La discreta retirada de Gregory Bovino, el artífice de las tácticas más violentas en la campaña contra migrantes de Trump
El que fuera comandante jefe de la Patrulla Fronteriza, caído en desgracia en el Gobierno tras las muertes de Renée Good y Alex Pretti, lamenta no haber detenido a más migrantes


Gregory Bovino dice adiós a su sueño. El que ostentó el cargo, creado a medida, de comandante en jefe de la Patrulla Fronteriza y lideró las mayores operaciones contra los migrantes en varias ciudades de Estados Unidos se retira con la frustración de no haber cumplido su objetivo. “Ojalá hubiera capturado a aún más inmigrantes ilegales”, dijo en una entrevista reciente con The New York Times, en la que menciona como único arrepentimiento haber fracasado en su deseo de capturar a 100 millones de migrantes. Una cifra disparatada si se tiene en cuenta que solo hay unos 14 millones de personas indocumentadas en el país y la población total es de poco más de 300 millones. “Nos esforzamos al máximo, pero siempre existe una solución creativa e innovadora para capturar aún más”.
El que fuera el rostro de la campaña antiinmigración de la Administración de Donald Trump se ha jubilado discretamente, sin apenas hacer ruido. Fue desechado por un Gobierno que lo alzó a la cumbre para dejarlo caer después de protagonizar las campañas más infames contra los migrantes de la historia del país.
Su creatividad e innovación consistieron en poner en práctica las tácticas más agresivas y crueles en las operaciones que lideró en varias ciudades de Estados Unidos, donde el inquilino de la Casa Blanca le envió para impulsar su campaña de detenciones. Arengaba a sus hordas para que no se frenaran en el uso de la fuerza y él mismo fue grabado lanzando gases lacrimógenos contra los ciudadanos que protestaban por la brutalidad de sus métodos.
La violencia y crueldad sin precedentes con la que los agentes federales actuaron bajo su mandato, lejos de encumbrarle, le empujaron por el precipicio. Con sus tácticas consiguió que incluso quienes votaron por Trump en las elecciones de 2024 critiquen su política migratoria. El mandatario, que vive horas bajas de popularidad y se arriesga a perder el control del Congreso en las elecciones de medio mandato, ha llegado a admitir que las operaciones llegaron demasiado lejos.

La gota que colmó el vaso y que propició su caída fue la muerte por disparos de agentes federales de los ciudadanos estadounidenses Renée Good y Alex Pretti en enero en Minneapolis, durante la operación Metro Surge, que él dirigía. Bovino afirmó que Pretti —quien había sido desarmado por los agentes antes de que estos le dispararan— tenía la intención de “masacrar a las fuerzas del orden”, sin presentar prueba alguna que lo respaldara. Trump le relevó entonces del cargo, que asumió Tom Homan, el zar de la frontera, y le devolvió a su puesto medio en la oficina de la Patrulla Fronteriza en el Centro, en California, de donde había salido. El presidente republicano declaró entonces que Bovino era “un tipo bastante excéntrico... y, en algunos casos, eso es bueno. Quizás no lo fue [en Minneapolis]”.
Hasta ese momento, Bovino había sido el rostro más visible de la campaña de deportaciones masivas de la Administración Trump. El presidente le encargó en junio hacerse cargo de la ofensiva contra los migrantes en la ciudad de Los Ángeles. Le siguieron las operaciones en Chicago, Charlotte, Nueva Orleans y Minneapolis. Bajo sus órdenes, los agentes lanzaban balas de pimienta y gas lacrimógeno de manera habitual, hicieron un uso desmedido de la fuerza contra los migrantes y quienes los defendían, y llegaron a emplear un helicóptero para allanar una vivienda.
Bovino, que provenía de un puesto medio de la agencia federal, ascendió de forma meteórica en el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para impulsar las deportaciones, cuyo ritmo, menor del deseado, tenía descontento al presidente y, en particular, a Stephen Miller, jefe adjunto de Gabinete y asesor clave de la Casa Blanca, considerado el ideólogo de la política migratoria. La antigua portavoz del DHS, Tricia McLaughlin, declaró entonces que su promoción se debía a que era “un tipo duro”. El flamante comandante en jefe de la Patrulla Fronteriza disfrutó durante su auge de privilegios como saltarse las jerarquías de mando para responder directamente ante la secretaria del DHS, Kristi Noem, que desde abril también ha perdido su empleo, envuelta en varios escándalos sobre su manejo del departamento.

La caída en desgracia de Bovino se manifestó cuando le retiraron la cuenta de las redes sociales, donde le gustaba publicar vídeos en los que los agentes federales aparecían como héroes, con actitudes más propias de actores de las películas de acción de Hollywood. En su perfil, Bovino lucía una foto en la que posaba uniformado con un chaleco antibalas, cargando un fusil de asalto M4 con mira telescópica, que le sirvió la burla hasta de anteriores altos cargos de la agencia federal, que consideraban fuera de lugar semejante atuendo.
El gusto de Bovino por dar una imagen de tipo duro, implacable ante la inmigración irregular, y por la propaganda se remonta a su tiempo en El Centro, donde creó un equipo de redes sociales. Sus vídeos, en los que usaba recursos como la cámara lenta y la música de rock duro como fondo de las detenciones, no estaban exentos de polémica. Uno de ellos, publicado en 2020, tuvo que ser retirado porque mostraba a un supuesto migrante colándose en Estados Unidos y asesinando a la primera persona que encontró.
Su desprecio por los migrantes indocumentados, a quienes considera criminales sin excepción, le llevó a enfrentarse a la Administración de Joe Biden y tuvo que declarar en el Congreso por varias afirmaciones que hizo. Llegó a ser amenazado con el despido, pero continuó en su puesto de El Centro.

Cuando Trump ganó las elecciones de 2024, Bovino hizo méritos para ganarse la confianza del nuevo presidente. Dos semanas antes de la investidura, el funcionario envió a docenas de agentes al condado de Kern, en el Valle Central de California, para realizar detenciones en gasolineras y en la carretera, aterrorizando a la comunidad migrante del corazón agrícola de ese Estado. En tres días, detuvieron a 78 personas, casi ninguna con antecedentes penales. La Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU) presentó entonces una demanda, acusando a la agencia de discriminación racial y de coaccionar al menos a 40 migrantes detenidos para que “aceptaran la deportación voluntaria”.
En aquella ocasión, al igual que en las operaciones que lideró bajo la supervisión de Noem, Bovino utilizó el perfil racial para elegir a los detenidos, basándose en el color de la piel y en el idioma. También en 2022, mientras dirigía la Patrulla Fronteriza de Nueva Orleans, un juez consideró que había sospecha de “prejuicio racial” en la contratación de un amigo suyo. Dos finalistas para el segundo puesto de mayor rango en ese sector interpusieron la demanda por discriminación, pero llegaron a un acuerdo extrajudicial con el DHS y el caso no fue a más.
Cuando acaba de cumplir 56 años, Bovino se ha marchado discretamente por la puerta de atrás, poniendo fin a los 30 años de carrera en la Patrulla Fronteriza, a la que entró en 1996. Se retira a las montañas de Blue Ridge, en la cordillera de los Apalaches, donde seguirá su afición por la caza de “invasores”, como ve a los migrantes. En su lugar, su presa serán los coyotes, según ha declarado.
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