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Series de Televisión
Crítica

‘Padre no hay más que uno, la serie’ se aleja del tono chabacano de las películas

La comedia protagonizada por Daniel Pérez Prada y Marian Hernández opta por un humor blanco que mantiene distancias con el enfoque de los taquilleros filmes de Santiago Segura

En estos tiempos en los que gran parte de la ficción televisiva que se produce está basada en marcas o historias preexistentes (precuelas, secuelas, extensiones de franquicias, adaptaciones y remakes hay a patadas cada año), no parece sorprendente que la saga de películas españolas más taquilleras de los últimos años terminara por tener su versión televisiva. Padre no hay más que uno, los filmes dirigidos y protagonizados por Santiago Segura, arrancaron en 2019 su camino triunfal en los cines y en 2025 se estrenó su quinta y última entrega, con lo que ya se podría considerar una serie (con capítulos largos) en sí misma.

Este domingo 25, Atresplayer estrena Padre no hay más que uno, la serie, que se emitirá en la plataforma de pago con capítulos semanales (el 6 de febrero, Amazon Prime Video estrenará la temporada entera, de 12 episodios). Más allá del título y un universo compartido de forma tangencial, la serie, creada por Inés de León y coescrita por Raúl Navarro, toma distancia de las películas de muchas formas. Por un lado, es una historia diferente, con una familia, personajes y actores distintos. Ahora las cámaras siguen a los Vicho Vaello, una pareja con cinco hijos.

Ella, tras años dedicada a la crianza, vuelve al mercado laboral con un cargo de responsable (que no tiene muy claro en qué consiste) en la app Conchy, la que desarrollaba el personaje de Segura en las películas para ayudar a la gestión del día a día familiar. Él pasará a ser el encargado principal de la crianza de los niños, para lo que tratará de aplicar todo lo que ha aprendido en los manuales de educación y responsable y consciente. El cambio en la situación laboral incluye una mudanza de casa y ciudad, lo que pondrá en pie de guerra a los niños.

Daniel Pérez Prada y Marian Hernández interpretan a la pareja protagonista y llevan el peso de la historia, especialmente él. Lejos del personaje de Santiago Segura, más caótico e incluso chabacano en sus formas, el nuevo protagonista tiene unas formas más refinadas y el humor surge del contraste entre el ideal que se plantea en los manuales de educación y la realidad a la que tendrá que enfrentarse, el choque entre teoría y práctica. Si las películas hacían humor a partir de un mal padre, la serie se va al extremo opuesto y la comedia surge del intento de buscar la perfección. La madre, en cambio, encarna una postura ante la crianza más tradicional, pero quizá más efectiva en algunos momentos. En los tres episodios facilitados a la prensa, el lado más flojo es el de los hijos, con personajes y actores que necesitarán más tiempo para asentarse. Se intuye también que los familiares y amigos irán tomando más protagonismo según avance la trama y serán clave para cómo aguante la serie el paso de los episodios.

Si el argumento y el enfoque de los personajes es diferente, la serie también se distancia de las películas en el estilo, el tono y la edición. La serie no busca la risa tanto en el chiste como en la situación. El tono de comedia blanca familiar se mantiene, aunque el humor es diferente y parece mirar tanto a las dramedias clásicas españolas (Médico de familia, Los Serrano…) como, sobre todo, a comedias estadounidenses como Modern Family. De hecho, otra diferencia importante son los discursos de los personajes a cámara relatando lo ocurrido, algo que, aunque en ocasiones frene el ritmo, permite jugar con saltos temporales en la narración y añadir capas de ironía. La duración de unos 25 minutos también juega a su favor y cada trama puede ir al grano sin necesidad de alargar las situaciones en exceso.

Parece claro que Padre no hay más que uno, la serie no tiene la intención de revolucionar la comedia ni busca hacer nada rompedor. Pero consigue tomar unos mimbres ya conocidos y darle un nuevo aire que incluso mejora en muchos aspectos al original. Eso sí, tanto los fans de las películas originales como los que no lo son deberían afrontar el visionado dejando a un lado los prejuicios.

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