Escepticismo en Cuba por el diálogo con Estados Unidos: “Parece que la culpa es del pueblo porque no se sabe reinventar”
Los cubanos, que atraviesan una enorme precariedad en su día a día, reciben el anuncio de las conversaciones con cautela

Cuando la habanera Lisandra Ferro, 43 años, despertó este viernes, en medio del enésimo apagón, su corazón latía intensamente. Se sentía ansiosa desde la noche anterior, cuando supo que a la mañana siguiente el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez daría una conferencia de prensa a las 7.30 de la mañana, tras varias semanas de una escasez de combustible que ha puesto en jaque a la isla y a todo el que vive dentro de ella. Quería escuchar algo que la sacara del estupor en el que ha estado todo este tiempo, con dos hijos pequeños, sometida a apagones de más de 15 horas diarias y obligada a cambiar de trabajo dos veces en un mes. Para colmo, apenas abrió los ojos, la mujer vio una notificación en su móvil que la puso más nerviosa. “Dicen que el domingo comienza la Hora cero [el fin total del combustible]. Acapara agua y alimentos imperecederos. Cuídense”, le lanzó por WhatsApp, a modo de vaticinio, una amiga desde Madrid. Así que Lisandra saltó de la cama, despertó a los niños, los alistó —pan con mayonesa y agua con azúcar de desayuno— y les dijo que “hoy llegarán un poco más tarde a la escuela”. Y juntos se sentaron, puntuales, frente a una radio para saber qué era lo nuevo que tenía que decir el presidente a los cubanos, en medio de la debacle de los últimos 43 días.
Esta vez, el Gobierno cubano tenía algo ciertamente relevante que contar. La noticia de la apertura de un proceso de diálogo con Estados Unidos puede significar el inicio de un camino que destrabe la espinosa realidad dentro del país caribeño, por años envuelto en una crisis estructural que ha trastocado todos los escenarios de la vida, agravados por las amenazas directas de la administración de Donald Trump. Que ahora las autoridades de la isla anuncien el inicio de negociaciones con el Gobierno de Estados Unidos para “buscar soluciones” y “alejar la confrontación” supone la confirmación de lo que, hasta ahora, era una retahíla de rumores, declaraciones anónimas de funcionarios estadounidenses, afirmaciones del republicano que no tenían una respuesta pública por parte de La Habana.
Díaz-Canel llevaba un mes sin comparecer ante los medios de comunicación. Apenas unos intrascendentes mensajes en X y alguna aparición en reuniones y visitas gubernamentales que acababan en un reportaje televisivo. Fiel a su estilo hermético, el Gobierno cubano soltó la liebre la mañana de este viernes —con la aparición estelar del nietísimo, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo—, para sorpresa de gente como Lisandra, quien espera un cambio real que mejore su agitada vida de madre soltera y la de sus hijos, aunque parece que para que algo suceda aún deberá transcurrir un buen tiempo. “Mientras tanto, este hombre [Díaz-Canel] nos sigue pidiendo resistencia. Pero al menos ya confirmaron las dichosas negociaciones”, dice la mujer, ya ubicada en una extensa cola en su barrio del Cerro, después de dejar a sus vástagos en la escuela, donde aguarda para comprar una botella de aceite a 900 pesos cubanos (unos dos dólares), una ganga en días en que el precio de este producto —ahora escaso— ronda los tres dólares cuando aparece.
En la fila matutina también aguarda otra mujer, algo más joven. Es santiaguera, vive en La Habana hace dos años y tiene dos trabajos como community manager. Ella, tras ver la rueda de prensa, acepta las explicaciones del Gobierno “a pesar de todo”, aunque reconoce que “la situación es insostenible”. Sus trabajos la obligan a estar todo el tiempo conectada a internet y estar sentada frente a una computadora, cuestiones que le ha sido muy difícil mantener con normalidad, sobre todo en la última semana, cuando una desconexión parcial del Servicio Electroenergético Nacional dejó a más de la mitad del país sin electricidad, situación que ha costado mucho a las autoridades revertir. “Esta situación afecta la forma en que vives, tu sistema social, tu sistema nervioso”, cuenta la mujer, y asegura que vive las 24 horas en vigilia y muchas madrugadas duerme solo dos horas porque “a la hora que pongan la corriente, me tengo que levantar para lavar, cocinar, poner el motor del agua”, explica la joven, quien sintetiza que si las cosas siguen así “ahorita seremos zombies”.
Las palabras de Díaz-Canel consuelan a poca gente. “Es un lince evadiendo preguntas, respondiendo siempre lo mismo: todo es culpa del bloqueo”, se queja otra cubana, que no quiso identificarse, desde la provincia de Cienfuegos, en el centro de la isla. Ella vio la comparecencia del mandatario en su televisor, en su casa, mientras se preparaba el desayuno, y le llamó la atención que hablara sobre próximas medidas relacionadas con los emigrados cubanos y la posibilidad de que puedan invertir en Cuba sin tantas restricciones. “Ojalá se eliminen todas esas trabas absurdas”, sintetiza. Sin embargo, mientras escuchaba al dirigente, esperaba dos escenarios: “Que dijera que colgarían los guantes y admitiera que no pueden más con esto, o hablar mierda, sin parar de justificarse. Pasó lo segundo”. Pero, entre retórica y retórica, Díaz-Canel dejó claros algunos puntos, como que a Cuba no ha entrado petróleo en los últimos tres meses.
En la provincia matancera de Cárdenas, Ariel G. siente que, aparte del anuncio de las negociaciones con Estados Unidos, pronto se conocerán medidas relacionadas con los vínculos con la diáspora cubana y del grupo de expertos del FBI que viajará a Cuba para trabajar en la investigación sobre el incidente con la lancha rápida proveniente de Florida. El resto de la intervención del mandatario es “lo mismo con lo mismo”. Ni siquiera se sintió satisfecho cuando el gobernante habló sobre los trabajadores que habían sido suspendidos de sus empleos y deberán reubicarse en otras áreas o empresas por el tiempo que dure la contingencia actual. Ariel es una de esas personas afectadas. Trabaja en el hotel Iberostar Selection Varadero. Como la ocupación era de unos 50 huéspedes para unas 900 camas disponibles, la institución ha prescindido de sus servicios. La alternativa que le ofrecen es como sepulturero o custodio de cementerio, cobrando unos 3.000 pesos (unos seis dólares) al mes. “Es una burla total para los trabajadores del turismo”, asegura el joven gastronómico, quien dice que prefiere dedicarse a la pesca por cuenta propia, mientras el tiempo pasa “a ver si ya esto [el Gobierno cubano] se va abajo”.
“Eso [el castrismo] es un muerto ganando tiempo de vida”, dice Andy Vázquez, un joven emprendedor que lidera una empresa de mensajería que gestiona una flota de una treintena de vehículos, la mayoría eléctricos, en La Habana. Él hace referencia a la gestión del Gobierno cubano, frente a la agudización de la crisis y las respuestas del mandatario cubano en la conferencia de prensa. “Una vez más, pareciera que la culpa es del pueblo porque no se sabe reinventar”, concluye, y reta al gobernante a promover elecciones libres, “pa’ ver si de verdad el pueblo te quiere tanto”. Reconoce que cada día le cuesta más trabajo llevar adelante su joven negocio, que apenas tiene dos años y no conserva muchas esperanzas a partir de las líneas de mensaje que está emitiendo el Gobierno cubano, en medio de la debacle.
Esa lucha es diaria para los cubanos dentro de la isla, tanto para los que han decidido emprender un nuevo negocio en los últimos meses como para los jóvenes que intentan abrirse paso en el mundo laboral o la madre soltera que debe llevar la comida a casa cada día, pese a los altos precios y a la oscuridad impenitente de todas las noches. Todos ellos ven pasar los días y las noches en espera de que algo pase y que alguien les diga, de una vez, que algo cambió.
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