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Daniel Lismore: “La bandera de Inglaterra ha sido secuestrada por los fascistas y yo quería recuperarla porque también es mía”

De adolescente, Daniel Lismore se dio cuenta de que su cuerpo podía ser un lienzo en blanco sobre el que crear, vivió la cultura de club londinense y colaboró con David LaChapelle o Vivienne Westwood. Su estética es parte de su obra, que combina activismo medioambiental y LGTBIQ+

“Cuando tenía 17 años me di cuenta de que mi cuerpo era un lienzo en blanco, de que podía manipular cómo la gente me veía y cómo respondía ante mí. Creo que eso, en sí mismo, es arte. La gente me va a mirar de todos modos vista lo que vista, así que les doy un motivo para hacerlo”, dice Daniel Lismore por teléfono desde Londres, la ciudad a la que se mudó aún adolescente a principios de los 2000 y convirtió en su casa. “Toda esa gente increíble, Björk, Pete Burns, Boy George, Steve Strange, estaba allí, y los club kids de los noventa bailaban en la pista del Ghetto en el Soho, muchos de ellos habían vivido la epidemia del sida. Para mí esa era la cultura de Londres, y me hice en parte de ella a principios de los 2000”, recuerda.

Comenzó a trabajar como modelo y fotógrafo, se convirtió en un habitual de la escena nocturna y colaboró con fotógrafos como David LaChapelle o Ellen von Unwerth. Todo un cambio para un chaval que había crecido en el pequeño pueblo de Fillongley, cerca de Coventry, criado por sus abuelos. Eran anticuarios y a Lismore siempre le rodearon objetos curiosos, de esos que ahora superpone para conformar sus estilismos. “Siempre he sabido quién soy, desde bebé. Muchos luchan contra eso, pero yo nunca me he cuestionado a mí mismo; el mundo me ha cuestionado a veces y me lo creí, ahora no”, recalca, “tenía 14 años cuando empecé a jugar con mi imagen, y cuando llegué a Londres todo se volvió más exagerado, empecé a construir esculturas alrededor de mi cuerpo. Me pasaba la semana creando looks que llevaba por la noche”. Además, aprendió a ignorar los juicios ajenos, aunque en su TED Talk contó que fue víctima de bullying: “Dejé de tener miedo de los abusones hace años. Desde los 17 me dan igual, no es cosa mía lo que la gente piensa de mí”.

También desde muy joven fue consciente de la amenaza del cambio climático: “A los 12 años representé a mi colegio en un evento sobre el cambio climático en Coventry y ahí nació mi pasión. Además, sabía que mi padre biológico fue un defensor de las ballenas en los ochenta, eso me llevó al tema de los océanos, y desde entonces he sido muy activo al respecto, hace poco protesté para que el British Musueum deje de colaborar con BP [British Petroleum] y escribí ‘refugees welcome’ [refugiados bienvenidos] en la bandera de Inglaterra en los Fashion Awards. Nuestra bandera ha sido secuestrada por los fascistas y yo quería recuperarla, porque es mi bandera”. Además, se ha manifestado contra prácticas como el fracking y colaborado con oenegés como Cool Earth, que lucha contra la deforestación. Porque Lismore ha dedicado su vida al arte y al activismo a partes iguales. Lo explicó en octubre durante una visita a Valencia para dar una charla en el CLEC Fashion Festival. Fue un viaje fugaz, no tuvo tiempo para admirar las telas de fallera, pero sí para descubrir a diseñadores de moda como DOM by Abraham o Isabel Is My Name. “Creo que hacen cosas muy buenas, sus colecciones deberían mostrarse en París”, asegura. Le interesan creativos diferentes, como Salar Bil, diseñador iraní que hace muchas de las piezas que él luce: “Vive en Teherán y es un visionario, aunque no puede expresarse libremente en su país. Hace obras increíbles con lo poco que tiene, he vestido a celebrities con sus prendas”. Su estética bebe del reciclaje y la reutilización de objetos y prendas, sostiene que “la moda tiene que dejar de poner excusas y acabar con las tendencias. Cuando la industria diga que las tendencias ya no existen, la gente dejará de consumir tanto”. Sostiene que el cambio es posible: “Hay cientos de maneras de ser sostenible, nuevos tejidos. Nadie tiene excusas”.

Curiosidad y creatividad han sido su motor; ha conocido a todo el mundo, fue amigo y compartió activismo climático con Vivienne Westwood, posó en una cama con Pamela Anderson (“Fue con David LaChapelle, ella solo llevaba el velo con el que iba a casarse con Kid Rock, nada más, y había bailarines del Royal Ballet, era puro drama, hermoso drama pero en la vida real”, recuerda). Las anécdotas no acaban nunca. “Yo le di a Charli XCX uno de sus primeros bolos en mi club, Shabba-Dabba-Da, en Shoreditch, hace bastante tiempo, y también la vestía con mi marca Sorapol. De mis clubs en esa época salieron personajes interesantes. Ahora la cultura de club vuelve a estar de moda... Pero el problema es que no hay clubes, en Londres han ido cerrando todos”, lamenta.

Su vida daría para un libro. Y, de hecho, está preparando unas memorias, un documental y escribiendo una serie de televisión basada en sus andanzas. En 2017 publicó con Skira Rizzoli Be Yourself; Everyone Else Is Already Taken, un volumen lleno de retratos en los que muestra la obra de arte que ha creado con su existencia. “La gente está acostumbrada a verme así. Provoco alegría, rabia, incertidumbre, humor... Muchos sentimientos diferentes. Verme en un supermercado o en el médico es bastante gracioso”, reconoce. Ese maximalismo vital no implica una negación de lo minimal: “Una de las mejores exposiciones que he visto fue en Qatar, eran solo cuadros blancos. Pensé que era muy inteligente, porque obviamente el artista no podía decir nada. Y cuando el minimalismo tiene un sentido me gusta mucho”.

Lismore también prepara una exposición de arte para 2026 en el sur de España, pero de momento no puede dar detalles; avanza que tratará sobre la guerra y que en Reino Unido las galerías no están preparadas para mostrar su trabajo. ¿Por qué? “La gente tiene mucho miedo de cualquiera que sea político de alguna manera hoy. Y mi existencia es política, mis palabras son políticas, mi vida es política. A veces no quiero que sea así, pero la gente ha politizado a las personas como yo, y lo único que quiero es ocuparme de mis cosas y vivir”. Sus cuadros hablan de lo mismo que sus estilismos-escultura o sus posts en Instagram, en los que defiende a los refugiados o a las personas trans. “No me quieren exponer porque soy político. Y porque soy queer. Y mi activismo online es un problema, ahora la gente tiene miedo de eso”, argumenta, “mi exposición en España irá sobre la guerra en el mundo, yo viví en una zona de guerra, en Kenia, y he visto de primera mano lo que hace”.

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Sobre la firma

Ana Fernández Abad
La editora de estilo de vida de S MODA está especializada en temas culturales y personajes de actualidad. Es licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra y ha escrito en medios como Diario 16, El Comercio o Descubrir el Arte.
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