Kaveh Madani, de ser acusado de bioterrorista a ganar el ‘Nobel’ del agua: “Observo la destrucción de Irán con profunda ansiedad”
El impulsor del concepto de bancarrota hídrica, que vive exiliado, cree que hay “muy pocos ejemplos de democracia y libertad que hayan surgido a través de la guerra”

Nada como nacer en un territorio con 85% de tierras áridas y estepas, como Irán, para valorar cómo se usa el agua. Y nada como verse forzado a vivir exiliado de allí, tras ser acusado de bioterrorismo, para tener una opinión especialmente relevante sobre la guerra contra su país desatada por EE UU e Israel. En una ceremonia especial en la sede de la Unesco en París, este miércoles se ha anunciado que el científico Kaveh Madani (Teherán, 44 años) es el ganador del Premio del Agua de Estocolmo 2026, considerado el Nobel en este ámbito, que le será entregado oficialmente en agosto por el rey Carlos Gustavo de Suecia. Se trata de un gran reconocimiento para el impulsor del concepto de bancarrota hídrica, en la peor situación para su país, sobre el que llueven bombas. “Es un gran honor y una experiencia que me llena de humildad”, asegura Madani a EL PAÍS por correo electrónico. “Pero ojalá esta noticia hubiera llegado en un momento en el que pudiera celebrarlo con mis compatriotas. Luché con firmeza para proteger el agua y el medio ambiente en una región que ahora arde en el conflicto”.
“Como millones de iraníes en todo el mundo, observo la destrucción de Irán con profunda ansiedad, sin saber cómo será el futuro ni cuánto tiempo les llevará a los iraníes reconstruir nuestra nación”, cuenta este académico y líder ambiental, que en la actualidad dirige el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH en sus siglas en inglés), con sede en Canadá.
Este ingeniero formado en Irán, que completó sus estudios en Suecia y California (EE UU), dejó en 2017 su puesto de profesor en el Imperial College de Londres para aceptar un cargo en el Gobierno de su país como subdirector del Departamento de Medio Ambiente, un regreso que fue visto con esperanza para el retorno de la diáspora iraní. Sin embargo, sus reformas y su valentía al hablar abiertamente sobre la crisis hídrica de Irán molestaron a gente influyente en el régimen de los ayatolás. Al poco tiempo, medios alineados con el Estado lo señalaron como “terrorista del agua” y “bioterrorista”, acusándole de utilizar proyectos ambientales como cobertura para el espionaje de la CIA, el Mossad y el MI6.
A comienzos de 2018, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica comenzó una ofensiva contra expertos ambientales iraníes. Madani fue arrestado e interrogado en múltiples ocasiones. También fueron encarcelados algunos de sus colegas conservacionistas, entre ellos, el profesor iranocanadiense Kavous Seyed-Emami, que murió en circunstancias sospechosas. Al poco tiempo, Madani fue forzado al exilio, y se marchó a EE UU, donde aceptó un puesto académico en la Universidad de Yale.
Como otros exiliados, este investigador estaría feliz de la vuelta de la libertad a su país. Pero no cree que esto se pueda conseguir con bombardeos, como argumenta el Gobierno de Trump para justificar el ataque masivo comenzado el 28 de febrero. “Desafortunadamente, la historia reciente nos ofrece muy pocos ejemplos de democracia y libertad que hayan surgido a través de la guerra”, asegura Madani. Y mucho menos para llevar mejoras ambientales o científicas. “Incluso en países alejados del campo de batalla, la ciencia está siendo ignorada. En muchos sentidos, estamos retrocediendo”, se lamenta.
Para un investigador comprometido siempre con el medio ambiente, resulta especialmente perturbador ver la destrucción provocada por la guerra. “A menudo, hablamos de cómo la degradación ambiental puede contribuir a los conflictos, pero prestamos mucha menos atención a cómo las guerras destruyen el medio ambiente”, afirma Madani. “Cuando las personas luchan por sobrevivir, el agua, la naturaleza y los derechos de las generaciones futuras quedan relegados. Por eso, un verdadero ambientalista también debe defender la paz”.
El trabajo académico de Madani destaca por la integración de la teoría de juegos y el análisis de decisiones en los modelos tradicionales de gestión de recursos hídricos. Asimismo, el iraní es el principal responsable de que el concepto de bancarrota hídrico haya dejado de usarse como mera alegoría y haya entrado en el lenguaje científico. “Todo comenzó con mi trabajo en Irán. Me di cuenta de que durante décadas habíamos estado llamando ‘crisis’ a un problema crónico y cada vez más grave. Pero una crisis se supone que es algo temporal. Así que empecé a desarrollar un concepto que describiera mejor lo que ocurre cuando los problemas del agua dejan de ser choques temporales y se convierten en una condición permanente”.
Justamente, el pasado enero, la organización UNU-INWEH que él dirige lanzó un sonado informe que alertó de que “el planeta ha entrado en la era de la bancarrota hídrica global”. “Cada vez más cuencas fluviales y acuíferos muestran tanto insolvencia como irreversibilidad. Han sido sobreexplotados durante tanto tiempo que ya no pueden volver a su estado normal anterior. Esto es importante a nivel global porque los riesgos relacionados con el agua ahora se transmiten a través de los sistemas alimentarios, el comercio, la migración y la interdependencia económica”, destaca Madani, que también responde a aquellos que consideran esta visión exagerada: “El informe no dice que todo el planeta esté en bancarrota hídrica. Dice que un número creciente de cuencas y acuíferos lo están. Esa es una diferencia muy importante. Este no es solo un problema de países secos o pobres. Como en la bancarrota financiera, lo importante no es dónde empiezas, sino cómo gestionas tu presupuesto”.
“Yo he sido hijo único de dos padres que trabajaban ambos en el sector del agua y que se conocieron a través de ese trabajo. Así que en casa estaba rodeado de conversaciones sobre el agua. Mi madre a menudo me llevaba a su trabajo y a visitas de campo, y eso poco a poco me fue acercando a la ingeniería y la gestión del agua”, relata el científico iraní, que considera que “el agua es nuestro denominador común”. “A través de regiones y divisiones políticas, las personas entienden que el agua es fundamental para los alimentos, la seguridad, la economía, el empleo y el futuro. El agua tiene el poder de unirnos, y no hemos aprovechado ese potencial lo suficiente”, comenta.
Durante su breve paso por el Gobierno iraní, el científico representó a su país en las negociaciones internacionales del clima en 2017 en Bonn. Según destaca, “el cambio climático es una gran amenaza para los sistemas hídricos”. Y se muestra crítico con la desconexión de EE UU de la lucha contra el calentamiento del planeta: “No puedo dar la bienvenida al rechazo de los hechos científicos”, comenta. No obstante, también considera que no todo se puede achacar a la crisis climática. “Creo que no deberíamos utilizar el cambio climático como excusa para cada fracaso local. Los gobiernos deben seguir siendo responsables de las malas políticas y de la mala gestión”, incide.
En medio de malas noticias para el clima, para el medio ambiente y para su país, su mensaje a los demás tras ganar el prestigioso Premio del Agua de Estocolmo 2026 es que no se queden callados: “La historia no olvidará nuestro silencio, nuestros dobles raseros y nuestra incapacidad de actuar cuando la acción podría haber protegido la paz, la dignidad humana y el medio ambiente. Lo que está ocurriendo hoy con los iraníes puede suceder en otros lugares mañana si las personas permanecen en silencio ante las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional”.
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