Ir al contenido
_
_
_
_
Columna

Traga mierda y resígnate a ella

El estupor de la gente ante la sensación de que nada funciona empapa múltiples asuntos de la vida cotidiana

Enzensberger renegaría actualmente de un antiguo poema suyo, que iniciaba Poesías para los que no leen poesías. Decía así: “no leas odas hijo mío: lee los horarios de los trenes. Son más exactos”. Y Agustín García Calvo, que exaltó la alegría, la ensoñación y el significado de los viajes ferroviarios en un hermoso libro titulado Del tren, constataría que el personal siente desconfianza o temor a utilizarlo, han sustituido la ilusión por el acojone. Podemos denominar como fatalidad a los últimos desastres, pero no hay duda de que el caos, la incertidumbre y el temor son los reyes desde hace tiempo. El estupor de la gente ante la sensación de que nada funciona empapa múltiples asuntos de la vida cotidiana. Ni Dios te va a explicar por qué se quedó el país en las tinieblas durante 12 horas. Eso volvió a ocurrir desde las cuatro de la tarde a las dos de la madrugada en mi calle y en otras cercanas del barrio durante la Nochebuena. Después de múltiples llamadas a teléfonos con voces grabadas alguien que parece real asegura que van a activarse los protocolos y que se avisará a las brigadas. Ni puta idea de lo que significa eso tan enfático y melifluo de activar los protocolos. También acabo de escuchar varias veces en la tele desde la elocuente boquita de responsables en el funcionamiento de los trenes idéntica frase: “desde la perspectiva del informe preliminar”. No son perversiones del lenguaje, sino simplemente la nada, algo habitual en el discurso de la clase política.

Y si acudes a los bancos, esos lugares ancestralmente siniestros que aseguran cuidar de tu dinero, alguien con tono educado o cansado te informará de que tienes que pedir anticipadamente una cita para hacer cualquier consulta. Y en los grandes almacenes, encontrar a alguien que te atienda se convierte en una aventura muy pesada. También es normal que no aparezca nadie o los seguros te cambien las citas concertadas si sufres desperfectos en tu casa. Desconozco orgullosa y suicidamente el universo de internet, pero me cuentan que los permanentes conflictos con los fallos o los misterios informáticos invitan al ataque de nervios.

Y sospecho que el lamentable estado de tantas cosas imprescindibles crea perplejidad, miedo e indefensión en la gente, pero que también alimentan la cólera, la desconfianza y la aversión hacia los que supuestamente dirigen el sistema. Todos ellos avalados por la legitimidad que otorgan los votos. Y todo seguirá igual. O peor. Que la ciudadanía se acostumbre a sobrevivir permanentemente en compañía de la mala hostia y de la resignación.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_