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Sandra Golpe: “Mi informativo es el más visto de la tele, pero se habla más de mi pelo”

La periodista, de 51 años, dirige y presenta las noticias de las tres de la tarde de Antena 3 con un objetivo tan ambicioso como preciso: “aspiro a que mi madre y mi hijo lo vean y lo entiendan”

Sandra Golpe, periodista, en la Redacción de Antena 3.Bernardo Pérez

Sandra Golpe llega tarde a la cita en la Redacción de su informativo porque la están peinando, literalmente, y, en el atasco de las 11 de la mañana en la sala de peluquería y maquillaje de Atresmedia, con la parrilla ardiendo entre debates y programas varios, no hay prioridades que valgan. Cuando por fin llega, se deshace en disculpas y sucede lo imprevisto: su equipo en pleno, mujeres y hombres, se levanta para arropar a la jefa ante la visita, en un gesto nada habitual en un medio de comunicación cuyos profesionales están acostumbradísimos a la presencia de cámaras y de periodistas propios y ajenos. Después, charlamos sin pausa, pero con prisas. El reloj ya pasa de mediodía y empieza la cuenta atrás para que empiece el informativo, así que Golpe, profesional y cercana, habla cual metralleta sin dejar de mojarse cuando toca, a pesar de que alguien ha considerado necesaria la presencia de una persona del equipo de comunicación en la charla. Cuando habla de su familia, le aflora el acento de su tierra, Cádiz. Le acaban de dar la Medalla de Andalucía.

¿Qué dato de audiencia hizo ayer? ¿Lo mira cada mañana?

Un 24%. Todas las mañanas. Es lo primero que hago: palpo la mesilla hasta encontrar las gafas de cerca, que ya tengo una edad, y miro la audiencia que hicimos el día anterior. Parte de lo insano que tiene esta profesión televisiva es estar pendiente de lo que nos sigue el público. Pero somos afortunados, llevamos ocho años siendo líderes.

¿Fisga lo que hace la competencia? ¿Puede estar a su informativo y al de otros?

Claro. Veo a la competencia antes, durante y después del mío, estamos rodeados de monitores y no les quito ojo. Yo me alimento también de lo que hacen los compañeros, porque les tengo un gran respeto. Estuve en otros sitios antes que aquí, por ejemplo, 10 años en CNN+, un canal solo de noticias. Entonces, muchos de mis amigos son colegas de profesión. Los veo, los celebro y tomo buena nota. A veces digo, qué bueno, o buena, es este tío, o tía. Pero aquí también los tenemos muy buenos.

¿Con qué abre hoy su informativo?

Con lo que esté más vivo a las tres de la tarde. Somos un informativo social, tratamos las cosas que afectan a nuestro bolsillo, nuestra sociedad, las cosas de las que se habla en las cafeterías, en las redes. Intentamos que todo eso esté en el informativo, que sea popular y riguroso, es compatible.

¿Cuántas veces a la semana una crisis le desbarata la escaleta?

Pues no tantas, pero eso es la chispa de los informativos, la última hora. Vivo enganchada a esa adrenalina, a ese subidón de cortisol, que no es bueno, pero, en el fondo, es la base de que llevemos tanto tiempo en esto, y con ilusión. Que pasen cosas, y, si pasan, que sea en tu informativo.

Tendrá la tensión por las nubes.

Fatal. Y el colesterol malo. Tengo mucho estrés, tengo malos hábitos, pero es la consecuencia de la profesión que he elegido. Vivimos al límite. Necesitas la pasión y la vocación para estar ahí. Ya está. Sarna con gusto no pica. Cuando hay un día sin grandes acontecimientos, lo que estás pidiendo por favor es que pase algo que nos despierte a todos, porque eso hace que estés más motivado, traspases la tele y conectes con la audiencia. Entonces, el cortisol se compensa con la oxitocina del dato del día siguiente al ver que sigues siendo líder.

¿Las buenas noticias son noticia?

Pues mira, tienen que serlo. Pero nos cuesta encontrarlas. Tenemos un espacio, al final, que se llama así: La buena noticia, y fue porque mi madre me dijo: “te veo porque eres mi hija, pero me da mucha pena y mucho miedo ver las noticias, el mundo está fatal”. Me quedé rumiando en cómo atraer a mi madre, y a mi hijo, que le pasa lo mismo. Pero nos cuesta, ya te digo.

¿El mundo da miedo?

Si te pones a pensarlo objetivamente, sí. Pero tratamos de informar, más que opinar. Intentamos ser honestos. No intentamos convencer a nadie de nada, sino mostrar y explicar las cosas que suceden en el mundo en un resumen didáctico y televisivo. Aspiro a que el informativo lo vean, y lo entiendan, mi madre, de 78 años, y mi hijo de 20. Y sin dormirnos en los laureles, que sabemos que la concentración se nos esfuma a todos. A mí la primera, con la nebulosa de la menopausia. Por eso hacemos piezas de 50 segundos, cuando antes las hacíamos de minuto y medio.

Pues otros compañeros bien que nos sueltan su homilía.

Y me parece bien. No hacerlo es una elección mía. Me ayuda el hecho de que mi informativo sea a las tres de la tarde. En España, estamos a mitad del día. Las cosas están sucediendo, aún no se pueden dar por cerradas. Estados Unidos, con la carga que tiene últimamente, se está despertando. Que todas las televisiones tienen su línea editorial es un hecho, pero intento que mi informativo sea lo más neutro posible. Yo vendo noticias. No estoy en ningún lobby, ni periodístico ni de ningún tipo. A lo mejor por eso no me dan ciertos premios, también te digo.

¿Cuánta piedra ha picado hasta dirigir un informativo?

Pues mira: he trabajado gratis, he trabajado por muy poco, he malvivido unos cuantos años, he sido redactora de matinal, con sus madrugones, luego en fin de semana, luego sustituyendo a Susanna Griso en Espejo público. Luego pasé al prime time y llevo ocho años dirigiendo el informativo de las tres. Mi mayor orgullo es que llevo viviendo de esto desde que salí de la Facultad, voy a hacer 30 años de carrera. Y toco madera.

¿Cuándo notó que pasaba de junior a senior? ¿La miran de forma distinta?

Eso ya ha pasado. De los 40 a los 50, tú misma no te das cuenta de que ya no eres joven, hasta que un día te llaman de usted y ves que los nuevos pueden ser tus hijos, o que ya hace un año que murió el papa Francisco. El tiempo va a toda velocidad. Por eso quiero que pasen cosas, quiero seguir teniendo ilusión. Que los días sean imprevisibles.

¿A los periodistas nos gusta una crisis?

Está mal decirlo, pero sí. Nos viene bien un Gobierno que te sorprende cada dos por tres, unas elecciones. En estos años han pasado cosas que nunca creeríamos: una pandemia, una Filomena, un volcán, un Donald Trump a revolvernos todos y cada uno de los días. Y menos mal que tenemos mala memoria, porque, si no, se nos acumularían las hecatombes. Sería incapaz de decirte qué noticia me ha causado más impacto. Recuerdo, en la pandemia, la muerte de José María Calleja, que era alguien muy cercano, como algo especialmente doloroso. Pero para eso somos periodistas: para contar lo que pasa. Entonces, me lo comía todo yo sola y luego lloraba en mi casa en la cocina.

¿Cuántos bulos se ha comido?

Tenemos una herramienta de verificación, pero todavía estamos en pañales con esto de la IA. Aquí no se emite nada de lo que no estemos seguros y, aun así, seguro que algo se nos ha colado. Ante la duda, prefiero no emitir. Y tú sabes que es una pena grande tener algo y que lo dé antes el de enfrente, pero, en eso, prefiero pecar por defecto.

¿Con qué noticia le gustaría abrir mañana?

Con el fin de la guerra en Irán, pero, mejor aún, con la vacuna contra el cáncer, concretamente el de estómago, que es el que tenía mi padre. O un remedio para la ELA. Una noticia de altísimo alcance científico que afecte a la vida de la gente. Ojalá vivir para contarla.

¿Cuántas veces se ha arrepentido de haber elegido esta profesión?

Nunca. Quizá hubiera sido más feliz y habría ganado más dinero en otro sitio, pero yo quería comunicar. Fíjate que yo estudié periodismo escrito, en la primera promoción que pudo elegir entre audiovisual y escrito. A lo mejor mi meta era trabajar en tu periódico. Recuerdo, en la carrera, el viaje que hicimos a Madrid a ver medios y yo lloré, de llorar, al visitar EL PAÍS. A día de hoy, aún tengo esa especie de complejo de ser periodista de tele y no de prensa escrita. Pero, al final, la vida te va llevando, y donde me contrataron por el salario mínimo fue en una tele local. Y aquí estamos.

¿Cuáles son sus antenas en la calle?

Pues mi equipo, y yo misma. La gente me reconoce por ahí y me cuenta cosas. Hace un tiempo, fui a coger un avión en Barajas y una señora de la limpieza me dijo que había chinches, y dimos la primicia. Luego lo vi, con mucho orgullo, en otros informativos, pero, eso también es un informativo de autor: estar al cabo de la calle.

Será de autora.

Ostras, sí. De equipo. Aquí hay muchas cabezas, pero, sí, tienes razón: nunca he visto ni leído en ningún sitio que este es un informativo de autora, cosa que sí he leído de compañeros hombres. Este ha sido un ámbito muy masculino durante años. Ahora somos más mujeres directoras, no solo presentadoras, y, no hace tantísimo, éramos el florero de turno. También hay que decir que yo he tenido jefas mujeres y jefes hombres, y no siempre somos las mejores jefas: no somos seres de luz.

Antes decía que no tiene grandes premios periodísticos. ¿Queja o postulación?

Mira, somos el producto más visto de toda la televisión desde hace años. Creo que podríamos optar a un Ondas, por ejemplo. A lo mejor me merezco un Iris, no sé. No estoy en los círculos donde se cuecen determinadas cosas. Pero eso no es lo que yo vendo: yo vendo noticias con mi mejor actitud.

Igual le falta decir que es buena, además de creerlo.

Bueno: has visto el equipo, somos sobre todo mujeres, esta Redacción está manejada por mujeres y somo buenas, claro que lo somos. En la tele se ha avanzado muchísimo, pero todavía hay una especie de micromachismos, que quiero creer que corresponde a señores que ya están de retirada. Es una buenísima noticia que haya una generación de mujeres que hemos envejecido ante las cámaras. Tenemos ejemplos maravillosos de grandes comunicadoras: Susanna Griso, que cuando yo empecé ya era un guiñol en Canal +, o Pepa Bueno, que siguen en antena bien pasados los 50. Ojalá siga pasados los 60 y los 70.

Pero ¿la imagen importa en la tele?

Por supuesto. Soy muy consciente, pero no es mi prioridad. Muchas veces me maquillo sobre la marcha, pero, sí, claro que importa.

Su corte de pelo fue comentadísimo en redes. ¿Le ofende o le halaga?

Me apena. Es penoso que se hable más de mi corte de pelo que de que llevo ocho años siendo lo más visto de la tele, que alguien te busque en Google, y lo primero que aparece sea eso. Ahí tienes otro micromachismo: igual eso a un señor no le pasa.

Donde se desmelenó fue en Tu cara me suena haciendo de Amy Winehouse. ¿Y esa vena artística?

Mira, yo, si no fuera periodista, hubiera sido música. Crecí oyendo de todo, desde Camarón a godspell. Cuando murió Whitney Houston, mis amigos me dieron el pésame: guardo su autógrafo como oro en paño. Adoro las voces oscuras y, cuando me ofrecieron hacer de Amy, me lancé emocionadísima.

Donde se la vio muy emocionada fue cuando le dieron la Medalla de Andalucía. ¿En qué estaba pensando?

En mis padres, en que los tenía delante y lo podían ver. Lloré por todo el esfuerzo que han hecho por mí, que mi padre tenía dos trabajos y mi madre no paraba. Son gente esencialmente buena cuya mejor herencia es la bondad. Entonces, el verlos ver que mi tierra me quiere... Ya me puedo morir tranquila.

No adelantemos acontecimientos.

Te lo juro: todo lo demás me da igual.

TELEVISIVA POR AZAR

Sandra Golpe (Cádiz, 51 años) quería ser periodista de periódicos, pero el primer contrato serio que consiguió, por el salario mínimo, fue en una tele local, y ahí sigue, en la televisión, solo que ahora, 30 años después, es directora y presentadora del informativo de Antena 3, el más visto de todas las televisiones, con cuotas de pantalla cercanas al 25%. Tras pasar por CNN+ y todos los escalones de Atremedia, sigue esperando, cada día, que una última hora le reviente la escaleta.

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