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La burla de Matador a Paloma Valencia expone la violencia política contra las mujeres

El caricaturista y candidato al Senado por el Pacto Histórico agredió a la aspirante presidencial de la oposición con comentarios e imágenes de su cuerpo

Paloma Valencia

Julio César González, el caricaturista colombiano conocido como Matador, inicia su campaña al Senado de la República con una denuncia en su contra ante el Consejo Nacional Electoral. Su nombre en la escena pública, esta vez como candidato del oficialista Pacto Histórico, no ha trascendido precisamente por la defensa de ideas o propuestas. Los focos del debate se han encendido por una publicación en redes sociales en la que se burla de la apariencia física de la senadora Paloma Valencia, candidata presidencial del opositor Centro Democrático. El director de la colectividad más representativa de la derecha, Gabriel Vallejo, anunció una demanda contra González “por cometer actos de violencia política”. “El Pacto Histórico debe sancionar severamente al misógino de Matador. De no hacerlo, ese partido se convertirá en cómplice de violencia política contra la mujer”, agregó el excongresista en X.

Hasta ahora ni el Pacto Histórico, ni su máximo líder, el presidente Gustavo Petro, han rechazado el comportamiento del caricaturista. Matador —que en 2013 enfrentó una denuncia de su exesposa por violencia intrafamiliar— publicó una imagen de la escultura de la paloma de la paz de Fernando Botero, comparándola con un video de la senadora degustando alimentos típicos y una fotografía de ella de cuerpo entero, con una frase del asesinado humorista Jaime Garzón. “Paloma Valencia no se ‘dirige’ al país. Se ‘digiere’ al país”, escribió. Vallejo advierte que el comentario viola la ley 2453 de 2025, que establece medidas para prevenir, atender, rechazar y sancionar la violencia contra las mujeres en política.

La norma, que se estrena en la actual campaña, fue sancionada por el presidente Petro el año pasado, como registró la Presidencia. “El Gobierno continúa impulsando iniciativas de género encaminadas a destacar el papel de la mujer en la sociedad colombiana y a protegerla frente a abusos en los ámbitos político y digital”, se lee en un comunicado oficial de abril. Falta ver si el partido del mandatario aplica la ley a su propio candidato.

Los ataques contra las mujeres por su aspecto físico esconden una amenaza de fondo para la democracia y la participación femenina en espacios de liderazgo político. En Colombia, la representación de las mujeres se acerca al 30% en el Congreso de la República, por debajo del promedio del 35,8% de América Latina. Solo 6 de los 32 departamentos tienen gobernadoras y hay 146 alcaldesas, un tímido 13% del total de municipios. ONU Mujeres advierte falta de garantías para aumentar su participación. El estudio 3.000 voces por la democracia: Experiencias de candidatas en Colombia para erradicar la violencia contra las mujeres en política, divulgado por esa organización, revela que tres de cada cuatro candidatas en las elecciones regionales de 2023 afrontaron algún tipo de violencia durante su campaña. El 41,2% reportó agresiones en redes sociales y el 27,3% evitó debates o una mayor exposición por miedo a la violencia digital.

Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE) exige acciones más sólidas de prevención, y sanciones efectivas. “Las mujeres tienen que estar en el debate político. Buscar excluirlas a través del uso de violencia simbólica y psicológica que van dirigidas contra la condición humana, empobrece la conversación pública y refuerza los estereotipos de género”, afirmó. Al igual que en las elecciones al Congreso de 2022, en esta oportunidad el 60% de las candidaturas inscritas corresponden a hombres y el 40% a mujeres. Solo seis de las 16 cabezas de lista al Senado son mujeres.

En el caso de Valencia, las reacciones aparecieron en cadena. “Esto es discriminación contra la mujer en la política. La burla, vacía de contenido, acude a estereotipos sobre el cuerpo de la mujer”, señaló la defensora del pueblo, Iris Marín. Mujeres de larga trayectoria en la política se pronunciaron como si se tratara de un desahogo propio. “Respaldo y solidaridad con Paloma Valencia. Ya no más violencia contra las mujeres políticas”, escribió la exvicepresidenta y exministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez. “La violencia política contra la mujer no es un chiste: mi solidaridad con Paloma Valencia frente a ataques disfrazados de ‘humor’ que buscan deslegitimar, menoscabar y ridiculizar el liderazgo de las mujeres que participamos en política”, repudió la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro.

Se sumaron voces afines al Gobierno, como la embajadora de Colombia en el Reino Unido, Laura Sarabia, calificando el ataque como un viejo truco del machismo: “El debate es de ideas, no de cuerpos”, enfatizó quien fuera una de las figuras más cercanas a Petro. El rechazo se ha elevado sin distingo de género. “Usted es un misógino y un verdadero maltratador. Toda mi solidaridad con Paloma Valencia”, afirmó el precandidato presidencial David Luna. Se unieron expresiones de otros aspirantes, como las de Juan Manuel Galán y Sergio Fajardo.

“Agradezco todos los mensajes de solidaridad, me llenan el corazón. Muestran que estamos dispuestos a parar los maltratos de mujeres. Como política he recibido muchos, pero son millones de mujeres las que son agredidas en sus propios hogares”, respondió la primera mujer candidata a la Presidencia por el Centro Democrático.

Pese a los cuestionamientos, Matador se ha escudado en el derecho a la libertad de expresión. “No me voy a retractar porque eso es lo que hace la caricatura, desdibujar el poder y explicarle de manera pedagógica a la gente lo que está pasando en el país”, declaró a Caracol Radio. “La violencia contra la mujer no es una caricatura”, respondió en redes el precandidato presidencial Juan Daniel Oviedo. El también exdirector del DANE expuso cifras sobre la violencia intrafamiliar que afecta, principalmente, a las mujeres. “El humor y la ironía caben en la política. La violencia contra las mujeres, no”, insistió.

La violencia política también proviene de algunas mujeres y cambia de esquinas ideológicas. La senadora del Centro Democrático María Fernanda Cabal que salió en defensa de Valencia —“No es crítica, es cobardía disfrazada de sátira”, cuestionó a Matador— más tarde atacó a la senadora del Pacto Histórico María José Pizarro: “Ya no puede ir a El Salvador. Parece una representante de los Maras Salvatruchas”, dijo replicando una publicación en la que Pizarro lucía el tatuaje de un jaguar. “¿No que era despreciable burlarse del físico? Parece que su moral es selectiva”, reaccionó la congresista de izquierda.

Además de las medidas disciplinarias internas que deben tomar los partidos para frenar la violencia política, la ley establece que el Consejo Nacional Electoral, que regula a estos movimientos, los debe instar a prevenir, investigar y sancionar estas conductas, so pena de imponerles cuantiosas multas. Los avances a favor de la participación política de las mujeres, que existen en el papel, se ponen a prueba en el vertiginoso ritmo de las campañas.

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