Duelo entre un macarra y un llorón
Durante y al final del partido entre el Madrid y el Atlético en el reino de los sátrapas constatamos que los gladiadores están rotos, machacados por el agotamiento, el clima y las consecuentes lesiones


“Entre la pena y la nada elijo la pena”, afirmaba un personaje en el final de la novela Las palmeras salvajes. Qué perspectivas tan alegres. Pero hay otros seres que también poseen la fe. Y en su desgracia o decrepitud eso les ayuda, reinventa el eterno manual de supervivencia. Por ejemplo, manteniendo fidelidad perruna a unas ideologías espurias que ya nadie medianamente lúcido o decente sabe qué representan. Y por supuesto, al equipo de fútbol al que ha pertenecido tu alma desde que eras pequeño. También a la sagrada familia, aunque la miopía ciegue los ojos, o a la bondad de los tuyos y la sinrazón de los otros. Todo es legítimo con tal de dormir bien. A condición de negar la duda, las zonas de sombra que rodean a eso tan complejo llamado verdad. Y como siempre alimentado por el eterno lema de “sálvese quien pueda”. Los débiles siempre estuvieron jodidos. Y lo seguirán, aunque también hayan distribuido entre ellos infinitos teléfonos móviles para que se embrutezcan un poco más.
Me asaltan estas paridas mentales viendo esa farsa multimillonaria y grotesca que supone la Supercopa de España, jugada en Arabia Saudí. Ese invento del gran capital para comerle los genitales a los dictadores árabes que, a falta de democracia, poseen infinito dinero para comprarles a los corruptos occidentales su regeneración mediante la fórmula ancestral del pan y circo. Ignoro si eso es fundamental para lavar su imagen, pero tengo claro que unos cuantos, los de siempre, se están forrando con ello.
Durante y al final del duelo entre el Madrid y el Atlético en el reino de los sátrapas constatamos que los gladiadores están rotos, machacados por el agotamiento, el clima y las consecuentes lesiones al obligarles a competir casi todos los días. Para entretener a la inmensa plebe y aumentar las ganancias de tantos indeseables que han descubierto que el fútbol puede generar tanta pasta como el tráfico de drogas y de armas. Y claro, también hacer aún más millonarios a los jugadores (la mayoría vienen de África y de la inmigración familiar en las periferias de las ciudades europeas), pero también le condenan a la extenuación, a no poder dar lo mejor de sí mismos porque están condenados a las lesiones, proporcionadas por los eternos capataces, que ahora se llaman directivos y ejecutivos, la gente de negocios de toda la vida.
Y hay mogollón de publicistas desvergonzados insistiendo en que el fútbol es el deporte más noble y hermoso, el que mueve el corazón de la humanidad. A mí cada día me aburre más. Y siento vergüenza cuando un macarra profesional como Simeone le grita estratégicamente a un descerebrado Vinicius: “Acuérdate. Florentino te va a echar”. Qué bochorno.
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