“Miami Beach rompió con ‘spring break”: la gran fiesta de la primavera se muda a Fort Lauderdale
Tras años de eventos multitudinarios y desorden, incluyendo dos tiroteos mortales, Miami se “divorció” de las tradicionales vacaciones universitarias con nuevas restricciones


El cambio tomó por sorpresa a algunos jóvenes que llegaron a Miami Beach esta semana para el spring break —el periodo de vacaciones de primavera en Estados Unidos en el que millones de estudiantes viajan a destinos turísticos, especialmente de playa. En South Beach había algunos bañistas tomando el sol, pero el panorama no se parecía en lo absoluto al de años anteriores, cuando una marea humana copaba la céntrica avenida Ocean Drive, los cafés y bares, las dunas y la arena. Pronto se enteraron por redes sociales de que “todo el mundo” estaba en la vecina playa de Fort Lauderdale, en el condado Broward, unos 60 kilómetros al norte.
“No recibieron el memo. Miami Beach rompió con spring break”, bromeó uno en un video de TikTok que recibió decenas de comentarios. “Ahora hay un evento de fitness en su lugar”, escribió uno. “Patético”, dijo otro.
Durante décadas, Fort Lauderdale fue la Meca del spring break en el sur de Florida. Pero a finales de los años ochenta, tras años de disturbios, las autoridades endurecieron las reglas y los flujos comenzaron a desplazarse hacia Daytona Beach, al norte, y Miami Beach, al sur. El patrón parece repetirse ahora.
Miami Beach, el epicentro del spring break por casi dos décadas, se “divorció” de las vacaciones de primavera hace dos años debido a un aumento récord de criminalidad durante la temporada, que tuvo su punto máximo en 2023, con dos tiroteos fatales. “La ciudad de Miami Beach estaba preocupada por la seguridad pública, no solo en relación con la delincuencia, sino también por la percepción entre residentes y visitantes de que no era un lugar seguro”, explica Alex Piquero, profesor de Criminología en la Universidad de Miami.
La ciudad lanzó una campaña publicitaria con el juego de palabras en inglés “break up with spring break” (o, romper con las vacaciones de primavera), utilizando el lenguaje de una relación fallida: “No eres tú, somos nosotros… en realidad sí eres tú”, buscando desalentar las fiestas multitudinarias y el desorden. Las autoridades implementaron toques de queda, prohibieron el consumo de alcohol en la playa, cerraron los parqueos municipales y elevaron las multas.
Esta semana, las autoridades locales celebraron que las medidas han funcionado, reportando 253 arrestos en la zona durante la temporada, una reducción del 24% con respecto al año pasado.
“Podemos recibir a visitantes de todo el mundo sin dejar de proteger la calidad de vida de nuestros residentes”, afirma el comisionado Alex Fernández, uno de los principales promotores de la iniciativa. “Las grandes ciudades no eligen entre diversión y orden, exigen ambos, y eso es exactamente lo que logramos”, agrega.
Una portavoz de la ciudad señala que los negocios han respaldado “firmemente” el plan y elogiado “el giro hacia un ambiente más acogedor y enfocado en el bienestar” con “medidas clave de seguridad”. La tasa de ocupación hotelera es un 7,5% mayor que el año pasado, destaca la portavoz.
Pero el impacto económico ha sido desigual, según el tipo de negocio. En los últimos dos años, los bares y discotecas en South Beach, así como restaurantes y cafés, han reportado una caída en las ventas, y algunos empresarios aseguran que las nuevas reglas han alejado a parte de su clientela tradicional. La ciudad realizará sendas reuniones públicas con residentes y dueños de negocios el mes próximo para evaluar los resultados.
Rubén Torres, un retirado que vive cerca de South Beach, está satisfecho con los cambios. “La playa está vacía, no hay líos”, dice, en contraste con años anteriores, cuando presenció persecuciones policiales y grupos que se iban sin pagar de los restaurantes.
Aunque Fort Lauderdale ha implementado medidas similares, el desplazamiento de los spring breakers hacia esa playa sugiere que no solo importan las restricciones, sino cómo se perciben y se aplican. El ambiente y el lenguaje oficial son distintos. “¡Bienvenidos, spring breakers! Nos alegra tenerlos aquí”, dice la página de internet de la ciudad.
La Policía de Fort Lauderdale asegura que el influjo no se ha traducido en un aumento de incidentes graves. Según estadísticas enviadas a este diario, en lo que va de mes se han emitido más de 1.100 multas y solo 49 arrestos, la mayoría de residentes locales. El grueso de las infracciones está relacionado con el consumo de alcohol y el desorden público.
“En la cultura popular de EE UU existe la idea de que el spring break es un momento para que los jóvenes ‘se descontrolen’, una percepción que a menudo es reforzada por los medios. Esto alimenta la noción de que grupos de jóvenes viajan para comportarse de manera inapropiada. Sin embargo, es importante no caer en los prejuicios”, señala Marta Soligo, experta en turismo y profesora en la Universidad de Nevada, Las Vegas. En muchos casos, los estudiantes simplemente disfrutan estas vacaciones para descansar y se comportan de forma responsable, agrega.
Esta semana, centenares de jóvenes colmaban la playa al final de la céntrica Las Olas Boulevard, en Fort Lauderdale Beach, mientras policías montados patrullaban la zona. Algunos vacacionistas se tomaban fotos con los caballos, jugaban voleibol y otros transmitían todo en vivo. Aunque algunos se han quejado de la fuerte presencia policial y de que después de las 5.00 pm cierra la playa, la percepción general es de mayor permisividad.
Un empleado de Nanou French Bakery and Café, en Las Olas, cuenta que los visitantes han sido “gente muy buena” y está contento de que han tenido más clientes esta temporada. “No nos podemos quejar”.
Al caer la noche, el ambiente en Las Olas se transforma. Algunos caminan descalzos y en bikini, mientras otros lucen camisetas playeras, vestidos y tacones. En los bares donde hay una banda tocando en vivo, o un DJ, hay filas para entrar.
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