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Mujeres en la ciencia
Opinión

Un lugar para las mujeres en la Luna (y en la ciencia)

Christina Koch es la primera mujer en viajar a la Luna, un hito que ha sido posible por el impulso a la educación femenina en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas

Christina Koch entes de abordar la nave de la misión Artermis II, en Cabo Cañaveral, el 1 de abril.Chris O'Meara (AP)

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Cuenta Christina Koch que cuando era pequeña le decía a sus profesoras que quería ser astronauta. “Nadie me dijo que era algo inalcanzable. Y sea por ese apoyo o por mi propia cabezonería, me lancé de lleno a cumplir mi sueño”, comentaba a los periodistas en 2023. En este momento Koch (Grand Rapids, Michigan, 47 años) está sobrevolando, a bordo de la nave Orión de la misión Artemis 2, la Luna y se ha convertido en la primera mujer en la historia de la humanidad en viajar al satélite de la Tierra. Este hito no solo rompe con una línea del tiempo en la que solo los hombres alcanzaban los objetivos espaciales, sino que muestra lo esencial que resulta la educación para las mujeres en campos como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés).

Koch es una ingeniera eléctrica y física que ha sido asignada como especialista en el regreso de la NASA a la Luna. Es la astronauta encargada de que todos los equipos a bordo de Orion se encuentren funcionando durante el viaje de 10 días. El camino de Koch a la Luna ha sido más largo que los miles de kilómetros que la nave recorre: en sus días trabajando para la NASA se convirtió en la mujer que más tiempo ha pasado en la Estación Espacial Internacional – 328 días, casi un año– y participó en la primera caminata espacial solo de mujeres en 2019, en total ha estado en el espacio exterior más que cualquier mujer: 42 horas y 15 minutos.

Su impresionante currículum se compagina con un talento nato para educar. En su cuenta de Instagram acumula miles de vistas sobre experimentos que realiza en sus tareas diarias, como un acto de divulgación científica que está atado al ejercicio de su profesión. “Al principio rehuía la idea de hablar de un récord, o del número de días, esas cosas. Pero personas con las que abordé esto me enseñaron que los hitos le importan a la gente, y que compartirlos ayuda a educar sobre dónde estamos, sobre la exploración humana. Sirven de inspiración a gente que puede tener que enfrentarse a sus propios desafíos”, ha comentado a la prensa.

La astronauta Koch ha navegado la transformación, en las últimas décadas, de los entornos educativos y profesionales para las mujeres. Según la ONU, en el mundo las mujeres solo ocupan el 28% de los puestos de trabajo en STEM y la organización detecta un fenómeno sistémico: cuando los empleos relacionados con estas áreas de estudio son del sector de los cuidados, como en los servicios de salud, la cifra aumenta hasta un 70%. Cada vez más mujeres llegan a las universidades, pero todavía es muy reducido el número de quienes eligen una carrera en STEM. En América Latina, el 41% de las graduadas en estas carreras son mujeres.

La ONU detecta dos momentos cruciales que están impactando en la participación femenina en esta área. Primero, que la falta de modelos, las normas sociales de género tradicionales y las expectativas de familiares y maestros pueden impactar en la decisión de las mujeres sobre si seguir sus estudios en una carrera en STEM. Y segundo, que una vez que han logrado romper la barrera educativa y se han graduado, algunas mujeres son desalentadas por las condiciones laborales –como estereotipos que no fomentan su desarrollo profesional o la falta de conciliación con la vida familiar– y frenan sus trayectorias profesionales. Hoy más que nunca, las condiciones para que las mujeres participen en STEM están sobre la mesa, pero son las normas sociales las que están evitando su impulso. Por eso, el viaje de Koch a la Luna es importante.

Los tropiezos de la NASA en cuestión de género son memorables. Está la historia de la primera astronauta estadounidense, Sally Ride, a quien la agencia preguntó si para un viaje de siete días necesitaba llevar 100 tampones, llegado el caso de que tuviera la menstruación. O la postergación de la caminata espacial de mujeres en 2019, ante el hecho de que los trajes de astronautas disponibles eran demasiados grandes porque estaban diseñados para hombres. La agencia espacial estadounidense ha buscado corregir su rumbo en esta cuestión y desde el comienzo del siglo XXI ha impulsado programas paritarios para astronautas, así como para los científicos que trabajan en la Tierra. A la fecha, el 35,32% de la plantilla de la NASA está compuesta por mujeres. Además de Koch, las transmisiones desde el centro de control en Houston (Texas) muestran también una mayor intervención de sus colegas mujeres en cargos con mayor responsabilidad.

Sin duda, la participación de las mujeres en profesiones de STEM contribuye a que el conocimiento mire en rincones que hasta ahora no han sido explorados. El papel de la astronauta estadounidense en la misión Artemis 2 es la base para que más mujeres en el futuro sigan sus pasos. Ha abierto brecha y ha trazado un camino, cuyas huellas muchas científicas pueden replicar. En los testimonios de Koch, previos al viaje, está permanentemente un mensaje que alienta a pensar en comunidad, que no es nuevo, pero que suele venir de las mujeres que buscan la igualdad. “Apoyen a la gente que los rodea. Asegúrense de que piensan en el éxito de su gente cercana y de que los ayudan”.

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