir enfermedades y muerte, pero su impacto depende de sus coberturas, la confianza de la población y una mayor coordinación


Las vacunas son la estrategia de salud pública más efectiva que hay. Así lo indica Germán Camacho, infectólogo pediatra y profesor de la Universidad Nacional, quien celebra lo que considera “muy buenas noticias” por la modernización del esquema oficial, llamado Programa Ampliado de Inmunización o PAI, en Colombia. La inclusión de la vacuna del dengue, la incorporación nacional de la vacuna contra el Virus Sincitial Respiratorio (VSR) y la estrategia complementaria adoptada por Bogotá frente a ese virus marcan, según varios expertos, un fortalecimiento de la prevención en un sistema de salud tensionado. “Junto con el agua potable, las vacunas son la estrategia que más muertes han prevenido y más vidas han salvado en el mundo”, enfatiza Camacho.
El Ministerio de Salud anunció que el 14 de febrero inició la introducción gradual de la vacuna contra el dengue en el esquema nacional. Está dirigida, por ahora, a niños de 9 años o que cursan cuarto grado en 18 municipios priorizados, porque allí es endémica la enfermedad transmitida por el mosquito aedes aegypti. La dolencia representa una carga significativa para el sistema de salud: Colombia registra alrededor de 125.000 casos anuales (123.756 en 2025, según el Instituto Nacional de Salud); el 37% presentan signos de alarma, cerca del 3% evoluciona a formas graves y deja entre 120 y 140 muertes cada año. Camacho subraya que la vacuna, con una efectividad cercana al 85%, complementa, pero no reemplaza, las estrategias tradicionales de prevención: eliminar criaderos del mosquito, evitar el agua empozada, usar repelente y ropa que cubra toda la piel.
La decisión fue celebrada incluso por funcionarios de la Alcaldía de Bogotá que han tenido choques recientes con el Gobierno nacional. El secretario de Salud, Gerson Bermont, calificó la inclusión como “muy buena”. “Toda inclusión que se haga en el programa es bienvenida por la comunidad científica”, dijo, al tiempo que expresó su deseo de que el Ministerio evalúe incorporar la estrategia complementaria que la capital ya adoptó frente al VSR.
Se refiere al segundo avance en la vacunación: desde noviembre el Ministerio de Salud comenzó a aplicar en todo el país la vacuna contra el VSR a madres gestantes entre las semanas 28 y 36. En agosto comenzó con un piloto en los departamentos de La Guajira, en el extremo norte del país, y Chocó, en la costa Pacífica, y en noviembre lo convirtió en un programa nacional. Con ello busca que las madres desarrollen anticuerpos que protejan a sus recién nacidos durante los primeros seis meses de vida, el momento más crítico de la enfermedad, que infecta y lesiona las vías respiratorias.
Esa vacunación a madres gestantes es la primera de las dos patas de la estrategia “híbrida” que Bogotá, una ciudad que concentra el 17% de todos los habitantes del país, puso en marcha esta semana. La segunda, y complementaria, es la inmunización de los niños menores de un año. El VSR, que afecta especialmente a esa población y a los adultos mayores, es la principal causa de hospitalización en menores de seis meses. Sus picos coinciden con los “picos respiratorios”, las épocas del año en las que circulan más virus y con más intensidad. En Colombia se suelen dar entre marzo y mayo, en temporada de lluvias, con otro repunte en noviembre. En las semanas de alta circulación pueden registrarse hasta 12.000 infecciones respiratorias agudas en menores de cinco años, explica Camacho, frente a 4.000 en periodos de baja transmisión.
La inmunización de los recién nacidos no es a través de una vacuna, sino con la aplicación del anticuerpo nirsevimab, priorizando a los que no estén completamente protegidos, por motivos como el nacimiento prematuro, las cardiopatías o displasias pulmonares, o porque transcurrieron menos de dos semanas entre la vacunación materna y el parto. El tratamiento suministra las defensas ya creadas, a diferencia de la vacuna, que inyecta una proteína del virus para que el cuerpo mismo produzca las defensas.
La vacunación a gestantes también comenzó en noviembre en la capital. Según el secretario Bermont, van más de 13.700 madres vacunadas, que corresponden a los 1.200 partos semanales que se presentan en la ciudad. Para Camacho, este es un “gran avance”, pues hasta entonces las medidas se limitaban a higiene y distanciamiento. Aunque había otro anticuerpo monoclonal, palivizumab, que requería cinco dosis y estaba restringido a niños de altísimo riesgo, alrededor del 13% de la población vulnerable, cuando la mayoría de las muertes por VSR ocurre en niños previamente sanos, según resulta el especialista.
El subsecretario de Salud Pública y profesor de la Universidad del Norte, Julián Fernández explica que inmunizar a todos los recién nacidos exclusivamente con un anticuerpo es altamente efectivo, pero costoso: Chile lo hace y suma dos años sin muertes por VSR, pero son una dosis de nirsevimab que cuesta unos 200 dólares, mientras la vacuna se acerca a los 30 dólares. “Bogotá combina lo mejor de dos mundos”, concluye, y señala que el primer objetivo es reducir las hospitalizaciones y las secuelas, aunque también espera impactar la mortalidad. Y es que el virus es el mayor motivo de muertes por infección respiratoria en menores de cinco años: en Bogotá, el 57% de las que se dieron en esa edad durante el primer semestre de 2025 estuvieron asociadas al VSR. La ciudad registra alrededor de 20 muertes anuales por estas infecciones, asegura Fernández, quien recuerda que puede dejar secuelas como asma y disminución de la capacidad pulmonar, y ejerce una fuerte presión sobre los servicios hospitalarios.
Pese a los avances, los retos son significativos. El primero es aumentar y sostener las coberturas. “No son las vacunas incorporadas en el plan las que salvan vidas, sino las aplicadas”, insiste Fernández. Colombia ha sido históricamente fuerte vacunando gestantes y niños pequeños, pero presenta dificultades en los adolescentes y los adultos mayores. Los expertos coinciden en que es necesario innovar en estrategias para llegar a las poblaciones dispersas y hacerlo a lo largo de toda la vida.
Otro desafío es la desinformación. Aunque el movimiento antivacunas no tiene en Colombia tanta fuerza como en Estados Unidos u otros países, sí ganó visibilidad por la pandemia. Fernández advierte que combatirlo requiere generar confianza y educación científica, teniendo cuidado de no darle plataforma al discurso y amplificarlo.
Finalmente, ambos expertos alertan sobre el riesgo de reintroducción del sarampión, enfermedad eliminada en el país hace décadas. Los brotes actuales en Estados Unidos y México, sumados a la movilidad internacional en eventos como el mundial de fútbol, incrementan la probabilidad de casos importados. El sarampión es extremadamente contagioso: una persona puede transmitirlo a 18 no vacunadas, y es infeccioso incluso antes de que aparezca el sarpullido. “Van, se infectan afuera y llegan a enfermarse en Colombia”, resume Camacho.
El país moderniza su PAI con nuevas vacunas y estrategias innovadoras; el desafío es convertir esas decisiones en coberturas sostenidas y blindarse ante amenazas que, aunque prevenibles, pueden reaparecer si baja la guardia.
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