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Sanidad
Tribuna
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Sanidad pública fuerte, sector privado útil y necesario

Los resultados de la encuesta del instituto 40dB. no reclaman trincheras en el modelo sanitario, sino reformas y colaboración

La encuesta publicada por este diario hace unos días sobre el modelo sanitario en España deja un mensaje claro cuando se analiza en conjunto: la sociedad sigue apostando de forma mayoritaria por una sanidad pública fuerte, pero empieza a exigir resultados, reformas y un debate menos ideológico sobre el papel del sector privado.

No hay giro liberal ni rechazo a lo público. Lo que se deduce es impaciencia y cierto grado de hartazgo.

Por el principio.

Dos de cada tres ciudadanos consideran que España debe priorizar el fortalecimiento de la sanidad pública. Es decir, la gran mayoría apuesta por un sistema en donde se priorice la justicia social para todos. Este respaldo es transversal por territorios y opciones políticas.

Junto a ese apoyo, aparece una percepción ampliamente compartida: la sanidad pública está infrafinanciada. En la mayoría de comunidades se cree que se destinan pocos recursos, pero el problema no es solo presupuestario. La encuesta refleja una sensación más profunda: el sistema no está organizado para responder a una demanda creciente, envejecida y cada vez más compleja. No basta con gastar más si la estructura y la organización no cambia.

Frente a un debate público caricaturizado, totalmente ideologizado por aquellos que se sienten amenazados, la encuesta muestra una visión mucho más pragmática del sector privado para reducir tiempos de espera y actuar como complemento cuando la pública no llega.

Es decir, sin el apoyo del sector privado, el sistema público tendría hoy serias dificultades para absorber toda la demanda. No tiene profesionales suficientes y faltan infraestructuras. No por negarlo esta circunstancia va a cambiar.

Además, hay un dato especialmente significativo: los usuarios de la sanidad privada están claramente satisfechos con la atención recibida por esta. Valoran mejor que la media de la sociedad el funcionamiento general del sistema público, siendo la diferencia especialmente notable en los tiempos de acceso y en el acceso a la innovación, donde la sanidad privada obtiene una ventaja clara.

Este nivel de satisfacción no es ideológico, es experiencial. Para muchos ciudadanos, la sanidad privada funciona bien en aquello que hace y eso explica su creciente utilización, especialmente en comunidades como Madrid y Cataluña.

Ahora bien, esa satisfacción convive con una percepción crítica.

La mayoría cree que la sanidad privada tiende a limitar su cobertura en tratamientos largos, complejos o costosos y que no está llamada a garantizar la equidad del sistema. Incluso entre usuarios privados aparecen experiencias de derivaciones a la pública o limitaciones de póliza, lo que a los agentes privados nos debería de hacer reflexionar. Primero, para ver las formas de adaptarnos para poder afrontar el incremento de los costes de los pacientes, ser más claros con respecto a los límites de nuestra oferta sanitaria y las coberturas de las pólizas.

Y una mayoría de la gente está en contra de los modelos de gestión privada de la sanidad pública, la mal llamada “privatización”, porque entiende que esta ―y más tras los últimos acontecimientos salidos en prensa― responde tanto a razones funcionales como a intereses políticos y empresariales poco transparentes.

Esta sospecha explica por qué el debate sobre colaboración público-privada se convierte tan fácilmente en un campo de batalla ideológico y dimana otra conclusión: hay que aumentar la transparencia en estos modelos hasta recuperar la confianza de la ciudadanía si se quiere que puedan ser una alternativa a esa colaboración entre el sector público y el privado.

Para terminar, posiblemente lo más relevante es el desplazamiento del posicionamiento ciudadano respecto a los impuestos. Aunque la mayoría sigue defendiendo mejorar la sanidad pública, incluso pagando más, el entusiasmo fiscal se ha debilitado claramente en los últimos años. Es decir, la ciudadanía está dispuesta a contribuir, pero empieza a exigir eficiencia, productividad y resultados. Subir impuestos y presupuesto sin reformas deja de ser una respuesta suficiente. ¿Para qué pago impuestos si el sistema no responde cuando lo necesito?

La encuesta no pide trincheras. Pide reformas. Pide colaboración y pide madurez política.

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