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Gemma Parramon, psiquiatra: “Se han ridiculizado cosas que le pasan a la mujer para invisibilizarla y hacerla callar”

La médica acaba de publicar ‘Será por las hormonas’, un libro donde disecciona los sesgos de género en medicina y cómo la mirada androcéntrica de la ciencia ha construido la percepción sobre la salud femenina

La psiquiatra Gemma Parramon, autora del libro 'Será por las hormonas', en una sala del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona.Massimiliano Minocri

Cuenta la psiquiatra Gemma Parramon (Campdevànol, Girona, 54 años) que un día, cuando apenas era una residente de primer año y estaba empezando su andadura en la medicina, un ginecólogo le dijo: “Mira, yo en cuanto las pacientes entran por la puerta de la consulta, ya sé si son histéricas o no”. Esa escena, sintomática de una medicina históricamente androcéntrica y abducida por los roles de género, se le quedó grabada. Tanto, que vuelve a ella, 25 años después, para ilustrar cómo los sesgos machistas y la mirada patriarcal de la ciencia han construido, hormonas mediante, la percepción social sobre la salud femenina.

La médica, que pasa consulta en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y es vocal de la Sociedad Catalana de Medicina con Perspectiva de Género, atiende a EL PAÍS en una sala del centro sanitario apenas una semana después de que llegase a las librerías Será por las hormonas (Vergara), un libro en el que disecciona cómo la cultura, los roles sociales y las estructuras de poder han (mal)interpretado y patologizado, cuando no invisibilizado, el cuerpo de la mujer.

Pregunta. Arranca el libro con un planteamiento: “¿De verdad las mujeres estamos ‘locas por naturaleza’ o hemos sido mal leídas, mal entendidas y, demasiadas veces, maltratadas y controladas por la historia, la ciencia y la cultura?”. ¿Por qué esta pregunta?

Respuesta. Porque en toda la historia de la humanidad, tanto si hemos estado en silencio y aceptando todo lo que nos llegaba, como si hemos protestado, nos han hecho callar tomándonos por locas. Todo lo han atribuido a las hormonas, a la inestabilidad de las fluctuaciones hormonales. Y eso también ha hecho que las mismas mujeres no aceptásemos que tenemos una biología que a veces puede producirnos cambios de estado de ánimo porque es como confirmar lo que siempre nos han dicho de que somos unas inestables.

Pero hay una frase de [las ensayistas] Barbara Ehrenreich y Deirdre English que dice que no estamos oprimidas porque nuestra biología, nuestras hormonas, fluctúen, y esto hace que nuestro estado de ánimo pueda ser variable, sino por todos los condicionantes sociales en una sociedad en la que la dominación depende de la clase y el sexo. Si el mundo lo hubiéramos configurado las mujeres, probablemente no sería como ahora lo conocemos.

P. Dice en el libro que “las hormonas no son villanas ni salvadoras; son mensajeras y no actúan solas”. ¿Qué significa eso?

R. Que actúan en un contexto. Por ejemplo, sabemos que las mujeres que han sufrido violencias a lo largo de la infancia y la vida adulta van a tener más riesgo de trastorno disfórico premenstrual [un trastorno del estado de ánimo con un impacto comparable al de otras depresiones graves]. No podemos desligar lo que nos pasa del contexto en que vivimos.

P. ¿Qué responsabilidad tiene la medicina en esa construcción de las “locas”?

R. Tenemos un conocimiento androcéntrico y una medicina que se equivoca más cuando está valorando a una mujer. Y eso tiene que ver con cómo hemos generado el conocimiento: Aristóteles consideraba a la mujer como un hombre mutilado, Darwin decía que era un ser inferior… Se han ido haciendo afirmaciones que se han dado por ciertas cuando realmente no lo eran.

P. Sobre las hormonas, ¿cómo atraviesan nuestra vida?

R. El ser humano no es un puzle; hay una interrelación constante entre hormonas y contexto. Antes de la pubertad, los problemas de salud mental [como TDAH y otros asociados al neurodesarrollo] son más frecuentes en niños, pero después de la pubertad, los problemas de salud mental [como los trastornos de la conducta alimentaria, la ansiedad...] se disparan en niñas. Ahí empiezan las hormonas, pero también el rol social de las chicas, que es muy diferente al de los chicos, y más con las redes sociales, toda esa visibilidad y exposición… Aunque queramos luchar contra la presión estética, está ahí.

P. El peso del contexto.

R. En el posparto también aumenta más de 20 veces la probabilidad de que requieras un ingreso en la unidad de psiquiatría. Influyen las hormonas, pero no podemos separarlo de un contexto: tener un bebé y toda la presión que eso supone. Las hormonas aquí también tienen un papel importante porque hay una caída muy brusca y sabemos que cuando aparecen estas fluctuaciones hay cerebros hormonosensibles que van a generar más sintomatología afectiva.

P. Dice que, históricamente, la medicina interpretó la menstruación como “una purga de excesos” o un signo de debilidad femenina. Y todavía hoy nos la tiran a la cabeza cuando estamos de mal humor.

R. A las mujeres nos han puesto muchos adjetivos y han caricaturizado muchas cosas que nos pasan. Como cuando estamos de mal humor y nos dicen que “debe ser por la regla”. A los hombres cuando están de mal humor no se les dice nada parecido. Al final, se han ridiculizado cosas que les pasan a las mujeres para invisibilizarlas y hacerlas callar. A un hombre, cuando empieza con problemas prostáticos, no se le hace burla y, en cambio, sí que se hace mofa de la mujer menopáusica.

P. ¿Hay realidades todavía invisibilizadas? Habla en el libro del trastorno disfórico premenstrual.

R. Ese trastorno afecta a entre un 3% y un 6% de las mujeres. Y tengo pacientes en la consulta con este diagnóstico que son incapaces de hacer una vida normal. Yo entiendo que el movimiento feminista no se haya encontrado cómodo hablando de esto porque es un argumento que apoya esta idea de que las mujeres somos inestables, débiles y que, en algún momento de nuestro ciclo, no se nos puede hacer caso. Es [un trastorno] difícil de encajar, pero, aunque es un porcentaje pequeño de afectadas, yo no puedo obviar a aquellas mujeres que realmente lo pasan muy mal con esto. Cuando te llega una paciente y te cuenta que 10 días al mes no puede levantarse de la cama, que se siente fatal y que solo quiere morirse, tú no le puedes decir que es una exagerada, que son cambios hormonales y que se aguante. Tenemos que buscar una solución.

P. ¿Cómo nos ha atravesado la etiqueta de histéricas?

R. Nos ha callado. Es curioso cómo todo siempre se ha ido ligando y relacionando con el aparato reproductivo: a las mujeres se nos ha ido relegando como si solo fuéramos reproducción y sexo. Y esto nos ha pesado muchísimo. Es terminología que se ha ido adoptando a nivel popular para quitarnos importancia.

P. ¿Detrás de la histeria se ha escondido mucho desconocimiento médico?

R. Totalmente. El término médico [de histeria] ha ido evolucionando a lo que ahora llamamos trastornos conversivos y disociativos, que son síntomas neurológicos sin causa evidente, aunque esto no quiere decir que no la tengan, solo que no la conocemos. El hecho de no conocer su causa no quiere decir que no esté, sencillamente que la medicina no la sabe encontrar. A la medicina le ha costado mucho decir “no lo sé”. Parece que culpamos a la persona que tiene el síntoma.

P. ¿Se ha construido una medicina de talla única?

R. La base es talla única y nos hacen encajar en formas que no están hechas para nosotras. La talla única es hombre, sano y blanco. No encajan personas negras, niños, ancianos ni mujeres, por ejemplo.

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