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La moda colombiana capitaliza en sus colecciones un deseo por la alegría

Johanna Ortiz abre la semana de la moda de Madrid y Silvia Tcherassi inaugura tienda en la capital. Su llegada no es casualidad: España emerge como ‘hub’ de una latinidad global y también como una tierra en donde el goce le gana terreno a una apabullante realidad

Desfile de la diseñadora Johanna Ortiz, invitada por la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.SERGIO PEREZ (EFE)

¿Y si ante esta realidad turbulenta, la mayor revolución fuera la del goce? ¿Y si el movimiento de un vestido de boleros y escote profundo tuviera el poder de hacerle frente al miedo y a pesar de las sombrías noticias, decidiéramos vestirnos para celebrar la vida? Algo así como la ropa siendo una tecnología de los cuerpos para resistir el abatimiento de una realidad apabullante. No es poesía, quizás más bien un mecanismo legítimo que ya en otras latitudes se ha probado con éxito.

Esa puede ser la mayor novedad que estén trayendo las diseñadoras colombianas Johanna Ortiz —que ha inaugurado la semana de la moda de Madrid— y Silvia Tcherassi —quien abre su tienda en la capital española—, al debutar en suelo europeo. Estas diseñadoras crean vestidos para celebrar la belleza natural que las circunda, que por ser abigarrada y exuberante, es capaz de ahogar toda pena. Blusas que se convierten en geografías, en ecosistemas fluidos y cadenciosos que al ser bordados a mano con iraca, transportan memorias culturales que son salvadas de todo olvido. Faldas cortadas al sesgo que consiguen la mejor versión de la elegancia y a la vez la impecable libertad que requiere una cadera para bailar. En fin, una capacidad de encontrar belleza, disfrute y resistencia a través de su oficio.

“Desde el punto de vista social, en Colombia la moda se ha presentado como una manifestación de resiliencia frente a las circunstancias. Ha sido también una especie de espejo, una forma de representación que nos ha permitido hablar de las cosas que nos pasan”, explica William Cruz Bermeo, historiador de la moda colombiana y autor de numerosos artículos en publicaciones internacionales como Latin American and Latinx Fashion Design Today.“La moda en Colombia ha sido un vehículo para soñar. No desconocemos la violencia que nos afecta profundamente, pero seguimos resistiendo. En Colombia ha habido un ejercicio político alrededor de la creación de moda que se ha parado en un pilar muy claro: señores, ustedes pueden amenazarnos con su violencia, pero nosotros vamos a seguir soñando”, sentencia por su parte Julián Posada, consultor de moda, columnista y quien hizo parte de Inexmoda en décadas decisivas de la industria en Colombia.

La consigna que cita Posada parece ya no solo apelar a las crudas realidades de un país suramericano, sino más bien elevar un clamor global. Así lo ha expresado también la diseñadora Johanna Ortíz quien ha manifestado en repetidas ocasiones que sus colecciones siempre hablan de celebración, “pero no se trata de celebrar todo lo que está pasando en el mundo”, advierte, sino, más bien, de celebrar la libertad a través de cada uno de los diseños que hace. En traer la celebración a las mujeres en el mundo.

Johanna Ortiz se afinca en una vasta geografía que la atraviesa. Está comprometida por hilar a mano con sofisticadas técnicas artesanales las inspiraciones más profundas que se despiertan de su cercanía con el río Magdalena, de los árboles moriches de anchas hojas como una corona regia o del yarumo, oráculo de los bosques andinos colombianos. En ese refugio de naturaleza y botánica y también en su ser caleña, que le permite no ver disparidad entre la elegancia y la sensualidad, entre un mundo socialmente complejo, pero a la vez bello, excelso y gozón; ella encuentra una posibilidad para descubrir su historia y sus acervos a través de sus vestidos.

“La ropa de Johanna Ortiz permite encontrar este sabor inusual en la vida cotidiana, a veces tan aburrida. Johanna capitaliza en sus creaciones un deseo cultural global por la alegría y por esa sabrosura que es tan típica de la latina y que ella reafirma, puede ser provocadoramente elegante”, explica la consultora de moda y negocios colombiana Johanna Isaac quien en el pasado trabajó con la marca. “Para Johanna Ortiz, el movimiento significa sensualidad. Cada print tiene una vida propia: el placement debe ser perfecto para enaltecer el cuerpo, la caída debe crear ritmo, las capas deben fluir. Luego, esos estampados ganan tridimensionalidad al ser bordados y trabajados con manos artesanas de la región. Así Johanna transforma la tela en movimiento y el movimiento en sensualidad”.

Silvia Tcherassi, por su parte, se enraíza más en cortar con precisión clínica patrones de trajes que logran adentrarse en un Caribe mixturado que tiene un mandato de feminidad siempre prolija. “Al igual que otros diseñadores latinos que han triunfado en el mundo y que la han precedido, como Carolina Herrera y Oscar de la Renta, Silvia Tcherassi logra favorecer de forma inexplicable el cuerpo, la armonía de quien elige sus vestidos. Ella ha entendido, como lo estipulan los franceses, que un buen discurso no es nada si no está sostenido en un saber hacer y en una técnica impecable. Así que con patrones refinadísimos, telas selectas, y detalles que hacen que los vestidos parezcan joyas, Silvia ha hecho lo que muchas grandes diseñadoras del Siglo XX hicieron: crear un estilo a partir de sí misma y dar una visión del estilo que no se encontraría en ningún otro lado, porque es muy auténtica”, asegura William Cruz.

Ese artificio requerido para sobrevivir en estos tiempos, el reclamo de goce tan vigente en las creaciones de estas dos diseñadoras colombianas, puede ser justamente uno de los responsables de haber afianzado el momento histórico que vive América Latina globalmente. Un momentum que se manifiesta sin lugar a dudas en la presentación de Bad Bunny en la Súper Bowl, contorsionando cuerpos de bailarines latinos frente a los agentes migratorios de ICE, pero también en estadios repletos en dónde, sin importar la procedencia, todos bailan con Karol G y Shakira.

“Sí, hay un momento importante para la región, lo es incluso a nivel político, por ejemplo, ahora con Estados Unidos buscando un relacionamiento distinto con esta parte del mundo, y sabemos que las cuestiones que tienen impacto político también tienen impacto cultural. Pero además, hay un interés por nuestra cultura y por lo que tenemos que decir. Pienso, por ejemplo, en Willy Chavarría en la Semana de la Moda de París; en Carolina Herrera saliendo por primera vez de Estados Unidos para presentarse en Madrid o en Dior yendo a México a hacer una colección”, añade el historiador.

Es ese auge de lo latino lo que hace que el aterrizaje de Johanna Ortiz y Silvia Tcherassi en temporadas similares en Madrid esté lejos de ser una afortunada coincidencia. Más bien, algunos académicos lo ven como un síntoma claro de que España puede convertirse en un hub privilegiado de una latinidad global. “España es un lugar en donde hay muchas afinidades culturales que le hacen a uno pensar en una latinidad global presente. España, Miami y Nueva York como lugares donde los latinos se expresan por fuera de Latinoamérica y encuentran audiencias, afinidades y resonancias”, explica por su parte Edward Salazar, investigador de la moda latinoamericana de la Universidad de California.

“España, y particularmente Madrid, se consolida como un socio estratégico para la expansión de la moda latinoamericana gracias a los vínculos culturales, comerciales y creativos que compartimos. Lo que estamos viendo no es una coincidencia, es el resultado de una industria que ha decidido competir desde el valor diferenciado, la sofisticación y la construcción de marcas con identidad propia. Hoy la moda colombiana no solo cruza fronteras, también contribuye a redefinir la conversación global del diseño desde América Latina”, concluye Sebastián Díez, presidente ejecutivo del Instituto para la exportación y la moda en Colombia, Inexmoda, y quién ha sido reconocido por BoF como una de las voces más influyentes de la moda global.

Atravesadas por una latinidad palpitante y una nueva idea del lujo, Johanna Ortiz y Silvia Tcherassi llegan de forma coordinada a coquetear con España bajo la premisa de que, también en esta tierra, la alegría es un anhelo colectivo.

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